El islam doctrina y expansión

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6.1. ARTE E ISLAMA) El nacimiento del Islam y su expansión

Antes de Mahoma, en Arabía no existía unidad de ningún tipo. El territorio estaba habitado por un conjunto de tribus, cada una de las cuales tenía sus propios intereses y creencias:

El uso de la lengua árabe y la etnia eran lo único que daba cohesión como pueblo a los habitantes de la Península Arábiga.

Mahoma uníó a los árabes bajo el signo del Islam. Sus primeros seguidores fueron libertos y gentes humildes, a los que, más tarde se fueron incorporando el resto de sectores sociales, incluso los aristocráticos.

Mahoma nacíó en la Meca en el año 570. En el año 610, en su retiro de la montaña Hira, donde recibiría la visita del arcángel Gabriel, quien le anunció que Dios le había designado profeta y le revelaría su palabra.

En el 613 empezó a predicar en la Meca lo que Dios le habría transmitido por medio del Arcángel: Alá es el único Dios del universo y todos los creyentes son iguales ante Alá. El mensaje de igualdad del Islam no agradó a los ricos comerciantes de La Meca y en el 622 Mahoma tuvo que huir a Yatrib (Medina). Este acontecimiento, (Hégira) marca el inicio de la Era Islámica. En el año 630 Mahoma conquista La Meca, unificando a los árabes en un Estado teocrático basado en el Corán.

Tras la muerte de Mahoma en el 632, el Islam conoce una expansión territorial muy grande:

-Califato Ortodoxo (632-661): expansión por Siria, Egipto, Palestina y Mesopotamia.

-Califato Omeya (661-750): con capital en Damasco, se expande por el Norte de África, Península Ibérica, Río Indo y Turquestán.

-Califato Abbasí (750-945): con capital en Bagdad, se rompe la unidad del Islam en varios estados musulmanes.

B) Al-Ándalus


  La conquista de la Península Ibérica fue iniciada por Tarik Ibn nusayr Ziyad, lugarteniente del gobernador del Norte de África, Muza. Tarik vencíó al rey visigodo don Rodrigo en la batalla de Guadalete (711) y a continuación la conquista fue proseguida por el propio Muza y su hijo Abd-al-Aziz.     Los musulmanes llamaron al-Ándalus a la Península Ibérica, y establecieron su capital en Córdoba.     En el año 756, Abd-al-Rahman I (756-788), un príncipe omeya que había escapado al exterminio de su dinastía por parte de los abbasíes, establecíó el emirato independiente de Córdoba. Los emires tenían poder político, pero dependían de Bagdad en materia religiosa.     En el año 929, Abd-al-Rahman III (921-961) establecíó el Califato independiente de Córdoba, en el que los califas tenían poder político y religioso (sin depender de nadie), durante el cual la España musulmana conocíó su periodo de máximo esplendor y Córdoba rivalizó con Bagdad por sus artesanos, sus sabios y sus artistas. En el reinado de Hixam II (976-1013) destacó el poderío militar de su primer ministro Almanzor (939-1002). A partir del año 1031 el Califato de Córdoba se fragmentó en reinos de Taifas, en los que continuó floreciendo la cultura, aunque políticamente fueron muy inestables. En dos ocasiones el Islam peninsular volvería a unificarse momentáneamente: con los almorávides (1086-1145) y con los almohades (1145-1223), pueblos que, procedentes del Norte de África, intentaron frenar la expansión de los reinos cristianos. Tras estas unificaciones, la Península Ibérica volvía a dividirse nuevamente en reinos de Taifas.  La presencia de reinos musulmanes en la Península Ibérica duró casi ocho siglos, entre el 711 y el 1492.


C) Arte islámico

La falta de unidad inicial y la rápida expansión posterior influirán de modo notable en el arte islámico. Al carecer de un vínculo común, a excepción del religioso, su arte irá evolucionando a medida que se verifican las conquistas, adoptando elementos artísticos de los pueblos conquistados.

Para algunos autores, el arte musulmán es una mezcla o síntesis de elementos bizantinos, cristianos, persas, visigodos, etc… Pero es la extraordinaria capacidad de los musulmanes para mezclar y sintetizar elementos de otras culturas lo que hace del arte musulmán una unidad reconocible.

