La Ley Eterna y el Orden Divino en la Creación
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El Orden y el Propósito en la Creación
Si Dios, como Creador del Universo, tuvo la capacidad de traer a la existencia a los seres —pues crear significa hacer algo de la nada—, resulta del todo plausible que les asignara un orden propio para su manera de actuar. Acudimos a la idea de fin: como todo es para algo, una cosa sin un motivo o un «para qué» es un sinsentido. Por ello, resulta lógico inferir que cada ser posee algún fin que justifica su existencia; razón por la cual dijimos más arriba que el fin es aquello por lo cual algo es.
Este mismo fin determinará las operaciones de las que es capaz el ser, las cuales, precisamente, se ordenan a conseguir ese fin impreso en su naturaleza. Recuérdese lo dicho a propósito de Esencia y Naturaleza. Por lo mismo, cada ser descansa en su fin.
La Ley Eterna: Sabiduría Divina en Movimiento
La Ley Eterna se define como la razón de la divina sabiduría en cuanto dirige todos los actos y movimientos. Esta ley gobierna a los entes creados y los impulsa hacia su fin. La Ley Eterna rige a los entes sujetos a la necesariedad, donde no existe libertad; el ser es movido por esta ley hacia su propósito final.
Características de la Ley Eterna
- Gobierno Divino: Se habla de «ley» porque alude al gobierno de Dios sobre el Universo.
- Eternidad e Inmutabilidad: Se denomina «eterna» porque, siendo Dios intemporal —el tiempo es un parámetro humano que conlleva limitación—, dicha ley ha estado siempre en su mente y no cambia.
- Perfección: Es inmutable pues, siendo Dios Acto Puro, una mutación en dicha ley implicaría una imperfección en Dios mismo, tanto si pasara de un contenido más perfecto a uno peor o viceversa.
Promulgación y Alcance
La semejanza de la Ley Eterna con una auténtica ley explica que su promulgación se realice mediante su inserción en la propia naturaleza de cada ser. Es algo tan íntimo que el ser la sigue automáticamente, ya que, al carecer de razón, no puede propiamente conocerla. Por eso mismo, nosotros descubrimos la Ley Eterna en las criaturas mismas, observándolas atentamente.
La Ley Eterna no solo regula el orden de cada ser, haciendo proporcional la naturaleza de cada uno para alcanzar su fin, sino que también regula las relaciones mutuas entre los distintos entes, para que se mantenga el Orden Universal y el Bien Común Universal.