Historia de España: Reyes Católicos a Carlos II - Auge y Declive

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Los Reyes Católicos: Unificación y Expansión (1474-1516)

Guerra de Sucesión Castellana (1474-1479)

La Guerra Civil entre los partidarios de Isabel y Juana la Beltraneja se desató tras la muerte de Enrique IV de Castilla. Isabel, apoyada por Fernando de Aragón, logró la victoria. Con la Paz de Alcaçobas (1479), Isabel se consolidó como reina de Castilla, unida dinásticamente a Aragón, lo que dio origen a la Monarquía Hispánica. En los años siguientes, se anexaron Granada (1492) y Navarra (1512).

Nueva Forma de Estado

Durante su reinado, Isabel y Fernando impulsaron una nueva forma de Estado, aumentando el poder real. En 1480, las Cortes de Toledo aprobaron que los maestrazgos de las órdenes militares quedaran bajo control real, fortaleciendo la corona. También organizaron los ejércitos bajo el control del soberano, limitando el poder político de la nobleza, aunque mantenían su poder económico y social.

Crearon Consejos en áreas clave (Castilla, Aragón, Hacienda, Órdenes militares) para estructurar el gobierno, dando cabida a funcionarios de la pequeña nobleza y profesionales titulados. Además, reforzaron la figura del corregidor en las ciudades para frenar el poder de las oligarquías locales.

Las Cortes durante el reinado de los Reyes Católicos seguían representando a los tres estamentos tradicionales: clero, nobleza y estado llano. Estos estamentos mantenían funciones de control, ya que no se podían imponer nuevos tributos sin su aprobación y también aprobaban leyes propuestas por la Corona. En cuanto a la administración de justicia, se organizaba en dos Chancillerías: una en Valladolid para el norte del Tajo y otra en Granada para el sur. Además, existían tribunales menores, como las audiencias, y para combatir los delitos rurales y en los caminos, se reforzó la Santa Hermandad.

Unidad Religiosa y la Inquisición

Los Reyes Católicos también buscaron controlar el poder de la Iglesia, promoviendo la unidad religiosa en un reino con importantes diferencias territoriales. Establecieron el Tribunal de la Inquisición o Santo Oficio, que actuaba contra los cristianos herejes y los conversos que practicaban el judaísmo en secreto.

Fin de la Reconquista: La Guerra de Granada (1482-1492)

La Reconquista llegó a su fin durante su reinado con la guerra de Granada, que culminó con la conquista del último reino musulmán en la península.

El Reino nazarí de Granada, bajo la dinastía nazarí, se mantenía como un sultanato vasallo de Castilla, pagando tributos en oro, que era un recurso vital para su economía. Este territorio, densamente poblado y próspero en agricultura y artesanía, comprendía lo que hoy son las provincias de Almería, Málaga y Granada. La negativa de Granada a pagar los tributos atrasados fue el detonante de la guerra de Granada.

En 1481, el sultán Muley Hacén rompió las hostilidades al ocupar la plaza de Zahara, y los cristianos respondieron tomando Alhama, iniciando así una guerra que duró casi una década y puso fin a la presencia musulmana en la Península.

La guerra de Granada se caracterizó por dos factores clave: el terreno montañoso y las luchas internas entre los nazaríes. La guerra fue principalmente de asedios y batallas en terreno difícil, con un papel destacado de la artillería. La confrontación también se benefició de las disputas dinásticas entre Boabdil, hijo del sultán Muley Hacén, y su padre. Los Reyes Católicos aprovecharon estas divisiones, liberando a Boabdil y apoyándolo en su lucha por el trono, lo que debilitó a los musulmanes.

La guerra se dividió en tres fases:

  • Primera fase (hasta 1486): Los cristianos tomaron la parte occidental del reino nazarí.
  • Segunda fase (1486-1489): Conquistaron las comarcas orientales, como Almería y Baza, y cerraron el cerco alrededor de Granada.
  • Tercera fase (1489-1492): Los cristianos conquistaron Granada, que se entregó bajo unas capitulaciones que garantizaban la preservación de la religión y costumbres musulmanas.

Sin embargo, los Reyes Católicos incumplieron las capitulaciones y forzaron a los musulmanes, conocidos como mudéjares, a bautizarse o emigrar. La mayoría optó por el bautismo, aunque no de manera sincera, y fueron conocidos como moriscos. Esta acción marcó el fin de la Reconquista y el comienzo de una intensa política de conversión forzada.

