Hobbes y Locke: Fundamentos del Estado Moderno y el Contrato Social

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Hobbes: El Leviatán y el Absolutismo

Para Hobbes, en el estado de naturaleza no existen normas ni reglas; los hombres son iguales tanto en cuerpo como en alma. Por lo tanto, cualquiera puede reclamar aquello que posee otro, lo cual provoca un conflicto constante. Al ser iguales, se destruirían unos a otros usando su único medio: la fuerza. Las causas del conflicto son:

  • Competencia: uno invade a otro por medio de la fuerza.
  • Gloria: la búsqueda de reconocimiento.
  • Desconfianza: la inseguridad mutua.

Mientras no haya un poder que los controle y atemorice a todos, seguirá el estado de guerra de todos contra todos. Al haber una libertad absoluta, se vive la supervivencia del más fuerte. Entonces, los hombres, buscando una vida confortable y temiendo a la muerte, se reúnen y, mediante la razón, implantan normas que rijan entre ellos: las leyes naturales. Estas son reglas generales que prohíben la realización de cualquier acto en contra de la vida misma.

Esta ley busca generar un poder superior: "El Estado", que debe administrar los conflictos. Hobbes apoya el gobierno absoluto, pues cree que es la forma más estable y ordenada para gobernar. En 1651, escribe el Leviatán, donde fundamenta el Estado moderno bajo la idea de atemorizar a todos. Recurre al modelo contractualista, dando inicio a la organización del Estado a través de un contrato entre hombres libres e iguales.

El Estado será una persona que asegure la paz y la defensa común, cuyo poder es ejercido por el soberano. Hobbes lo define como un dios mortal, que tiene nacimiento y muerte. La soberanía debe ser absoluta; de lo contrario, no existiría, pues el hombre podría defenderse solo. El soberano actúa como juez. Según Hobbes, cuanto más malo sea el hombre, más fuerte tiene que ser el Estado para controlarlo.

Locke: El Padre del Liberalismo Político

Locke es considerado el padre del liberalismo político, el cual aboga por la menor intervención estatal posible. Es el movimiento por el cual el individuo burgués nota que el Estado interviene demasiado, surgiendo la demanda de liberar el comercio. El liberalismo rechaza la injerencia estatal, considerando que el mercado es algo natural que debe funcionar por sí solo. Adam Smith, por su parte, defiende la idea de la mano invisible del mercado (ley de oferta y demanda), que acomoda todo de forma espontánea.

El Estado de Naturaleza y la Propiedad

Locke plantea un estado de naturaleza casi perfecto donde reina la libertad. Existe una ley natural que es la ley de propiedad, la cual proviene de Dios; desobedecerla es estar del lado del mal. Esta ley establece que uno es propietario y tiene uso exclusivo de todo aquello que produce. Dado que Dios es el creador de todos los seres, dañarse a uno mismo o dañar a otro es atentar contra la propiedad de Dios.

Argumentos sobre la Propiedad

Locke sostiene que Dios no dio el mundo a todos en común de forma absoluta; en algún momento, lo común pasa a ser privado mediante el trabajo (al mezclar mi esfuerzo con un bien común, extiendo la propiedad sobre él). La propiedad tiene naturalmente dos límites:

  1. Uno puede apropiarse de todo lo que pueda consumir antes de que se eche a perder.
  2. Uno puede acumular siempre y cuando los recursos no sean escasos.

Sin embargo, el hombre viola esta limitación mediante el dinero, lo que lleva a algunos a apropiarse de mucho y a otros de nada. Para Locke, el Estado es un juez imparcial que dirime las disputas derivadas de la irracionalidad humana. Si todos fueran racionales, no habría problemas; por tanto, el Estado solo administra justicia y el derecho positivo debe ajustarse a la ley natural de propiedad.

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