Lo esencial del arte islámico radica en la arquitectura y en su ornamentación. El Islam prestó poca atención a la pintura y a la escultura por la recomendación, que no prohibición, coránica de no representar imágenes humanas ni animales. La iconofobia se fraguó en torno al siglo IX con algunas filosofías religiosas. En cuanto al arte hispanomusulmán, hubo cierta tolerancia hacia las imágenes, siempre que no estuviesen dentro de un contexto religioso.

A lo largo de los ocho siglos en la Península de civilización islámica, ésta se convirtió en parte integrante de nuestro ser e hizo que España viviera uno de los periodos más brillantes de su historia al quedar integrada en un próspero sistema de vida urbano, con una economía de base monetaria y comercial, mientras que la España cristiana, vinculada a la Europa cristiana feudal, tuvo un pobre sistema de vida rural.


6.2. ARTE CALIFAL: LA MEZQUITA DE CÓRDOBA, ARQUITECTURA Y DECORACIÓN. LA CIUDAD PALATINA DE MEDINA AZAHARA

A) Arquitectura y decoración islámicas

Los rasgos más sobresalientes de la arquitectura musulmana son:

  1. Utilización de materiales fáciles de trabajar.
  2. Uso de pilares y columnas de gran delgadez.
  3. Empleo de una amplia variedad de arcos distintos, como los de herradura, polilobulados… También los arcos de medio punto y apuntados.
  4. Uso de la cúpula de una gran variedad de bóvedas, entre las que podemos destacar la de arcos cruzados o de crucería, la estrellada, gallonada,....
  5. La decoración es uno de los elementos fundamentales en la arquitectura musulmana, y utiliza en la misma distintas fórmulas:

- Efectos de luz.

- Motivos decorativos. Los más destacados son los siguientes:

  • Decoración geométrica:
  • Decoración vegetal:
  • Decoración epigráfica:
  • Toda la decoración tiene un carácter reiterativo, repetitivo de los motivos antes citados, y además de forma muy abundante, tendiendo a cubrir toda la superficie, con un marcado horror vacui

  La principal manifestación de la arquitectura musulmana es la mezquita, cuya función es únicamente servir de sitio para la oración, que los fieles deben hacer cinco veces al día. Las partes más importantes de la mezquita son las siguientes:

- Gran patio o Sahn, en el que se ubica la fuente para las abluciones (sabil).

- El alminar o minarete, torre que se sitúa en uno de los lados del patio, y desde la que el almuédano (o almuecín) llamaba a la oración a los fieles a voz en grito.

- En el interior de la mezquita se encuentra la sala de oración (haram), y en una de cuyas paredes se encuentra el muro de la qibla, que establece la dirección de la Meca, hacia donde debe mirar el musulmán siempre que rece. Este muro está marcado por un nicho que se realiza en él, denominado mihrab. Frente a éste se encontraba la maqsura, espacio reservado al califa o a otra autoridad para que siga la oración de forma protegida.

- Destaca en el interior el mimbar, púlpito sobre seis escalones, desde donde dirige la oración el imán.

- Existen tres tipos de mezquita:

- Mezquita de sala hipóstila: el modelo descrito.

- Mezquita de patio central con cuatro iwanes, salas situadas en los ejes del patio.

- Mezquita de planta central con cúpula en medio.


B) La Mezquita de Córdoba

     La configuración actual del edificio es producto de cuatro ampliaciones que, entre los siglos VIII y X, realizaron los emires y califas omeyas.

     El núcleo germinal de la mezquita de Córdoba se debíó a la iniciativa de Abd-Al-Rahman I (786-788).
Se asentó sobre el solar de la antigua basílica visigoda de San Vicente. Se trataba de un oratorio compuesto por doce crujías transversales cortadas por once naves longitudinales, que corren en dirección al muro de la qibla.

     Las naves están formadas por arquerías dobles para elevar la altura del edificio: la arcada inferior es de arcos de herradura y la superior de arcos de medio punto, todos con dovelas alternando los colores rojo y blanco. Los fustes y capiteles son reaprovechados de obras romanas.

