El lenguaje inclusivo: impacto en la estructura del español y retos comunicativos
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¿La lengua tiene género? ¿Y sexo?
Puede existir, en efecto, alguna relación entre el lenguaje que se propugna en estas recomendaciones y la tendencia general a usar términos políticamente correctos. Aun así, creo que la relación es solo indirecta, ya que el conjunto de medidas que propugnan las propuestas de lenguaje no sexista no afecta solo al léxico, sino también a la sintaxis y a la morfología. Tienen, pues, mayor incidencia sobre la estructura del idioma.
Lo absurdo del lenguaje incluyente
Se aconseja, entre otros, que es preferible utilizar términos como ciudadanía, en vez de ciudadanos; el profesorado, en lugar de profesores, y evitar el uso del genérico (personas sin trabajo y no parados) o todos y todas, y no todos.
Si bien existe una “discriminación contra la mujer en la sociedad” y la presencia de “usos verbales sexistas”, el lenguaje inclusivo “difunde usos ajenos a las prácticas de los hablantes” e imposibilita “la comunicación efectiva”. Es lo que la RAE denomina economía del lenguaje.
Y quien niegue este último punto (practicidad y agilidad) incurre en una falta de imparcialidad que roza lo irrisorio: hablar en un texto de ellos y ellas, niños y niñas, personajes y personajas (ah, no, eso no), doctores y doctoras, colombianas y colombianos, es agotador y tedioso, por no decir absurdo.
Evolución social frente a la estructura lingüística
Los defensores del lenguaje no sexista alegan que una lengua debe ser el reflejo del momento histórico actual y evolucionar de forma análoga a los tiempos que corren; es producto de una práctica social. En este punto, es innegable el avance de la mujer y la equidad de derechos. Pero eso no es razón para ensañarse con el lenguaje y desacreditar sus formas en pro de una defensa del feminismo.
El verdadero foco: el léxico y el machismo
La lucha lingüística por la que abogan los feministas sí tiene una razón de ser que nada tiene que ver con la construcción del genérico: el léxico. Es ahí donde se refleja el mantenimiento del machismo y la cultura patriarcal, en los términos que incluyen connotaciones denigrantes contra el género femenino que rozan lo grotesco. Ejemplo de ello, y atendiendo a las definiciones de la misma RAE, es el término perra, que significa prostituta.