Leyendas

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Leyendas El rayo de luna: Manrique era un noble solitario, cuyas aficiones eran escribir y, sobre todo la soledad, porque cuando estaba solo imaginaba un mundo fantástico y perfecto. Manrique disfrutaba paseando a la luz de la luna por las orillas del Duero. Un día, casi a media noche cuando de repente Manrique vio agitarse una extraña cosa blanca que apareció y desapareció en un instante era una arte del vestido de una mujer, nada más verlo salió detrás de esa mujer y estuvo persiguiéndola durante mucho tiempo ya que estaba seguro de conocer a aquella mujer. Pasaron dos meses y una sensación de amor hacia una mujer que ni siquiera había visto por completo iba creciendo en el sentimiento de Manrique. Una noche serena, la luna brillaba y Manrique se dirigía hacia la alameda del Duero cuando de repente volvió a ver aquel destello de la mujer amada, Manrique salió corriendo persiguiéndola hasta que llego al lugar donde había visto el destello, volvió a verlo, estaba vez delante de él, pero no era una mujer, era un rayo de luna que se penetraba a través de los árboles. Leyendas Los ojos Verdes Fernando de Argensola, primogénito de los marqueses de Almenar salió un día de caza por sus tierras, éste hiere un ciervo y llega hasta la fuente de los Álamos, sin que ninguno de sus vasallos pueda detenerlo, donde dicen que vive un espíritu del mal, por lo que nadie se atreve a llegar hasta allí. Furioso Don Fernando parte hacia la fuente sin que su montero, Iñigo pueda detenerlo. Desde ese día Fernando esta cabizbajo y enfermo, y dice haber visto los ojos verdes de una mujer. Una noche Fernando regresa al lugar donde había visto los ojos verdes y ve una bellísima mujer entre las rocas. La misteriosa mujer llama a Fernando, y éste al aproximarse al borde del abismo, cae al agua donde se ahoga. Leyendas Maese Pérez el organista:Había en un convento Sevillano, llamado Santa Inés un famoso organista llamado Maese Pérez al cual iba a escuchar toda Sevilla. El día de la misa del Gallo ésta se retrasa porque Maese Pérez está enfermo y un organista envidioso y enemigo de Maese Pérez se ofrece para tocar, en esto aparece Maese Pérez que es llevado en un sillón por sus incondicionales diciendo que no quería morir sin tocar en aquella misa. Cuando comienza la consagración resuena majestuoso el órgano hasta que de repente este queda mudo, Maese Pérez acaba de morir. En la Misa de Gallos del año siguiente para sustituir a Maese Pérez le viene un nuevo organista al que toda la gente creía que malo, pero la melodía del órgano sonaba como siempre, al terminar de tocar, el nuevo organista juro que jamás volvería a tocar ese órgano. A los dos años de la muerte de Maese Pérez, la madre superiora encargó a la hija de éste, la cual había entrado de novicia que fuera ella la encargada de tocar el órgano. En el momento de la consagración la hija de Maése da un grito diciendo que ve a su padre tocando, pero el órgano suena solo sin que nadie lo toque.

EL MISERERE El autor cuenta lo que le sucedió un día que fue a la biblioteca de la abadía de Fitero: Como todos los días que iba a la biblioteca, cogió un libro de música un miserere y encontró debajo de cada nota una palabra en alemán. También se dio cuenta de que el miserere no estaba terminado. Entonces, un señor que estaba sentado a su lado le contó la leyenda que se contaba sobre ese libro. Un día apareció en la abadía un hombre con aspecto de mendigo pidiendo algo de comer. Contó que era Músico y que le gustaría escribir un miserere. El sacerdote de la abadía le pregunto si no conocía el miserere de la montaña. Le contó que hacia muchos años había un monasterio en la montaña y que el hijo del noble que lo había construido lo incendio y murieron todos los monjes que Vivian en el. Desde entonces hay personas que dicen oír cuando pasan por la montaña a los monjes que murieron cantando un miserere. El músico mendigo al saber esto salio corriendo, como un loco, hacia la montaña para oír cantar el miserere de la montaña. Llegó hasta los restos del monasterio incendiado y espero a escuchar algo. Después de esperar mucho rato, de repente vio aparecer unos esqueletos vestidos con unos hábitos todos rotos y empezaron a cantar. El músico se desmayo. Al día siguiente el músico volvió a la abadía y dijo a los monjes que iba a escribir el miserere que había escuchado en la montaña. Escribió muchos borradores, lo intento muchas veces pero no conseguía acabar. Al final se volvió loco y se murió dejando el miserere sin terminar. Y ese era el miserere que el autor había encontrado en la biblioteca de la abadía con las anotaciones extrañas. EL BESO: Cuando el ejército francés entró en Toledo, uno de sus oficiales se hospedó en una iglesia, en la cuál se hallaba, sobre una tumba, la escultura de una mujer, doña Elvira de Castañeda. Nuestro joven protagonista quedó maravillado ante la delicadeza de la figura. Tanta fue la admiración que le causaba, que a la mañana siguiente, se lo comentó a sus compañeros. Estos en tono de burla decidieron reunirse con el joven oficial en la iglesia, para conocer a la mujer de piedra. Todos bebían y blasfemaban, hasta tal punto que cuando el capitán estuvo lo suficientemente ebrio se acercó hacia la estatua del marido de doña Elvira y le arrojó un vaso de vino a la cara. Luego se dirigió hacia la mujer, mientras que sus compañeros le replicaban que dejara a los muertos, cuando los labios del capitán casi rozaban los de la figura de piedra. Cayó al suelo con la cara destrozada. El hombre de piedra había defendido a su mujer, con una bofetada ante la atónita mirada de los franceses. LA VENTA DE LOS GATOS En esta historia habla el autor, de una historia que le pasó a él. Cuenta que un día paseando por Sevilla se fue al barrio de San Jerónimo y llegó a una venta llena de alegría, con mucha gente cantando y pasándoselo bien. Se tomó algo y mientras lo hacía dibujó a una chica, la que parecía llevar el mando del coro femenino. Cuando ya se iba a ir vino un chico, el que tocaba la guitarra y destacaba entre el grupo de chicos y le suplicó que le diera el retrato de su amada. Él lo hizo, y el chico le acompañó hasta las puertas de la ciudad y le contó sobre esa chica, que se llamaba Amparo y que llevaba viviendo con ellos desde pequeñita y que no sabían quienes eran sus padres. El autor se fue de Sevilla y volvió 10 años después. Todo le pareció muy cambiado y fue a la venta en la que estuvo para ver como iban las cosas. Se la encontró muerta, sin nadie, vacía, falta de alegría. Entonces el ventero le estuvo contando que un día vinieron unos hombres preguntando por Amparo que resultó ser la hija de un rico. Se la llevaron, no sin mucho luchar, y desde entonces la desgracia cayó sobre ellos. El hijo del ventero la amaba e intentó verla, pero no le fue posible. Luego construyeron el cementerio aquí al lado, y fue todavía peor porque dejó de venir la gente. Un día vieron un cortejo funeral, que resultó ser el de Amparo, que no se había acostumbrado a vivir así, en la riqueza. Desde entonces el hijo del ventero se volvió loco y está todo el día encerrado en su cuarto viendo el retrato de su amada.

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