     La primera fase fue completada por Hixam I (788-796)
, que dotó al patio (sahn) de tres elementos fundamentales:

  • Galería para las mujeres (saqifa).
  • Fuente de abluciones.
  • Alminar junto a la puerta de acceso.

     La segunda etapa corresponde a Abd-Al-Rahman II (833-848)
, que rompe el muro de la qibla, añadiendo ocho crujías y cerrando con saqifas los flancos del patio que faltaban. Columnas y capiteles siguen siendo restos romanos reutilizados.

     El triunfo arquitectónico y ornamental de la mezquita llegó en los años centrales del Siglo X. El califa Abd-Al-Rahman III (946)
agranda la superficie del patio, plantando olivos, cipreses y laureles. Rehace el alminar, imponiendo en al-Ándalus la moda de construir torres prismáticas, abandonando la tipología helicoidal.

     Su hijo, Al-Hakam II (961-966)
agrega doce crujías más a la sala de oración, siguiendo el procedimiento de retranquear el muro de la qibla. El proyecto conténía elementos ejemplares:

  • Lucernario: en la actual “Capilla de Villaviciosa”, cubierto con una bóveda nervada y acotado por una serie de arcos polilobulados que se entrecruzan, formando una especie de encaje de piedra.
  • Maqsura: donde se repite de forma triplicada la fórmula anterior.
  • Mihrab: concebido en forma de habitación por vez primera en la historia del arte islámico, ya que hasta entonces se reducía a una sencilla hornacina que se correspondía con el “nicho de las luces” coránico, símbolo de la presencia divina.

     Al-Hakam II solicitó del emperador de Bizancio, Nicéforo Phokas, el envío de un experto musivario para la elaboración de la decoración del interior de las tres bóvedas de la maqsura y la fachada del mihrab.


     La cuarta y última fase de construcción de la mezquita se debíó a la iniciativa de Almanzor (987-990)
, primer ministro del califa Hixam II. En esta ocasión, los arquitectos se vieron forzados a ensanchar lateralmente la mezquita con ocho naves, ya que la proximidad del río Guadalquivir, impedía alargar el frente, como se hizo en las ocasiones anteriores. La ampliación lateral produjo la necesidad de ampliar el patio y que el mihrab quedase descentrado con respecto al muro de la qibla.

     En el reinado de Carlos V los cristianos empotraron en el edificio una catedral y transformaron el alminar en torre-campanario cristiana. El propio rey, que en un principio autorizó tales actuaciones, comprendíó más tarde lo desafortunadas que fueron.

     Al exterior la mezquita presenta un aspecto amurallado, carece de fachada principal y tiene gran cantidad de contrafuertes almenados. Las puertas de entrada son de inspiración romana y en su mayor parte constan de tres cuerpos: uno central, con la apertura de acceso, bajo arco de herradura generalmente enmarcado en alfiz, y dos laterales que simulan puertas ciegas; en la parte superior proliferan los arcos ciegos (de distinto tipo) y vanos levemente cegados con celosías.

C) La ciudad palatina de Madinat al-Zahra (Medina Azahara)

     Fundada por Abd-Al-Rahman III, para convertirla en la capital gubernamental, mientras que Córdoba, a cinco kilómetros de distancia, continuó siendo la megalópolis agrícola, comercial y religiosa.

     La importancia que concedía Abd-Al-Rahman III a su nueva sede, como centro de poder y representación del culto a su personalidad, queda reflejada en la monumentalidad del edificio. El nombre de Zahra está puesto en recuerdo de la favorita del califa, que se llamaba así.

     Las obras comenzaron en el año 936 situándose la ciudad en una ladera de la sierra cercana a Córdoba. Se construyó en terrazas escalonadas distribuyéndose los edificios de forma jerárquica:

  • Zona Superior: dependencias palatinas entre huertas y albercas.
  • Zona Intermedia: oficinas de la administración separadas por jardines de las viviendas de los ministros.
  • Zona Baja: mezquita, casa de la moneda, centro artesano y casas de la población.

     El plano era rectangular y la ciudad se defendía con unas murallas, a cuyos lados se situaban los cuarteles de la guarnición de la ciudad. Un gran parque zoológico con fieras y pajareras de aves exóticas completaba el núcleo urbano.

