El liberalismo moderado en la España isabelina: del reinado efectivo a la Gloriosa
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Isabel II: el reinado efectivo, los grupos políticos y las constituciones
En 1843, tras el derrocamiento de Espartero, se declara a Isabel II mayor de edad con apenas 13 años. Comienza así su reinado efectivo, que supone la institucionalización del régimen liberal. De las dos opciones de los liberales existentes, triunfa en líneas generales el moderantismo frente al progresismo, lo que supone la instauración de principios como la doble soberanía, el sufragio censitario o la restricción de derechos.
Después de un breve periodo de gobierno de transición, en el que participan personalidades de la coalición antiesparterista, en 1844 el general Narváez es nombrado jefe de Gobierno y comienza la Década Moderada (1844-1854), iniciándose la institucionalización del Estado liberal. Para conjugar ley y orden, se suprime la Milicia Nacional y en su lugar se crea la Guardia Civil (1844), y se promulga la Constitución de 1845.
Esta refleja el triunfo del moderantismo y propone la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, establece la separación de poderes y España queda definida como un Estado confesional católico sin libertad de culto. Estará vigente desde 1844 hasta 1854 y desde 1856 hasta 1868, con el añadido del Acta Adicional de O'Donnell.
Se tomaron medidas de carácter moderado como la reforma de la hacienda pública, la reorganización de la Instrucción Pública y la elaboración del Código Penal (1851). En 1851, la firma de un Concordato con la Santa Sede restablece las relaciones diplomáticas.
Los favoritismos y las corruptelas conducen en 1854 a la Vicalvarada de O'Donnell (Manifiesto de Manzanares) y al comienzo del Bienio Progresista (1854-1856), con Espartero. Derogan la Constitución de 1845 y entra en vigor la de 1837 hasta finalizar 1856, de acuerdo con su ideología (Constitución "non nata" de 1856).
El progresismo intenta imponer: la Desamortización general de Madoz de 1856, la Ley de ferrocarriles de 1855 y el Banco de España en 1856. Sin embargo, estas reformas chocan con los carlistas, la Iglesia y el campesinado, que producen revueltas y motines populares agravados por la carestía de alimentos, por lo que Isabel II acude a O'Donnell, quien forma un nuevo gobierno para restablecer el orden público e impide la promulgación de la "non nata" y pone en vigencia la Constitución de 1845 con un Acta Adicional.
Tras un breve periodo moderado (1856-1858) de Narváez, con nuevas leyes como la Ley de Educación del ministro Moyano, la centrista Unión Liberal de O'Donnell llega al poder e inicia su Gobierno Largo (1858-1863). Es un periodo de expansión económica (ferrocarriles, industria) y de mantenimiento del orden público (aplastamiento de la Ortiga carlista en 1860, represión del anarquismo en Andalucía).
También se desarrolla una política exterior de prestigio: guerra de Marruecos (1859-1860), restablecimiento del dominio en Santo Domingo (1861) y expediciones militares a la Cochinchina (1858-1863), México (1862), Perú y Chile (1863-1866).
La caída de Isabel II
El agotamiento del programa de la Unión Liberal y su acercamiento a posturas moderadas provocan la vuelta del moderantismo al poder en 1863, manteniéndose hasta que en 1868 Isabel II es destronada. En este tiempo, el descrédito político de la reina, la oposición progresista, la Unión Liberal (Pacto de Ostende de 1866) y la crisis de subsistencias desembocan en la Gloriosa Revolución del 19 de septiembre de 1868 (pronunciamiento del almirante Topete en Cádiz, «¡Viva España con honra!»).
Esta revolución daría fin al reinado de Isabel II y al comienzo de una nueva etapa histórica conocida como el Sexenio Democrático.