El lenguaje popular y la oralidad en Los santos inocentes de Miguel Delibes
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El lenguaje popular y la oralidad en Los santos inocentes
Una de las notas más distintivas de Los santos inocentes es el empleo del registro coloquial. Este no solo se manifiesta en la voz de los personajes, sino que se convierte en la marca más significativa del narrador, quien busca romper la frontera entre sus propias palabras y las de sus protagonistas.
La verosimilitud a través del habla
Es evidente que Paco y su familia, al carecer de educación formal, deben expresarse en un registro coloquial; de lo contrario, la novela perdería credibilidad y su denuncia social no sería tan efectiva. Sin embargo, este es el lenguaje que utilizan casi todos los personajes para relacionarse entre sí, a excepción del señorito Iván, quien representa la cultura oficial.
La dualidad del narrador
El narrador desdobla su voz en un estilo literario y otro similar al de los personajes, mezclando características de la tradición oral y la escrita. Con esto, logra aproximar al lector a la narración, permitiéndole experimentar las acciones tal como las viven los personajes.
Elementos de la oralidad
- Yuxtaposición y polisíndeton.
- Uso constante de coloquialismos.
- Un lenguaje llano, sencillo y directo que acerca al lector a la realidad de los oprimidos.
El léxico rural en la obra de Delibes
El vocabulario de la obra refleja el profundo conocimiento de Miguel Delibes sobre el mundo rural, estructurado en diversos campos semánticos:
- Caza: términos como perdiguero, setter, zorreros o mastín.
- Naturaleza: referencias a la flora como madroño, chaparros, jaral, retama, tomillo y espliego.
- Topografía: menciones a la raya, el encinar, la vaguada, la sierra y el coto.
- Espacio: descripciones de aseladeros, el chamizo, el poyo de la puerta y la corralada.
Conclusión: La amalgama entre oralidad y escritura
La voz de Delibes se mimetiza con la de sus personajes, cargada de registros populares. Al mismo tiempo, el autor contagia de lirismo todo el texto con constantes pinceladas poéticas. Esta amalgama entre oralidad y escritura, lejos de resultar artificiosa, constituye el secreto narrativo de la novela: la capacidad de transitar, sin esfuerzo ni transición, de un giro coloquial a un sintagma propio del registro literario más elevado.