Los ideales quijotescos: justicia, libertad, sentido caballeresco
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Don Quijote asume los peligros que le depara su existencia aventurera y no teme a cumplir con ese código ético de defensa de los desvalidos y menesterosos. Una de las características del personaje es el deseo de ser lo que no puede ser. Muchas veces Quijote para afrontar cualquier reto o para ir más allá de sus propias posibilidades, lo convierten en símbolo del esfuerzo humano. La locura de don Quijote le sitúa al margen de las leyes de los hombres. Don Quijote impone muchas veces por la fuerza de las armas. La transfiguración de la realidad y de sus convenciones, le impide distinguir las normas jurídicas y legales de los ideales y usos de los libros de caballería. Don Quijote se considera un caballero andante. La caballería y todo lo que ella conlleva es una religión para él. Unos de los ideales más importantes de don Quijote en cuanto a sus ideales caballerescos es el amor que procesa a su amada Dulcinea y que hará que resista ante las dificultades y le impulsará para continuar su camino. La evolución de Don Quijote a través de los capítulos: VIII (1a parte), XLV (1a parte), XXVI (2a parte), LXXIV (2a parte).
Primera parte: Capítulo VIII
Es el capitulo de los molinos de viento, el clásico símbolo quijotesco del encuentro entre la realidad y el idealismo. Quijote es idealista y Sancho realista. En este capítulo la “sanchificación” de Quijote aún no ha empezado, aún no ha dejado de vivir una realidad paralela, alejada de la nuestra. Muchas veces tiene alusiones acerca de los aprendizajes de los caballeros y su realidad propia.
Capítulo XLV
“No sólo no es bacía de barbero, pero está tan lejos de serlo como está lejos lo blanco de lo negro y la verdad de la mentira”. Esta frase la dice el barbero, aunque el tono sea de burla, pero es muy relevante en lo que respecta a la novela. La verdad y la mentira no están tan lejos como el barbero dice. Pero el barbero podría decir que la distancia entre la verdad y la mentira es tan grande como la del el blanco y el negro. El mundo que se crea Don Quijote es un mundo lleno de tintes de gris, color de la confusión. En este capítulo, la imaginación de Quijote aún es grande, pero ya empieza a chocar con la realidad. Él no se da cuenta y los que están a su alrededor se burlan de él y que cada vez irá en aumento.
Segunda parte: Capítulo XXVI
Quijote que no sabe de retablos ni de teatro, ya que destruyó el retablo y las figuras. El problema de Don Quijote es que todavía no puede distinguir entre los personajes reales y los ficticios. Ahora ya es diferente; Quijote ofrece pagar por lo que destruyó, lo que demuestra que él sabe que hizo algo incorrecto. Entonces podríamos decir que tenemos a un hombre que no sabe que está bien o mal y que después puede comprender sus actos. Cuando empieza a diferenciar la realidad de la alucinación, el personaje empieza a tener shocks. La novela presenta en general la confrontación de la realidad con el idealismo, en Don Quijote es donde se muestra más esa confrontación con el individuo, en el ser humano. Cuando una persona defiende una idea y de pronto la realidad le quita la razón, es normal que pase a un estado de desilusión e incomprensión.
Capítulo LXXIV
Para el último capítulo, Don Quijote se encuentra enfermo y realista. Don Quijote enferma y muere porque matan su mundo, el mundo donde habita y solo queda en vida Alonso Quijano, quien no tiene motivaciones. Quijote dice, como ejemplo de su “sanchificación”: “Yo fui loco y ya soy cuerdo: fui Don Quijote de la Mancha, y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno” Quijote ya no es idealista, ha vuelto por completo a la realidad. Sancho pasa por la “quijotización” cuando dice a Don Quijote: “No se muere vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo, y viva muchos años más: porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía (...)”