Infierno de Dante: Cantos Selectos y Reflexiones

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Canto XIII

Entraron en un bosque, no era verde sino de un color oscuro, las ramas eran entrelazadas no rectas, y en vez de frutas habían espinas venenosas. Allí viven las arpías, tienen alas anchas, cuello y rostro humano, pie con garras y el vientre cubierto de plumas. Estaban en el segundo recinto, sentía ruidos pero no veía quien los hiciera. Virgilio le dijo a Dante que si agarraba una ramita, vería tocarse sus pensamientos. Entonces, cuando Dante corta una rama de un endrino, el tronco exclamó: «¿Por qué me tronchas?». Y comenzó a desangrarse, le reprochó nuevamente a Dante por qué lo desgarraba si acaso no tenía ningún sentimiento. De piedad fueron hombres y ahora eran troncos, él (Dante) debía haber sido más piadoso incluso si se trataba de almas de serpientes. Comenzaron a hablar con el tronco y este dijo que no quería llegar a un mal que lo entretenga hablando con ellos y les dijo que en realidad nunca fue desleal al señor y si algunos de ellos volvía al mundo que restaure en él su memoria. Virgilio le preguntó al tronco cómo es que el alma se encierra en esos troncos y si hay alguna que se desprenda de ellos, a cambio de que Dante haga lo que le pidió cuando vuelva al mundo. El tronco les contestó: Minos envía el alma que fue arrancada del cuerpo al séptimo círculo, cae en la selva sin ningún destino fijo y allí se lanza una fortuna y germina como un grano de espelta. Primero brota como un retoño y luego se convierte en una planta silvestre, una arpía. Ambos escuchaban atentamente al tronco cuando a su izquierda aparecieron dos infelices, desnudos y lacerados corriendo entre las ramas de la selva. Lo perseguían perros negros, despedazaron a aquel que se ocultó y se llevaron sus miembros palpitantes. Virgilio tomó a Dante de la mano y se escondieron en un arbusto que se quejaba de sus sangrientas heridas, y les preguntó por qué lo tomaron por refugio. Virgilio le preguntó quién fue y por qué se quejaba, por lo que el arbusto le respondió que venía de la ciudad que había cambiado a su primer patrón por San Juan Bautista.

Canto XXVI

Dante comienza hablando sobre Florencia, lo cual es un sitio recordado y su nombre es famoso en todo el infierno. Mencionó a 5 ladrones dentro de la ciudad. Siguen su camino, Virgilio va delante de Dante y no era posible mover un pie sin el auxilio de la mano. Se encontraban en la octava fosa donde resplandecen infinitas almas. Virgilio le dice a Dante que dentro del fuego se encuentran los espíritus. A Dante le llama la atención una llama que se divide en su parte superior. Virgilio le contesta que se trataba de **Ulises** y **Diomedes** que se encontraban torturados allí dentro, y compartían el mismo castigo porque juntos se entregaron a la ira. Dante le solicita a Virgilio esperar a que la llama se les acerque para escuchar la historia de Ulises. El maestro aceptó pero con la condición de que él hablara y Dante no diga una palabra, debido a que Diomedes y Ulises eran griegos podían no agradarles todas las inquietudes de Dante. Virgilio le pide que cuenten su historia de cómo fue que llegaron a esa fosa, y les contó acerca de sus viajes y la forma en que murió en el mar.

Canto XXXIII

**Ugolino** le cuenta a Dante la historia de cómo fue a dar allí al infierno. Él y sus hijos estaban encerrados en una torre, morían de hambre y escuchaba llorar entre sueños a sus hijos que pedían pan (4 hijos). Gaddo (un hijo) murió al 4to día y entre el quinto y el sexto día murieron los otros, y Ugolino los vio caer uno por uno, cuando ya estaba ciego tanteaba los cuerpos de sus hijos y los lloró por 3 días. Siguieron caminando y llegaron a una parte donde el hielo oprime a los condenados que tienen el rostro vuelto hacia arriba, sus lágrimas al salir se encuentran con otras condensadas y eso alimenta la angustia. Dante sintió un viento a pesar de la gran inestabilidad en su rostro a causa del frío y le preguntó a Virgilio de dónde provenía, y este le dijo que ya llegarían a un lugar donde sus ojos le darían la respuesta. Uno de la fosa les gritó que le saquen el velo que llevaba puesto para que pudiera aliviar su dolor. Dante le dice que le diga quién fue y él le dijo: «Soy Fray Alberigo».