La lírica y la narrativa en la literatura española del siglo XX: Modernismo, Generación del 98, Novecentismo y Vanguardias
La lírica
La poesía española del siglo XX puede dividirse en dos etapas: la primera abarca los movimientos modernista y noventayochista, y la segunda, el Novecentismo y las vanguardias.
El término modernismo hace referencia a una serie de tendencias artísticas europeas y latinoamericanas que revolucionaron el arte de finales del siglo XIX y principios del XX, y que consistían en la búsqueda de nuevas formas y de la belleza ornamental. Como movimiento literario surgió a manos de Rubén Darío y pasa por dos etapas: hablamos de un modernismo canónico y de un modernismo tardío.
En España no hay un modernismo canónico, sino un modernismo tardío. Los primeros poemas de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado reflexionan en tono melancólico sobre temas como el paso del tiempo o la muerte.
En España surgirá un grupo de autores al que se conoce como Generación del 98, que reaccionará ante la crisis del 98. En los versos de Machado y de Unamuno se denuncia el atraso y la miseria del campesino, y se reivindica la necesidad de regeneración nacional.
En torno a 1914 surge en España una nueva generación de intelectuales influida por el clima de las nuevas vanguardias europeas y que propone un nuevo concepto de poesía intelectual. Se los conoce como novecentistas o Generación del 14. A esta corriente pertenecen la poesía pura de Juan Ramón, la poesía desnuda e intelectualizada. Otro nombre clave es Ramón Gómez de la Serna. Son los primeros pasos hacia el vanguardismo, que tendrá en 1920 sus primeras manifestaciones propias. Por último, hay que mencionar el ensayo de Ortega y Gasset, La deshumanización del arte.
Tras los cambios en la sociedad se produce la humanización del arte: la poesía impura. Sin duda, los poetas que protagonizan este panorama son el llamado Grupo del 27: Rafael Alberti, Lorca, Dámaso Alonso, etc. Hay que destacar la poesía neopopular de Lorca, la poesía pura de Dámaso Alonso o de Salinas.
La narrativa
La Generación del 98 revitaliza la novela. Cuatro obras de 1902 coinciden con la angustia vital propia de una época en crisis. Los novecentistas tienen un estilo sobrio, conciso y natural. Aparte de la angustia vital, hay otros temas: la preocupación por España y la de la historia. Los libros de viajes critican aspectos negativos de los pueblos con intención reformista. Son comunes el uso de palabras tradicionales, la técnica impresionista y los diálogos densos.
Valle-Inclán evoluciona desde el modernismo de sus sonatas hasta el expresionismo degradante de sus esperpentos. Azorín experimenta sensaciones fijadas, como en La voluntad, y diálogos naturales. Unamuno da a sus novelas un nuevo nombre, nivola. Es un autor intelectual que busca la esencia española. La angustia vital y los conflictos religiosos provienen de su imposibilidad de encontrar sentido a su existencia y a la de Dios. Baroja agrupa sus novelas en trilogías, y piensa que la novela es "un saco donde cabe todo".
La Generación del 14 o Novecentismo integra a intelectuales que están entre el novecentismo y las vanguardias.
Teatro
En la España del primer tercio del siglo XX se conocían los movimientos de renovación teatral europeos. Así pues, había mucho teatro, y de éxito, pero de escasa calidad y corriente. El teatro tradicional se difunde en tres corrientes:
- Drama romántico: es la continuación del teatro canónico. Aborda temas históricos intentando rememorar el pasado glorioso español. Destacan Eduardo Marquina y los hermanos Machado.
- Comedia burguesa: llamada así porque Benavente es su máximo cultivador. Se caracteriza por sus ambientes de alta burguesía. Es un teatro que no ahonda en las preocupaciones burguesas. La mejor obra es Los intereses creados (1907).
- Teatro cómico: con música, canto y baile, representado por Carlos Arniches, que cultivó el sainete y la tragedia grotesca. Pedro Muñoz Seca es el creador del astracán.
El teatro renovador es minoritario. Azorín luchó por un teatro antirrealista que tuviese lo onírico, lo fantástico y lo subconsciente. Unamuno crea un teatro desnudo de retórica y ornamentación. Valle-Inclán inicia su producción teatral con dramas decadentes y continúa con el teatro en libertad. Sus mitos son obras de ambiente gallego atemporal. En sus farsas rompe con la realidad. Por otro lado, el esperpento incluye cuatro obras y es una deformación sistemática de la realidad a través de caricaturas cómicas y macabras.
Lorca impulsa el teatro total, en el cual importa tanto la poetización como los recursos escénicos, acústicos, visuales y escenográficos. Su teatro está presidido por la constante lucha. Su obra se clasifica en tres bloques: las farsas, el surrealista y las tragedias. En las farsas aparecen problemas derivados de los matrimonios de conveniencia. El segundo bloque pertenece al teatro surrealista. El último bloque, el de las tragedias: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba tienen como protagonistas a mujeres que deben reprimir su amor y sexualidad por imposición de la sociedad. En Bodas de sangre la pasión frustra la boda y trae la muerte de los amantes; en Yerma, la mujer estéril; y en La casa de Bernarda Alba, la sexualidad negada por el luto conduce a la locura de la abuela, al suicidio de Adela y a la tiranía materna.
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