Intervención del Estado y Corrección de los Fallos de Mercado

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1. El Estado como corrector de los fallos de mercado

El mercado no siempre garantiza que las decisiones individuales sean óptimas para la sociedad. Por eso, cuando se producen fallos de mercado, es necesaria la intervención del Estado para corregirlos y promover el bienestar general.

2. Los fallos de mercado

Aunque el mercado es eficiente para asignar recursos y producir bienes al menor coste posible, existen fallos que justifican la acción estatal:

  • a. Los ciclos económicos.
  • b. Las externalidades.
  • c. Los bienes públicos.
  • d. La falta de competencia o de información.
  • e. La equidad.

3. Los ciclos económicos

La economía no crece de forma lineal, sino que atraviesa ciclos de expansión y recesión que generan crisis y desempleo, siendo uno de los fallos del mercado con mayores consecuencias para la sociedad.

La aportación keynesiana

El economista John Maynard Keynes defendió que, ante crisis y desempleo generalizado, el mercado no se recupera por sí solo, por lo que el Estado debe intervenir mediante el gasto y la inversión para estimular la economía. Desde la “revolución keynesiana”, los gobiernos asumen la responsabilidad de aplicar políticas que reduzcan las fluctuaciones y favorezcan un crecimiento más estable.

4. Las externalidades

Se definen como los efectos de la actividad de empresas o consumidores sobre terceros que no se reflejan en los precios; estas pueden ser negativas (como la contaminación) o positivas (beneficios sociales).

El Estado como corrector de las externalidades

El Estado interviene mediante impuestos, subvenciones, regulación o límites a la contaminación para reducir los impactos negativos y promover los positivos.

5. Los bienes públicos

Algunos bienes, como la educación o la sanidad, no pueden ser proporcionados de forma suficiente por el sector privado para cubrir las necesidades de toda la sociedad, por lo que requieren la intervención del Estado.

Los bienes públicos puros y el “consumidor parásito”

Los bienes públicos puros son aquellos que solo pueden ofrecerse a todos o a nadie y en los que es difícil excluir a quien no paga. Esto provoca el problema del “consumidor parásito”, ya que algunas personas pueden beneficiarse sin contribuir a su financiación. Por ello, el Estado se encarga de proporcionarlos y financiarlos mediante impuestos, aunque existe debate sobre qué bienes debe ofrecer y en qué cantidad.

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