El impacto de la Guerra Civil Española en la estructura del Estado republicano
El estallido del conflicto y la división de España
El 17 de julio de 1936 se produjo un golpe militar contra el gobierno de la República; el ejército sublevado trató de conquistar la capital de España. El gobierno republicano se vio obligado a repartir armas a los sindicatos obreros, quienes consiguieron detener la ofensiva sobre Madrid. España quedó dividida en dos: la zona nacional, bajo la autoridad de los militares, y la zona republicana, bajo la teórica autoridad del gobierno. Al inicio de la guerra, comenzó en la zona republicana una revolución social.
La desarticulación del Estado y el auge de los poderes revolucionarios
La sublevación militar produjo la quiebra del Estado republicano, aunque algunas instituciones continuaran funcionando. Las organizaciones obreras, que consiguieron armas, actuaban a través de juntas. El Estado republicano se desarticuló y se formaron múltiples poderes revolucionarios:
- UGT y CNT: Desarrollaron un proceso de colectivización que no obedeció a un proyecto unificado y que respetó la pequeña propiedad.
- Postura comunista: Se opusieron a las colectivizaciones, buscando una estructura más centralizada.
La profesionalización del mando militar
La fragmentación del Estado republicano pesó negativamente en la dirección política y militar de la guerra por falta de un mando único. Ante esta situación, se tomaron medidas clave:
- Gobierno de Largo Caballero: Comenzó a articular una estructura militar más operativa, formando el Ejército Popular, al militarizar las milicias y organizar brigadas mixtas.
- Gobierno de Juan Negrín: Centralizó y jerarquizó todavía más el ejército, intentando una mayor profesionalización y una menor politización mediante la creación del Ministerio de Defensa Nacional.
Estrategias políticas y el fin de la contienda
Todas estas medidas eran necesarias porque los gobiernos republicanos se veían impotentes ante la revolución proletaria y ante la incapacidad de las milicias populares para combatir al ejército sublevado. Asimismo, se intentó recuperar la fuerza del Estado disolviendo las juntas y comités y regulando los consejos municipales.
Tras la pérdida de Málaga en febrero de 1937, el Partido Comunista de España planteó la estrategia más clara: para ganar la guerra era necesario congelar la revolución social y defender a las clases medias y a los pequeños propietarios, postura que llevó a chocar con los sindicatos y, sobre todo, con la CNT. La guerra finalizó con un golpe de Estado contra el gobierno de Negrín y contra su política, resumida en el lema: «Resistir es vencer».
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