El Poder y la Influencia de la Iglesia en la Edad Media
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La Iglesia
La organización de la Iglesia
El Papa (obispo de Roma) era el dirigente de los cristianos de Occidente. Su gobierno era vitalicio (para toda la vida) y, a su muerte, los cardenales nombraban a su sucesor. El clero estaba organizado en dos ramas:
- El clero secular: formado por los obispos y los sacerdotes.
- El clero regular: formado por los abades (que dirigían una abadía o un monasterio), los monjes y las monjas.
- Órdenes religiosas: cluniacense, benedictinos, franciscanos, etc.
- Órdenes militares: templarios, teutónicos. Eran los monjes guerreros que, además de orar, batallaban para defender o extender el cristianismo.
El poder económico de la Iglesia
Muchos monarcas y nobles cedían tierras y feudos a la Iglesia para conseguir su favor o para obtener la salvación. De esta forma, la Iglesia se convirtió en la principal propietaria. La Iglesia se beneficiaba de un impuesto exclusivo: el diezmo, una décima parte de la producción agrícola que debían pagar los campesinos.
La cultura y la Iglesia
La Iglesia era la encargada de transmitir la cultura. Los monjes copiaban los textos antiguos a mano para mantener así el saber de la Antigüedad. La Iglesia se encargaba de la educación y transmitía las creencias religiosas. A partir de estas últimas, se difundieron entre la población medieval ideas como las siguientes:
- El miedo al infierno, para luchar contra el pecado.
- El miedo al final del mundo y al juicio de Dios. Algunos aseguraron que este momento se produciría en el año 1000, provocando el pánico en quienes lo creyeron.
- La esperanza en las intermediaciones de santos y de la Virgen, que fomentó el auge de las peregrinaciones:
- A las ciudades santas: Roma, Santiago de Compostela o Jerusalén.
- A las iglesias que guardaban reliquias, que eran objetos sagrados relacionados con un santo.
La Iglesia tenía autoridad para limitar las guerras feudales en determinados lugares y fechas a través de:
- Paz de Dios: consistía en la prohibición de atacar y saquear iglesias y lugares santos.
- Tregua de Dios: era la suspensión temporal de luchar durante los días importantes del calendario religioso, como Navidad, Pascua o Cuaresma.
Herejes: aquellos que se apartaban de la doctrina oficial.