Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer: La Ajorca de Oro y El Monte de las Ánimas
Enviado por Comunidad Xuletas y clasificado en Lengua y literatura
Escrito el en
español con un tamaño de 2,46 KB
La Ajorca de Oro: Obsesión en Toledo
La protagonista, María Antúnez, aparece llorando y, mediante una petición velada a Pedro Alfonso de Orellana, le confiesa que está obsesionada con una ajorca de oro que lleva la Virgen del Rosario de la catedral de Toledo, ciudad donde transcurre la historia.
Personajes principales
- Pedro Alfonso de Orellana: Es un joven valiente y supersticioso; lo da todo por su amada y pone su propia vida en peligro solo por complacerla.
- María Antúnez: Es la mujer del protagonista principal, caprichosa y extravagante. Ella pide a su amor la ajorca de oro que tenía la Virgen en sus brazos. Era considerada la mujer más hermosa.
El Monte de las Ánimas y la Mujer de la Fuente
Un grupo de hombres de Soria, hace mucho tiempo, fue a un monte a cazar, pero surgió una batalla campal, ya que los templarios se resistieron a que estos pasaran por sus territorios. Todo acabó con un montón de muertos, todos enterrados juntos. Desde entonces, se dice que los espíritus de los hombres allí muertos aparecen por el monte y se acercan al templo para hacer sonar sus campanas la noche de los Inocentes.
La mujer de la fuente
La mujer de la fuente: Vivía en el fondo de las aguas; incorpórea como ellas, fugaz y transparente. Poseía una incalculable belleza en la que destacaba su pelo rizado y sus maravillosos ojos verdes, transparentes y extraños. No hablaba demasiado; se mantenía impasible, indiferente e inexpresiva, como una estatua. Se dedicaba simplemente a escuchar a Fernando y solo cuando fue estrictamente necesario habló y contó su historia.
El destino de Fernando
¿Qué pasó? Fernando ya no iba a cazar, estaba ausente; se levantaba temprano e iba cada día a la fuente. Una vez, cuando estaba mirando las tranquilas aguas, vio unos ojos en el fondo. Unos ojos verdes en los que no pudo dejar de pensar. Siguió yendo a la fuente hasta que, un día, vio sentada en una de las rocas a una hermosa mujer que tenía los ojos verdes que había visto en el fondo.
Hablaba con ella siempre que la veía, pero ella nunca dijo una palabra, excepto una vez, en que Fernando le dijo: «Te quiero». Entonces ella le contó que vivía en la fuente, que no era un espíritu maligno ni mucho menos, y que también ella le amaba. Así, pues, se besaron y Fernando cayó al fondo de la fuente.