Impacto y consecuencias de la Gran Depresión en la economía española

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La crisis económica en España durante la Gran Depresión

Por ejemplo, se abandonó la política hidráulica solo porque había sido una de las obsesiones de P.R. La peseta siguió bajando pese a todas las medidas adoptadas, en parte por la huida de capitales españoles al extranjero, ya que no veían en España un lugar seguro donde invertir.

El agravamiento de la situación económica

En el año 1932 se adentró una segunda crisis que vino a superponerse a la iniciada en 1929. Si en los años posteriores se logró una recuperación de la peseta, fue sencillamente por el hecho de que escaseaba; circunstancia que no favoreció en nada a la balanza exterior.

Impacto en el comercio y la industria

Donde más se sintió la crisis fue en el comercio internacional. España, cuya base económica residía en la agricultura, sufrió los efectos de la Gran Depresión con menos intensidad que las grandes potencias industriales. Aun así, sus exportaciones se resintieron bastante, ya que la demanda era ahora mucho menor. Todo ello se notó en la baja producción y el desempleo:

  • Extracción de hierro: descendió notablemente.
  • Producción de acero: sufrió un retroceso similar.
  • Carbón: se mantuvo la producción, ya que no convenía importar carbón británico más que en la medida justa.
Desempeño sectorial

En el apartado de producción industrial, desciende la siderúrgica, las manufacturas metálicas en general, la maquinaria y los materiales de construcción. Se mantienen, gracias a la demanda del interior, los textiles y el sector de alimentación, en tanto mejoran los productos químicos e incluso, aunque en escasa proporción, la energía eléctrica. En el sector de los servicios, este experimenta un bajón considerable.

Balance final y factores determinantes

Por consiguiente, no tenemos otra opción que calificar al balance general de la Gran Depresión como negativo. La crisis económica repercutía en lo social y esta en ella, por lo que se ocasionaba un círculo vicioso del cual fue difícil salir.

Si a los factores económicos y sociales le sumamos los políticos, donde los gobernantes agotaban sus fuerzas en luchas internas, podremos comprender que, pese a los esfuerzos de algunos, la crisis española fuera más difícil de superar que la extranjera, y que alcanzara su punto álgido en 1936, cuando tristemente ya la mayoría de los países europeos se encontraban en plena fase de expansión.

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