La guerra de Marruecos y la semana trágica

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La guerra de Marruecos y la semana trágica
Después del desastre del 98 y de la pérdida de los últimos territorios coloniales, la actuación exterior española se orientó hacia el norte de África, en un momento en que las potencias imperialistas (Gran Bretaña, Francia, Alemania...) estaban concluyendo el reparto colonial de ese continente.
2.1. La política colonial y la Guerra de Marruecos
A partir de 1906, España inició su penetración en el norte de África. La Conferencia de Algeciras (1906) y el posterior Tratado Hispano-francés (1912) supusieron su entrada en el reparto de zonas de influencia entre los países europeos. Bajo el influjo de Gran Bretaña, que deseaba limitar la presencia francesa en el norte de África, se estableció un protectorado franco-español en Marruecos. A España se le concedió una franja en el norte, el Rif, y un enclave en la costa atlántica (Ifni y Río de Oro).
El interés de España por esta zona venía estimulado tanto por los beneficios económicos que le podía aportar (explotación de minas, inversiones en ferrocarriles, obras públicas, etc.) como por la voluntad política de restaurar el prestigio del ejército, tesis defendida por los militares africanistas? que pretendían convertir España en una nueva potencia colonial.
Sin embargo, la presencia española en esta área estuvo contestada por las tribus bereberes, organizadas en cabilas. Los continuos ataques de los rifeños obligaron a mantener un fuerte contingente militar, que se intensificó a partir de 1909, cuando en unas operaciones militares destinadas asegurar la plaza de Melilla, los rifeños infligieron una importante derrota a las tropas españolas en el Barranco del Lobo, ocasionando numerosas bajas. Se decidió entonces incrementar el número de soldados españoles en el Rif para evitar la caída de Melilla con tropas integradas por reservistas,
muchos de ellos casados. Si la guerra de Marruecos mismo modo que el sistema de reclutamiento de quintas, el envío de este contingente de fuerzas reservistas, que debía embarcar en el puerto de Barcelona, fue la chispa que provocó un importante movimiento de protesta popular, apoyado por los anarquistas, los socialistas y los republicanos.
2.2. La Semana Trágica de Barcelona
La movilización contra la guerra se inició en el puerto de Barcelona el día 1 8 de julio, rhientras se realizaba el embarque de tropas hacía Marruecos. La revuelta se prolongó
durante una semana, dando lugar a un movimiento que adquirió un fuerte componente antimilitarista y de rechazo a la hegemonía social y cultural de la Iglesia.
El día 24 se constituyó un comité de huelga, con la participación de republicanos, socialistas y anarquistas, que hizo un llamamiento a la huelga general para el día 26.
Pero la iniciativa popular desbordó a los propios convocantes y ésta acabó siendo un estallido espontáneo de todas las tensiones sociales acumuladas a lo largo de décadas.


Los incidentes en la calle se multiplicaron, se levantaron barricadas, se produjeron enfrentamientos con las tuerzas del orden público y, finalmente, explotó un fuerte sentimiento anticlerical que desembocó en el ataque e incendio
de más de 80 establecimientos religiosos.
Las autoridades respondieron declarando el estado de guerra y enviando refuerzos para reprimir las manifestaciones. Hubo heridos y muertos, con lo que el movimiento
insurreccional se radicalizó y derivó hacia la actuación incontrolada de grupos que actuaban sin dirección ni coordinación. A mediados de semana, el ejército puso fin
a la revuelta, y el 2 de agosto la ciudad retornó a la normalidad.
La represión posterior resultó muy dura y numerosos anarquistas y radicales fueron responsabilizados de los hechos, sin demasiada razón. Centenares de personas fueron
detenidas, se celebraron 216 consejos de guerra que afectaron a más de 1.700 personas y se dictaron 17 condenas a muerte, de las cuales sólo se ejecutaron cinco. Entre ellas, la
de Francisco Ferrer y Guardia, pedagogo librepensador e impulsor de la Escuela Moderna, que, sin haber participado directamente en los hechos, fue acusado de ser su inspirador ideológico.
2.3. Las consecuencias políticas
La fuerte represión que siguió a la Semana Trágica levantó una oleada de protestas en toda Europa a consecuencia de su virulencia y arbitrariedad. El gobierno conservador
de Maura hubo de enfrentarse a duras críticas y los liberales y republicanos se unieron para exigir su dimisión. La oposición a Maura constituyó un bloque de izquierdas
que, apoyado por las campañas internacionales de denuncia de la represión y bajo la formula común ?Maura no!?, consiguió de Alfonso XIII la disolución de las Cortes y el traspaso del gobierno a los liberales.
La Semana Trágica tuvo también sus repercusiones sobre las fuerzas de oposición. En Cataluña, las fuerzas de izquierda acusaron a la burguesía y al partido hegemónico
del catalanismo (Lliga Regionalista) de haber apoyado la represión gubernamental de los sectores republicanos y obreristas. De esta confrontación, empezó a tomar cuerpo un
nacionalismo republicano y de izquierdas que se concretó en la fundación de la Unión Federal Nacionalista Republicana (1910).
El impacto de la Semana Trágica también contribuyó al acercamiento de las fuerzas de izquierdas y en concreto a la creación de la Conjunción Republicano-Socialista, así como al nacimiento del Partido Reformista de Melquíades Álvarez (1912). Finalmente, el ambiguo papel desempeñado por los republicanos lerrouxistas acentuó el desencanto
obrero respecto del republicanismo, y muchos de ellos pasaron a engrosar las filas del anarcosindicalismo.

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