Jesucristo: El Significado de la Encarnación y la Resurrección

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La Encarnación y la Resurrección: Dios entre nosotros

En Jesucristo, Dios se instala definitivamente entre los hombres. Los seres humanos ya no estarán solos; Dios los acompaña en Jesucristo a lo largo del camino.

Jesucristo, igual que los demás seres humanos, murió. Afrontó el miedo de ese instante decisivo como cualquier persona, sufriendo la humillación y el odio de quienes rechazan el amor. Sin embargo, llevó su obediencia al Padre hasta el final.

Dios ha recuperado a Jesús de la muerte, la cual pierde su poder con la resurrección. En adelante, la muerte ya no podrá vencer una vida vivida con amor. Con este acontecimiento, Dios se opone al odio y a la muerte, tomando posición a favor de la humanidad.

Jesús, distinto del Padre

Jesús no puede ser confundido con Yavé, el Dios de Israel. En los escritos de las primeras comunidades cristianas, Jesús aparece siempre como alguien claramente distinto de ese Dios a quien llama Padre, a quien ora con fe y confianza, y a quien obedece hasta la muerte.

El acontecimiento decisivo de la historia

En Jesús, Dios ha decidido ser hombre con nosotros y para nosotros. Este es el acontecimiento decisivo de toda la historia: Dios ha querido ser uno de los nuestros.

Dios se ha hecho hombre en Jesús

Dios se hace presente en la vida y en la muerte de Jesús de una manera única. No se puede hablar de Jesús como de un hombre cualquiera, pues ningún otro vive tan inmediatamente desde y para Dios.

A Jesús no se le puede considerar como un mero profeta o enviado de Dios. En la vida de este hombre, la palabra de Dios y su actuación salvadora están tan presentes que debemos afirmar que el mismo Dios se nos presenta, se nos descubre y se nos acerca en Jesucristo de manera única e irrepetible. Cristo es Dios mismo, hecho hombre.

Jesús, Hijo de Dios

Los creyentes tratan de expresar esta realidad acudiendo a lenguajes diferentes y variados:

  • Jesús mismo es la Palabra de Dios hecha carne.
  • Jesús es Hijo de Dios: No es una criatura distinta de Dios. Jesucristo, como Dios que es, no tiene origen, sino que es engendrado, no creado, desde siempre.

Ante los rasgos de la vida de Jesús de Nazaret y ante el hecho inaudito de la resurrección, la comunidad cristiana confiesa, llena de fe, que Jesús es el Hijo único de Dios que se ha hecho hombre por nuestra salvación.

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