La Ilustración y el Neoclasicismo: Transformación Cultural del Siglo XVIII

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La literatura en el siglo XVIII

La Ilustración

A finales del siglo XVII se produce la "crisis de conciencia europea". La base de la Ilustración es el espíritu de discusión de las normas y creencias del Antiguo Régimen, donde un pensamiento renovador intenta desplazar la mentalidad tradicionalista.

La Ilustración fue un movimiento reformista que se difundió desde Francia por toda Europa a lo largo del siglo XVIII. Tuvo gran importancia la Enciclopedia, en la que se intentó resumir, basándose en los principios racionalistas, todo el saber humano. Sus rasgos principales son:

  • Confianza en la razón: único medio de alcanzar la felicidad y el progreso (el siglo XVIII es conocido como el Siglo de las Luces).
  • Observación y experiencia: son la base de la ciencia.
  • Tolerancia: tanto religiosa como en materia de pensamiento.

En lo político, los monarcas y los gobiernos practican el despotismo ilustrado: "Todo para el pueblo pero sin el pueblo". Los ilustrados apoyan el poder absoluto de los reyes y ponen en práctica sus reformas sociales a través de instituciones y organismos oficiales. El objetivo de estas reformas era educar al pueblo y mejorar sus condiciones de vida. Este pensamiento reformista de la Ilustración culminó en la Revolución Francesa (1789).

En España, los reformistas ilustrados tuvieron dificultades para difundir sus ideas por la oposición del clero y la nobleza, que los acusaba de herejes. Buscaron el apoyo en la monarquía de los Borbones, instaurada en España en 1700. El nuevo pensamiento ilustrado entró en España principalmente a través de la traducción de libros.

La literatura en el siglo XVIII: El Neoclasicismo

En general, se utilizó la literatura para difundir temas e ideas de la Ilustración, con la función de ser útil a la sociedad; es una literatura crítica y didáctica. Se introdujeron nuevos géneros literarios, como el ensayo y el artículo periodístico. La literatura en el siglo XVIII se conoce como Neoclasicismo, y sus características son:

  • Seguimiento de las normas clásicas.
  • Predominio de la razón sobre lo sentimental.

La poesía en el siglo XVIII

Hablar de los propios sentimientos no estaba bien visto; predominan los temas filosóficos, pastoriles y anacreónticos, en un estilo llano y prosaico. Del género de la poesía didáctica merecen especial mención dos fabulistas: Tomás de Iriarte y Félix M.ª de Samaniego. Las fábulas, cuyos personajes suelen ser animales, son narraciones breves y sencillas de las que se extrae una enseñanza en forma de moraleja.

La prosa en el siglo XVIII

La principal característica de la prosa de este siglo es el didactismo. Este fin educativo aparece incluso en la novela. Los géneros más cultivados son el ensayo y la crítica, ya sea social o literaria.

  • Fray Benito Jerónimo Feijoo: Gran parte de sus escritos fueron dirigidos a combatir las supersticiones y falsas creencias populares. Defendió la razón y la experiencia. Sus obras principales son el Teatro crítico universal y Cartas eruditas.
  • José Cadalso: Cultivó todos los géneros literarios con orientaciones reformistas e ilustradas. Su obra más importante es Cartas marruecas, perteneciente al género epistolar, compuesta por 90 cartas y protagonizada por tres personajes: el norteafricano Gazel, Ben-Beley y Nuño.
  • Gaspar Melchor de Jovellanos: Reformador moderado, sus obras tienen un fin didáctico y divulgador, con contenido político, económico y social. Destaca en el ensayo con obras como Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos.

El teatro en el siglo XVIII

El teatro continuó el éxito del Barroco, pero en la segunda mitad del siglo comenzaron los ataques contra el teatro del siglo XVII, acusado de degradar el gusto y la moral del público y de no servir para educar al pueblo. Como contrapartida, el teatro neoclásico presenta los siguientes rasgos:

  • Adopción de la regla de las tres unidades: acción, lugar y tiempo.
  • Finalidad didáctica o moral.
  • Verosimilitud: la historia debe ser creíble.

Leandro Fernández de Moratín: Sus obras son didácticas y moralizantes, centradas en la crítica de las costumbres españolas. Escribió únicamente cinco comedias respetando el teatro neoclásico. La más conocida es El sí de las niñas, escrita en prosa y dividida en tres actos.

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