Historia de España: De la Romanización a la Edad Contemporánea

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1. El proceso de romanización

La romanización de Hispania (218 a.C.–19 a.C.) fue la integración de la península en Roma tras la Segunda Guerra Púnica. Fue un proceso lento y desigual, más intenso en el sur y levante.

Transformaciones clave:

  • Urbanización y red de calzadas e infraestructuras.
  • Organización en provincias.
  • Economía esclavista y agrícola-minera.
  • Expansión del latín (origen de las lenguas romances).
  • Derecho romano y difusión del cristianismo.

La crisis del Imperio en el siglo III y la llegada de pueblos germánicos en el V pusieron fin a Roma, pero su legado permanece en la lengua, el derecho y las ciudades.

2. Al-Ándalus: Evolución política

Al-Ándalus fue el territorio musulmán de la península ibérica entre 711 y 1492, tras la derrota visigoda en Guadalete. La conquista fue rápida debido a la debilidad interna del reino visigodo.

Etapas políticas:

  • Emirato dependiente de Damasco.
  • Emirato independiente con Abderramán I desde 756.
  • Califato de Córdoba con Abderramán III en 929 (etapa de máximo esplendor).

Tras la crisis del califato y la dictadura de Almanzor, el territorio se fragmentó en taifas, facilitando la expansión cristiana. Para frenar este avance llegaron almorávides y almohades, derrotados en las Navas de Tolosa (1212). Finalmente, quedó el reino nazarí de Granada hasta 1492.

3. Castilla y Aragón en la Baja Edad Media

Entre los siglos XIV y XV, los reinos cristianos evolucionaron desde la expansión a la crisis, consolidando dos modelos: el centralismo castellano y el pactismo aragonés.

Castilla

El poder real se reforzó desde Fernando III y Alfonso X con las Siete Partidas. El Ordenamiento de Alcalá (1348) y la dinastía Trastámara tras la Guerra Civil (1366–1369) consolidaron la monarquía con instituciones como el Consejo Real. En el siglo XV, pese a conflictos internos, el poder real se fortaleció.

Aragón

Se impuso el pactismo desde la Unión de Aragón (1287), consolidado con Pedro IV. La Generalitat y las Cortes limitaron el poder real. La crisis de Caspe (1412) introdujo a los Trastámara y la Guerra Civil catalana (1462–1472) reflejó tensiones internas. Ambos modelos confluyeron con los Reyes Católicos.

4. Cortes de Cádiz (1810–1812)

Tras el levantamiento de 1808, se crearon Juntas, la Junta Central y la Regencia, que convocó Cortes en Cádiz en 1810 durante la Guerra de Independencia.

Las Cortes representaron la soberanía nacional y reunieron diputados de España y América, divididos en absolutistas, moderados y liberales. Su objetivo fue acabar con el Antiguo Régimen. De aquí surgió la Constitución de 1812, que estableció la soberanía nacional, la separación de poderes, derechos básicos y una monarquía limitada. También se eliminaron señoríos y privilegios. En 1814, Fernando VII la derogó.

5. Década Ominosa (1823–1833)

Fue la última etapa del reinado de Fernando VII tras la restauración absolutista de 1823. Se caracterizó por la represión del liberalismo (exilios, persecuciones y ejecuciones como la de Torrijos en 1831).

Se restauraron instituciones absolutistas, pero la crisis económica obligó a reformas fiscales impulsadas por López Ballesteros (presupuesto, Banco de San Fernando, Bolsa de Madrid). Hubo tensiones entre absolutistas reformistas y exaltados, destacando la revuelta de los Malcontents (1827). La Pragmática Sanción (1830) permitió reinar a Isabel II, provocando el conflicto carlista. Tras los Sucesos de La Granja (1832), se aseguró la sucesión y en 1833 estalló la Primera Guerra Carlista.

6. Las desamortizaciones

La desamortización fue el proceso por el que el Estado expropió y vendió bienes de la Iglesia y municipios para financiarse y crear propiedad privada.

  • Mendizábal (1836–1837): En plena guerra carlista, desamortizó bienes eclesiásticos para reducir la deuda y financiar el Estado liberal.
  • Espartero (1841): Amplió el proceso.
  • Madoz (1855): Afectó sobre todo a bienes municipales, impulsando infraestructuras como el ferrocarril.

El resultado fue mixto: fortaleció el Estado liberal y la economía capitalista, pero concentró la tierra en manos de la burguesía, perjudicó al campesinado y agravó el problema agrario.

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