Lengua 18 part 1

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Literatura del prerrenacimiento Como en el resto de Europa, la literatura castellana del siglo XV refleja la transición de la Edad Media hacia el Renacimiento y la percepción de inestabilidad y pesi-mismo que de ello se deriva. El influjo del humanismo aporta los elementos rena-centistas: la concepción del ser humano como centro del universo, el interés por la antigüedad clásica y por todo tipo de conocimiento, la valoración de las lenguas vulgares, etc. La transformación literaria se evidencia en la desaparición de algunas corrientes medievales, como el Mester de Juglaría y el Mester de Clerecía, y en la aparición de nuevos modelos literarios: novelas idealistas, teatro humanístico, etc. En el conjunto de la literatura, destacaron Jorge Manrique, el Romancero y La Celestina.La líricaEn el siglo xv, la lírica castellana alcanzó un momento brillante, con Jorge Man-rique, que representa la lírica culta, y con el prestigio de los romances y las canciones de tipo tradicional.La poesía culta. Los cancionerosLa lírica culta cortesana del siglo XV ha quedado recogida en los cancioneros, que muestran la producción de una época. Entre otros, destacan el Cancionero de Baena que recopila los poetas de la corte de Juan II, y el Cancionero de Stúñiga, colección que reúne los poetas de la corte napolitana de Alfonso V de la Corona de Aragón. La poesía cancioneril culta, en general, tiene un tono conceptista y trata sobre temas variados; los más usuales son los poemas amorosos, los satíricos y los morales. La poesía de tema amoroso sigue el modelo del amor cortés medieval, de tradición trovadoresca provenzal; la lírica de temática moral imita la corriente italiana alegórico-dantesca y refleja el entusiasmo por la cultura grecolatina propio de los humanistas. En esta línea se encuentran el marqués de Santillana, con el Infiernode los enamorados, y Juan de Mena, con el Laberinto de la Fortuna, poema que provocó la admiración de sus coetáneos. Del marqués de Santillana hoy se valoran especialmente las composiciones que hizo a imitación de la poesía tradicional, como las Serranillas, versión estilizada de las pastorelas medievales. En su momento, el autor las consideró de poco interés. Jorge Manrique. Las Coplas a la muerte de su padreJorge Manrique fue un buen poeta de cancionero. Su poesía amorosa, dentro de lo artificioso del género, muestra una de las voces más personales del momento. Pero si hoy se le valora como el mejor poeta de su siglo es por un único poema, las Co­plas a la muerte de su padre.El autor. Jorge Manrique perteneció a una de las grandes familias de la nobleza castellana y, junto a su padre, participó en diferentes batallas. Murió en pleno com­bate, a la edad de 39 años. Su figura encarna el ideal cortesano, la valentía en el combate y la habilidad en las letras. Fue uno de los últimos representantes de la aristocracia guerrera, en la que aún pervivían muchos ideales medievales, y un hombre culto como exigía el modelo humanista.Jorge Manrique compuso las Coplas a raíz de la muerte de su padre, don Ro­drigo; el poema es una elegía, una composición que expresa el dolor. •El tema. Las Coplas desarrollan el tema de la muerte: parten de una medita-ción genérica sobre la fugacidad de la vida y acaban presentando la muerte del padre del poeta. El progreso de lo general a lo particular acentúa la emotividad del final de la composición. El tema de la muerte fue muy frecuente en la Edad Media; desde la perspectiva cristiana, la muerte era vista como liberadora, ya que abría las puertas a la vida eterna. Pero en los siglos XIV y XV, lo habitual era presentar la muerte -como un personaje terrorífico (un esqueleto con una guadaña) que iguala a todos ante su poder, como escenificaban las populares danzas de la muerte; tam­bién era usual exponer la descomposición del cuerpo humano de forma detallada y macabra. En general, el poema de Manrique se inscribe en la visión medieval, pues exalta los valores espirituales que no perecen, y los contrapone a los caducos bienes terrenales. Pero Manrique ofrece una novedad: presenta un tema muy tratado anteriormente con una visión serena, exenta de cualquier tono maca­bro desagradable.

