Hume y el conocimiento: causalidad, religión y el significado de la existencia de Dios
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Hume y el conocimiento humano
Hume, en su obra Investigación sobre el entendimiento humano, considera que todo conocimiento empieza con los sentidos, la percepción; por lo tanto, lo que no procede de ellos no es, en sentido estricto, conocimiento.
El principio de causalidad como absurdo
Hume también considera el principio de causalidad como un absurdo, basándose en lo siguiente:
- Cuando se deduce la causa a partir de un efecto, no es permisible atribuir a la causa cualidades distintas de las necesarias y suficientes para producir ese efecto, además de las que se manifiestan en el efecto. Por lo tanto, no puede deducirse de la creación del mundo más atributos que los que dicha creación exhibe: no la omnisciencia, ni la bondad, ni siquiera la existencia misma de su autor.
- Las relaciones causales se establecen mediante la observación de regularidades en la experiencia. Por ejemplo, siempre que toco hielo siento frío, por lo que la causa del frío es el hielo.
Sabiendo esto, la hipótesis religiosa es, para Hume, una hipótesis posible, pero inútil, pues todo conocimiento deriva de la experiencia sensible y de Dios no tenemos sensación alguna; por tanto, jamás tendremos conocimiento de Él.
La religión en los Diálogos sobre la religión natural
En sus Diálogos sobre la religión natural, Hume defiende que la religión se aprovecha del temor a la muerte y de la esperanza en una vida mejor para conseguir su objetivo principal: controlar políticamente a los hombres.
El agnosticismo semántico
El agnosticismo semántico defiende que la idea de Dios no es empírica: no puede contrastarse con ningún objeto real. Por lo tanto, se trata de un término que carece de significado y de valor cognoscitivo.
La expresión «Dios existe» equivaldría, en lógica, a «∃x», es decir, «existe x». El problema reside en el valor que otorgamos a x: en lo que x representa, ¿a qué objeto atribuimos el valor de x? Por ello, la expresión «Dios existe» es gramaticalmente correcta, pero carece de valor semántico, de significado.
Varios autores consideran que el problema reside en las posibilidades de nuestro lenguaje, que permite construir proposiciones correctas estructuralmente, pero vacías de contenido.
Wittgenstein y la religión como forma de vida
Para Wittgenstein, la religión es definible como modelo de vida y de ver las cosas. Sin embargo, considera que el creyente y el ateo hablan sin comunicarse, porque parten de experiencias vitales diferentes a las palabras. El término «Dios» no tiene el mismo significado para la persona religiosa que para el ateo; por ello, nunca lograrán ponerse de acuerdo ni comprender la posición contraria.
La fe como regulación práctica de la vida
La fe no es un asunto de razón, sino una regulación práctica de la vida. Si Dios existe o no es una decisión que todos tomamos, pero que no podemos argumentar racionalmente.
La cuestión principal no es si Dios existe o no, sino si quiero vivir como si existiese o no.