     El estado actual de conservación de este palacio es bastante precario. Las excavaciones arqueológicas han logrado desenterrar en la explanada alta el “Salón Rico”: el salón de recepción más importante, marco de los fastuosos recibimientos a las embajadas extranjeras. Nada ha quedado de las habitaciones privadas del califa.

     En este palacio el arte califal queda definido en su estructura arquitectónica y decoración mural. El arco de herradura se hace arquetipo y se crea un nuevo tipo de capitel basado en el compuesto romano: el capitel de avispero.
También están presentes motivos decorativos y técnicas de origen persa: amplios paramentos de ataurique con el árbol de la vida.

     Por las inscripciones que quedan en el edificio, sabemos que se construyó entre el 953 y el 957.


6.3. ARTE ALMOHADE. ARTE NAZARÍ: LA ALHAMBRA

A) Arte almohade

Los almohades eran tribus sedentarias del Alto Atlas (Marruecos). Este pueblo, beréber y fanático religioso, consideraba blasfemos a quienes atribuían carácterísticas humanas a Alá, que era un espíritu puro, eterno e infinito.

Para imponer su visión del Islam inician una serie de campañas de conquista en los siglos XII-XIII (similar a la que años antes realizó el pueblo de los almorávides en los siglos XI-XII). En el año 1143 ya se habían apoderado de todo el Magreb, incluyendo Marraquech (ciudad santa del Norte de África). En 1149 atraviesan el estrecho de Gibraltar, ocupando los reinos musulmanes de Sevilla, Córdoba y Badajoz.

La consolidación de este nuevo poder musulmán en al-Ándalus se alcanzó en 1195 cuando derrotaron a los castellanos en la batalla de Alarcos (Ciudad Real). Sin embargo, dos décadas más tarde, el Imperio Almohade iniciará su descomposición al abrir las tropas cristianas las puertas del Alto Guadalquivir en la Batalla de Las Navas de Tolosa (1212).

En el terreno artístico, los almohades destacan por su austeridad frente al lujo califal. Predican el retorno a la sencillez más extrema y desprecian el lujo. Su arquitectura es austera, de ladrillo visto, con espacios vacíos.

En Sevilla, su capital en al-Ándalus, realizaron dos grandes edificaciones:

A.1. La Mezquita Mayor de Sevilla: la Giralda

 La Mezquita Mayor de Sevilla se edificó entre 1172 y 1176. El Oratorio tenía 17 naves y fue derribado en 1401 para iniciar la construcción de la actual catedral.

     Sólo se conserva el patio de la mezquita (patio de los Naranjos) y su espléndido alminar, que es semejante a la “Kutibiyya” de Marraquech y a la “Torre de Hassan” de Rabat.

     La ubicación del alminar era diferente a la del resto de las mezquitas. Debería haber estado en el muro del patio, junto a la puerta de acceso al mismo, pero se colocó junto al muro del oratorio. Parece ser que el cambio de ubicación se debíó a problemas de cimentación.

     La construcción del alminar (la Giralda), la inició Ahmed-Ben-Basso con sillares de piedra en el 1184. A los pocos meses se interrumpíó la construcción. En el 1188 la prosiguió Alí-al-Gomari en ladrillo cortado y se concluyó en el 1198. La torre es un edificio de planta cuadrada decorada en sus cuatro frentes con paños de sebka, que son retículas de rombos.

A.2. La Torre del Oro

Esta torre formaba parte de la reedificación almohade de las fortificaciones de Sevilla. Como torre albarrana, su misión era impedir el paso por la ribera izquierda del Guadalquivir y controlar la entrada de navíos en el puerto. Con el auxilio de un fortín situado en la otra orilla, desde la torre del oro se podía tender sobre el río una cadena que, al tensarla, bloqueaba el tráfico fluvial.

Su construcción se inició en el 1220. Tiene planta dodecagonal y presenta dos cuerpos superpuestos (la linterna y el ático son añadidos del Siglo XVIII). El nombre del oro proviene del brillo dorado que emitían los azulejos que cubrían sus muros.