•La estructura. La composición consta de 40 estrofas de 12 versos: las coplas de pie quebrado, formadas por una sextilla doble de versos de ocho y cuatro sílabas, llamada desde entonces manriqueña en honor al poeta. Su es- quema métrico es 8a, 8b, 4c, 8a, 8b, 4c; 8d, 8e, 4f, 8d, 8e, 4f. Es una forma sencilla que obliga a una cierta concisión y Manrique consigue un ritmo muy marcado, a veces funerario, mediante los acentos. Lo habitual en la época era emplear versos de arte mayor para las composiciones de tono grave. Por los temas sobre los que trata, la obra se organiza en tres partes: - Reflexión sobre la fugacidad de la vida y la certeza de la muerte. Recrea los temas clásicos, o tópicos, que se conocen con las expresiones latinas tempus fugit 'el tiempo pasa' y memento morí 'recuerda que has de morir'. Ambos motivos van ligados inevitablemente a la reflexión sobre la vanidad de las cosas terrenales, es decir, lo inconsistente y efímero de los bienes mundanos, tema que enlaza con el apartado siguiente. - Evocación emotiva y nostálgica del pasado, ya desaparecido, que concreta con ejemplos las ideas generales anteriores. El retrato brillante y sensorial de la vida cortesana queda intensificado porque se va recordando su fugacidad mediante las interrogaciones: ¿qué. fue de...? o ¿qué se hizo de...?, fórmulas que recogen el tópico literario Ubi sunt? '¿dónde están?'. - Individualización en torno a la figura del padre, don Rodrigo, presentado como ejemplo por sus virtudes y hazañas, su resignación cristiana y su sereni­dad ante la llegada de la muerte. En un sosegado diálogo, la muerte consuela al caballero diciéndole que le esperan dos formas de vida: la fama, que le permite vivir en la memoria de las generaciones futuras, y la vida eterna y verdadera. A esas dos vidas contrapone la caducidad y lo engañoso de la vida terrenal. •El estilo de las Coplas es sencillo y antirretorico, sobre todo si se compara con el modelo dominante en la época. La naturalidad del lenguaje contrasta con la gravedad del tema; quizás sea esa combinación de sencillez y profundidad la que hace de Manrique un escritor especialmente valorado por los poetas pos­teriores; es un poeta de poetas. •Sentido de las Coplas. La obra de Jorge Manrique recoge la sensibilidad del final de la Edad Media, mientras que la figura de su padre, el protagonista del poema, encarna las virtudes caballerescas y cristianas medievales. La obra refleja las contradicciones de la época cuando expresa la tensión entre la con­cepción cristiana medieval y una nueva sensibilidad, más receptiva a la belleza de la vida. Mientras que la primera infravalora los bienes terrenales por efíme­ros, el amor a la vida subyace en la nostalgia por la brillantez del mundo des­aparecido, nostalgia que se intensifica cuando el poeta evoca el esplendor del pasado más cercano. Asimismo, la obra de Manrique muestra otros rasgos prerrenacentistas, como la valoración de la fama (despreciada anterior­mente) y la delicadeza y elegancia con que trata el tema de la muerte. El romanceroEl prestigio de los romances va unido a la valoración de lo tradicional, que nacea finales del siglo xv. Los poetas cultos y los cortesanos se interesan por las canciones que se transmitían oralmente, al margen de la poesía culta, y las incorpo­ran a los cancioneros musicales, que recogen letra y música, y que se usaban para cantar en las cortes. Se recopilan las canciones líricas tradicionales y los ro­mances. En los siglos xvi y xvn se confeccionarán las colecciones de romances: los romanceros. Según su origen, se distingue entre romances viejos y nuevos. •Los romances viejos son los romances anónimos que se transmitían oralmente y que por eso presentan variantes de un mismo poema; en el siglo XV tuvie-rom una gran difusión. Algunos de esos romances tratan sobre los mismos temas que los cantares de gesta perdidos. La coincidencia de temas y la similitud mé-trica parecen justificar la hipótesis de que los romances proceden de los cantares, es decir, que serían fragmentos desgajados que permanecieron en la memoria popu­lar; partes especialmente líricas o intensas, de ahí el tono épico-lírico de la mayoría de estos romances. Sin embargo, otros estudiosos destacan las semejanzas de los romances viejos con la lírica de tipo tradicional y los consideran producto de un autor anónimo. •Los romances nuevos o artísticos son las composiciones hechas por autores conocidos a imitación de los anteriores. Los romanceros incluyen romances viejos

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