Influencias Clave en el Pensamiento de Descartes y su Legado Filosófico
Enviado por Programa Chuletas y clasificado en Filosofía y ética
Escrito el en
español con un tamaño de 7,86 KB
Principales Influencias Recibidas por Descartes
Las influencias recibidas en el pensamiento de Descartes provienen de diferentes campos.
Formación en la Flèche
La primera es la que recibe en su periodo de formación, de los 8 a los 16 años, en el colegio de los jesuitas de la Flèche. Allí, además de realizar los estudios literarios habituales de la época, se formó en la escolástica aristotélica. El método de esta filosofía le inculcó rigor conceptual, disciplina y precisión del pensamiento.
El conocimiento de las concepciones filosóficas más importantes y la lectura de los libros antiguos; el intento de encontrar un riguroso y seguro punto de partida para la filosofía y la ciencia que fundamente sus indagaciones y verdades sobre una sólida base; la influencia aristotélica en la noción de sustancia y en su concepción del yo como sustancia o cosa que piensa, fueron influencias que recibió en su periodo de formación en la Flèche.
Influencia de San Agustín
La influencia de San Agustín es importante en temas concretos y en el espíritu general de su pensamiento:
- La duda escéptica como instrumento para cuestionar todas las cosas y las verdades que tienen su fundamento en el conocimiento sensible.
- La vuelta a la interioridad de la conciencia, del yo, como camino más seguro para encontrar la verdad: «No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad».
- La evidencia de la existencia del yo en la misma vivencia de la duda o del error.
- La doctrina de la inmaterialidad del alma y el espiritualismo.
Influencia del Pensamiento Científico
La otra gran influencia que recibe Descartes es la del pensamiento científico de su tiempo. Ya en su periodo de formación en la Flèche leía libros de física y matemáticas, ciencias por las que se sentía especialmente inclinado.
El ejército de Mauricio de Nassau, en el que se alistó en 1618, contaba con un buen equipo de matemáticos e ingenieros con los que se relacionó, en especial con uno de ellos, Isaac Beeckman, con el que sostuvo una extensa relación científica. Conoce bien la obra de Bruno, con el que coincide en algún aspecto, la de Kepler, aunque no acepta sus leyes, y la de Galileo, con el que coincide en la aplicación de la matemática a la física, pero discrepa en su falta de unos principios universales y un marco general en el que se encuadren las investigaciones particulares.
El Legado Cartesiano
Durante la segunda mitad del siglo XVII, tras la muerte de Descartes, hubo una gran variedad de autores que se declaraban “cartesianos”, sobre todo en Francia. Todos ellos decían promover la filosofía cartesiana, a la que consideraban, a veces de una manera casi mística, como la nueva doctrina llamada a sustituir al aristotelismo como base de la cultura occidental, y a renovar de este modo tanto la ciencia como la interpretación de la religión cristiana. Sin embargo, estos “cartesianos” defendían opiniones bastante diferentes entre sí.
Algunos se centraron en el legado científico de Descartes, como Jacques Rohault (1620-1672), un físico que adoptó la separación cartesiana entre pensamiento y materia y profundizó en el fenomenismo que estaba implícito en la doctrina de Descartes, considerando que todas las cualidades que percibíamos de la materia (salvo la extensión) no se encontraban realmente en dicha materia, sino en el sujeto. Otros aparecen vinculados a movimientos religiosos, sobre todo el jansenismo (un movimiento católico que se oponía a la versión de la contrarreforma defendida por los jesuitas, y se caracterizaba por su rigorismo moral, su postura ascética, y sobre todo por posicionarse contra la autoridad absoluta del Papa y a favor del conciliarismo y el galicanismo, esto es, de la autoridad de los concilios sobre la del Papa y de la independencia de la iglesia nacional francesa respecto a Roma, respectivamente). Los principales cartesianos dentro de este movimiento fueron Antoine Arnauld (1612-1694) y Pierre Nicole (1625-1695), quienes en 1662 publicaron un manual de lógica (conocido como “Lógica de Port Royal”) que reinterpretaba la lógica silogística de Aristóteles en términos cartesianos, y que estuvo en uso en Francia hasta bien entrado el siglo XX. Blaise Pascal (1623-1662), uno de los principales matemáticos y físicos del siglo XVII, y que mantuvo correspondencia con Descartes, también perteneció al movimiento jansenista y es posible que participara en la redacción de la redacción de la Lógica.
El “ocasionalismo” es otro de estos movimientos cartesianos. El ocasionalismo, cuyo principal representante fue Nicolas Malebranche (1638-1715), era una radicalización del dualismo de Descartes, que en lugar de buscar el modo en que podían interactuar las dos substancias finitas (res cogitans y res extensa), como intentó Descartes, negaba cualquier tipo de relación entre ellas, y afirmaba que Dios intervenía cada vez que los movimientos de dichas substancias coincidían. Por tanto, según el ocasionalismo, Dios es la única causa auténtica, y el resto son solo “causas ocasionales” (de ahí la denominación de esta doctrina), lo cual implica que nuestro conocimiento de las cosas materiales no procede de estas, sino de Dios, que pone en nosotros las ideas que se corresponden con dichas cosas materiales. Por ello, dice Malebranche que todo lo que conocemos lo conocemos en Dios (este punto aparece citado en el texto de selectividad de Ortega y Gasset). De este modo Malebranche pretendía sintetizar el cartesianismo con la doctrina de San Agustín (que era la teología más conservadora del catolicismo), y de hecho su doctrina también se conoce como “cartesianismo teológico”.
Por otra parte, no hay que olvidar que la influencia de Descartes va más allá de la de sus teorías físicas o metafísicas. Debemos tener en cuenta que Descartes no solo influyó en los que se denominaban a sí mismos “cartesianos”, sino también en otros autores que actualmente se catalogan como racionalistas y que defendían posturas metafísicas muy distintas a las de Descartes, como por ejemplo Baruch Spinoza (1632-1677) (que defendía el monismo metafísico y el panteísmo), Gottfried W. Leibniz (1646-1716) (cuya monadología considera que la realidad está constituida por fuerzas, y no por materia pasiva) o Thomas Hobbes (1588-1679) (que sobre la concepción racionalista y axiomática de Descartes defendió un materialismo radical que negaba la independencia del pensamiento respecto a la materia). Pero no solo los racionalistas, sino también los empiristas que se opusieron a ellos, y que sustituirían al cartesianismo como modelo principal de la ciencia, habían recibido la influencia de Descartes. Hay que tener presente que el fundador del empirismo moderno, John Locke (1632-1704), se basó en Descartes y en su concepción del sujeto y las ideas para producir su propia doctrina (que se separa de Descartes sobre todo por negar la existencia de ideas innatas).
En definitiva, hay dos elementos en Descartes que pasaron a prácticamente todas las escuelas de la filosofía moderna, y que podemos considerar que fueron propagadas fundamentalmente por él, aunque de ambas existan antecedentes en otros autores: el idealismo epistemológico, que supone que no conocemos la realidad directamente (de donde deriva todo el fenomenismo), y la importancia dada al sujeto, consecuencia del punto de vista anterior, y que convierte a este en el centro y punto de partida de la filosofía. Ambas características dominaron totalmente la filosofía occidental desde el siglo XVII hasta principios del siglo XX, en que resurgieron algunas corrientes que reivindicaban de nuevo el realismo, a pesar de lo cual el idealismo epistemológico y el subjetivismo siguen siendo las posturas predominantes en el pensamiento actual.