Julio González y la Vanguardia Cinematográfica Francesa: Evolución Artística
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Julio González: El Maestro del Hierro
Julio González nació en Barcelona en 1876 y se formó como artesano en la metalistería artística de su padre. Familiarizado con el mundo de la orfebrería y las artes decorativas, se dedicó a la bisutería como medio de vida mientras cultivaba su vocación: la pintura y el dibujo, disciplinas que fue abandonando para realizar relieves.
Fue entre 1928 y 1932 cuando empezó a trabajar el hierro como material artístico. En esos años colaboró con Picasso en el monumento a Apollinaire y en la escultura Femme au jardin.
La influencia cubista y la técnica
La aparición de Picasso en el mundo de Julio González le abrió los ojos en lo referente a las posibilidades del hierro, material que conocía a la perfección. Influenciado por él, empezó a experimentar con sus propias ideas y a plasmarlas en esculturas cubistas.
Así, la escultura cubista plantea la construcción del espacio tridimensional por medio de planos. Se realizan, al igual que en la pintura, objetos planos que se ordenan en un espacio tridimensional que genera el volumen de la obra final:
- Barra de hierro: Empleando barras de diferentes grosores, las transformó y creó una serie de obras lineales, con las que el escultor “dibujaba en el espacio”.
- Plancha de hierro: Creó volúmenes más compactos, como figuras de mujeres sentadas o cabezas, donde utiliza diversos planos para componer el volumen.
Aunque el monumento a Apollinaire nunca llegó a erigirse, el trabajo mano a mano entre los dos fructificó en unas cuantas esculturas, en una amistad personal y, sobre todo, en una influencia artística mutua. Para González, la colaboración fue un espaldarazo que le llevó definitivamente a dedicarse en exclusiva al arte y convertirse, a juicio de muchos artistas, en el gran precursor de la escultura moderna en hierro. Picasso, por su parte, pudo profundizar en una técnica que le permitió empujar el cubismo en nuevas direcciones.
La Renovación del Cine Francés en los Años 20
Después de la Primera Guerra Mundial, el mercado francés estaba dominado por la industria de Hollywood. Sin embargo, durante la década de los años 20, una generación de directores, como Abel Gance, Louis Delluc, Germaine Dulac o Marcel L’Herbier, se abrió paso, proponiendo una nueva ola de renovación cinematográfica.
Estética y emoción en el cine impresionista
Esta generación de artistas defendía la pureza del arte cinematográfico, comparándola con la poesía, la pintura y especialmente con la música. Según estos cineastas, el cine debía liberarse de toda influencia literaria o teatral, transformándose en un medio a través del cual el artista pudiese expresar sus sentimientos.
- La emoción: Era el elemento central de su estética; el interés no recaía en la acción, sino en la realidad interior.
- Manipulación temporal: El tiempo y el espacio fueron continuamente manipulados mediante el uso de imágenes de la memoria, sueños, fantasías o estados mentales.
- Montaje rítmico: Un recurso clave para sugerir cómo el personaje percibe la realidad, acelerando el ritmo en los momentos de mayor intensidad.
Aunque el cine impresionista obtuvo grandes resultados en el plano artístico, no consiguió involucrar al gran público, llegando solo a una pequeña élite.
Jean Renoir y el ocaso del cine mudo
Otro cineasta importante fue Jean Renoir. La influencia impresionista impregna su cine desde sus inicios con La hija del agua (La fille de l’eau, 1924). En un principio, se podría pensar que Jean Renoir intentaba seguir los pasos de su padre en esta película, llevando las técnicas impresionistas al cine, sacando las cámaras al aire libre para captar en plena naturaleza algunos momentos efímeros de belleza.
Sus siguientes películas mudas persiguen un progresivo alejamiento de la realidad con una vocación claramente vanguardista. Renoir opta por una técnica más cercana al teatro de marionetas que a cualquier movimiento cinematográfico existente. Con la introducción del cine sonoro, la industria francesa no estaba dispuesta a llevar a cabo proyectos tan arriesgados, así que la experiencia impresionista terminó junto al cine mudo.