B) Arte Nazarí: la Alhambra


Coincidiendo con el fin del poder almohade en al-Ándalus, un caudillo jiennense, Muhammad-Ibn-Nasr, se erige en caudillo de los musulmanes hispanos y en 1237 se proclama emir de Granada, inaugurando la dinastía nazarí o nasrí.

Tras la conquista del Valle del Guadalquivir por los castellanos en el Siglo XIII (Fernando III “El Santo”), el reino de Granada inició una política de sumisión vasallática a los monarcas de Castilla, astutamente seguida por los monarcas granadinos posteriores. La sumisión tributaria (con el pago de parias) y las disputas dinásticas entre los reyes cristianos (guerras civiles castellanas), permitieron a los nazaríes conservar su reino durante dos siglos y medio. En su aislamiento crearon un arte refinado y autosuficiente.

Nada más establecerse en Granada, los nazaríes inician la construcción de una acrópolis sobre el cerro de la Sabica, que recibirá el nombre de ALHAMBRA o “Fortaleza Roja”, por el color a óxido de hierro de la arcilla empleada para fabricar sus ladrillos. Este enorme recinto se distribuye en tres núcleos independientes:

  • Alcázar militar
  • Palacios reales
  • Ciudad autónoma de calles estrechas, donde residen los altos dignatarios, funcionarios, artesanos y personal de servicio. También  se alzaba aquí la casa de la moneda, mezquitas, aljibes y baños públicos

De este espléndido conjunto, Muhammad I (1238-1273)
, sólo levantó el alcázar, en la zona más alta y saliente de la colina. Estaba compuesto por varias torres (destacan las torres de la Vela y del Homenaje) y lienzos de muralla en torno a un patio de armas para la guarnición. Previamente se había abastecido de agua el enclave, abriendo una acequia con caudal propio desde el río Darro.

Muhammad II (1273-1302), aprovechará estas conducciones y creará el GENERALIFE (o “Huerto Elevado”); finca agropecuaria en la ladera del cerro contiguo a la Alhambra, con un pabellón de recreo y unos magníficos jardines.

Muhammad III (1302-1309), incorpora la cultura del agua y la jardinería a la meseta de la alhambra, ordenando construir los jardines de “El Partal”.

El esplendor de la Alhambra llega durante la segunda mitad del Siglo XIV, bajo el gobierno de Yusuf I y su hijo Muhammad V.

Yusuf I (1333-1354), reconstruyó las torres de la muralla y creó nuevos accesos, como la “Puerta de la Explanada”. Pero su principal obra fue la “Torre de Comares”; concebida como sede oficial del trono y salón de embajadores. Destaca sobre todo por su decoración a base de estucos, azulejos y artesonado en el que aparecen representados los siete cielos del cosmos musulmán, presididos por el trono de Alá.

Muhammad V (1354-1391)


da a los palacios su configuración actual. La tradición oriental aconsejaba que cada monarca se construyese su propia residencia, y en cumplimiento de esta costumbre ordena edificar el “Patio de los Leones” y sus dependencias adyacentes. En el centro del patio se colocó una fuente que había pertenecido a la casa del judío Joseph-Ibn-Nagrella y que aquí se usa con fines simbólicos. En los cuatro frentes de patio de abren otras tantas dependencias:

  • Sala de los Mocárabes
  • Sala de los Reyes
  • Sala de los Abencerrajes
  • Sala de las Dos Hermanas

Muhammad V era amigo y aliado de Pedro I de Castilla, al cual envió artistas granadinos para que decorasen los Reales Alcázares de Sevilla. Cuando Pedro I muere en Montiel a manos de un secuaz de Enrique de Trastámara, los nazaríes destruyeron la plaza de Algeciras (en manos de partidarios de Enrique). Para celebrar la victoria, en 1369, se realizó una ampliación de la Alhambra. Se edificó entonces la “Puerta del Vino” y el “Mexuar” o sala de audiencias, donde las mañañás de los lunes y de los jueves el emir recibía a sus súbditos. También se construyó la fachada y el “Patio de los Arrayanes”.

El arte nazarí no tiene la solidez estructural del arte califal, ni tampoco la del almohade, pero les supera en delicadeza y fantasía ornamental.

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