El Estado Liberal en la España del Siglo XIX: De la Constitución de 1845 a la de 1869
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La Constitución de 1845: El Auge del Moderantismo
La Constitución de 1845 recoge las ideas básicas del moderantismo: el rechazo de la soberanía nacional y su sustitución por la soberanía conjunta del Rey y las Cortes. Este texto legal supuso una ampliación de los poderes del ejecutivo y una disminución del legislativo.
Características Principales
- Religión: Se estableció la exclusividad de la religión católica y el mantenimiento del culto y el clero.
- Administración: Los ayuntamientos quedaron sometidos a la administración central.
- Sufragio: Se produjo una restricción del derecho al voto, que se remite a una ley electoral posterior.
- Senado: Los miembros del Senado eran nombrados por la Reina entre personalidades relevantes.
En términos generales, se mantenía gran parte de la Constitución de 1837, aunque se otorgaban grandes atribuciones a la Corona. En 1851, se firmó un Concordato con la Santa Sede, en el que se establecía la suspensión de la venta de los bienes eclesiásticos desamortizados, el retorno de lo no vendido y la financiación pública del culto y el clero.
La Constitución de 1869: El Liberalismo Democrático
La Constitución de 1869 posee un carácter claramente liberal-democrático. En ella se proclamaba la soberanía nacional y se confirmaba el sufragio universal masculino para mayores de 25 años.
Derechos y Organización del Estado
Incluía una amplísima declaración de derechos en la que, junto a los tradicionales derechos individuales, se garantizaba la libertad de residencia, enseñanza o culto y la inviolabilidad del correo. El sistema establecía una clara división de poderes, donde las leyes eran elaboradas por el Gobierno Provisional.
En cuanto a la relación con la Iglesia, se optó por la no confesionalidad; se permitía el ejercicio de otras religiones, aunque el Estado mantenía a la católica. La forma política del Estado era la monarquía constitucional.
La Implantación del Liberalismo en España
Los progresistas asumieron la tarea de acabar con el Antiguo Régimen, pretendiendo transformar el Estado absoluto en un Estado liberal. Martínez de la Rosa fue el encargado de dirigir el gobierno y promulgó el Estatuto Real, implantando un liberalismo censitario para limitar el poder real. Sin embargo, las reformas del Estado resultaban insuficientes.
El Conflicto entre Moderados y Progresistas
Surgieron dos tendencias principales: moderados y progresistas. Para poder acabar con todos los problemas de España, la única solución planteada fue entregar el gobierno a los progresistas. Tras protagonizar muchas revueltas, la regente María Cristina llamó para formar gobierno al progresista Juan Álvarez Mendizábal, quien rápidamente inició un programa de reformas.
Reformas de Mendizábal y el Fin del Antiguo Régimen
Mendizábal promulgó la desamortización de las tierras del clero y la nobleza. Con el levantamiento progresista, la Reina decidió volver a llamar a los progresistas al gobierno con Mendizábal a la cabeza, con el objetivo de acabar con las instituciones del Antiguo Régimen.
Fue fundamental la nueva concepción jurídica de los derechos de propiedad, llevando a cabo una reforma agraria que consagraba la propiedad privada y la libre disponibilidad de la misma. Entre las medidas principales destacan:
- Eliminación del régimen señorial.
- Supresión de la sucesión de mayorazgos.
- Desamortización: Mendizábal se hacía con las tierras de manos muertas y el dinero recaudado se destinaba a la Hacienda pública.
Liberalización de la Economía
Se implantó el liberalismo económico mediante diversas medidas legislativas:
- Eliminación de los privilegios de la Mesta.
- Libre explotación de los viñedos y regulación de los arrendamientos agrarios.
- Eliminación de los privilegios gremiales.
- Supresión de las aduanas interiores.
- Eliminación de los diezmos eclesiásticos.