El Descubrimiento de América y la Expansión (1492-1516)

El Proyecto de Colón y las Capitulaciones de Santa Fe

Cristóbal Colón presentó a los monarcas de Portugal su proyecto de llegar a las Indias navegando hacia occidente. Este proyecto no fue aceptado en Lisboa, pues los portugueses ya habían invertido mucho esfuerzo y dinero en llegar a las Indias bordeando el continente africano. De esta forma, Colón se presentó en Castilla, llegando al monasterio de la Rábida, Huelva, en 1485. Allí los franciscanos apoyaron su idea de navegar cruzando el océano Atlántico. Sin embargo, el momento no era el más oportuno, pues Isabel y Fernando concentraban todo su esfuerzo en la guerra de Granada. Por indicación de los reyes, debatió su proyecto con maestros de la Universidad de Salamanca sin que lograse convencerlos, por lo que tuvo que esperar a que terminase la guerra para que se le prestase atención.

Los reyes, principalmente Isabel, apostaron por su planteamiento y apoyaron con recursos el proyecto colombino. Las condiciones para llevar a cabo aquella empresa se recogieron en las conocidas como Capitulaciones de Santa Fe, por las que Colón sería virrey de las tierras a las que llegase y estas se incorporarían a la corona de Castilla. Además, se le concedía el título de almirante de la Mar Océana (como se conocía al Atlántico en aquella época) además de una importante participación en los beneficios económicos que se obtuvieran.

El 3 de agosto de 1492, desde el puerto de Palos de la Frontera, partían las carabelas Pinta y Niña y la nao Santa María. Tras una travesía, que se prolongó mucho más tiempo del calculado por Colón, avistaron tierra el 12 de octubre. Durante semanas recorrieron aquellas islas sin encontrar indicios de haber llegado a su objetivo: las ciudades de Cipango y Catay. Construyeron un fuerte en La Española -actual isla de Santo Domingo- con los restos de la Santa María, que había naufragado, y al que bautizaron con el nombre de Navidad. De esta forma, dejaron allí una pequeña guarnición mientras la Pinta y la Niña regresaban a España en 1493. Colón acudió a Barcelona donde estaban los reyes y dio cuenta del viaje, convencido de que había llegado a las Indias. Realizó otros tres viajes más y murió en 1506, sin saber que había descubierto un nuevo continente, que recibiría el nombre de América.

Expansión Mediterránea

La expansión mediterránea de la Corona de Aragón estuvo marcada por intervenciones en Nápoles y en el norte de África. En Nápoles, donde una rama menor de la familia real aragonesa ya estaba asentada, se produjeron dos campañas militares (1494-1498 y 1501-1504) bajo el mando de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. En ambas campañas, el Gran Capitán derrotó a los franceses, destacando las batallas de Ceriñola y Garellano, que evidenciaron el dominio de la infantería sobre la caballería medieval. Aunque fue virrey de Nápoles entre 1504 y 1507, Fernando el Católico no recompensó adecuadamente sus logros.

Además, se llevaron a cabo expediciones para ocupar plazas en el norte de África, con el fin de frenar las incursiones de los piratas berberiscos. En 1497, Pedro de Estopiñán tomó Melilla, y en 1509, una expedición del cardenal Cisneros se apoderó de Orán, mientras que en 1510, Pedro Navarro capturó Trípoli. Estas acciones formaban parte de los esfuerzos por proteger las costas mediterráneas y debilitar las amenazas piratas.

Regencias y Transición (1504-1516)

La muerte de Isabel la Católica en 1504 sumió a Castilla en un periodo de inestabilidad. Según su testamento, Fernando debía regir el reino en nombre de su hija Juana, pero las malas relaciones con la nobleza castellana llevaron a que Juana y su esposo Felipe de Habsburgo regresaran de Flandes en 1506 para asumir el poder. Tras la concordia de Villafáfila, Fernando dejó Castilla y se retiró a Aragón.

La muerte repentina de Felipe y la inestabilidad mental de Juana permitieron que el cardenal Cisneros asumiera la regencia y llamara de nuevo a Fernando, quien regresó a Castilla en 1507 para una segunda regencia. Gobernó hasta su muerte en 1516, ajustando cuentas con los nobles que habían apoyado su salida y consolidando su poder, aunque su muerte temprana se atribuye, según algunas fuentes, a los excesos matrimoniales relacionados con su segundo matrimonio, lo que pudo haber afectado la unidad dinástica lograda con Isabel.

El Impacto en Andalucía

Durante el reinado de los Reyes Católicos, Andalucía tuvo un papel crucial. La guerra de Granada incorporó el último reino musulmán a la corona de Castilla, mientras que el descubrimiento de América tuvo un impacto especialmente grande en esta región. El puerto de Palos, en Huelva, fue el punto de partida del viaje de Colón, y Sevilla se convirtió en la ciudad clave para el comercio con las Indias al albergar la Casa de la Contratación.

El impacto del descubrimiento fue especialmente notable en la Andalucía del Guadalquivir, con numerosos conquistadores andaluces como los Pinzón de Huelva, Gonzalo Jiménez de Quesada de Granada, y Sebastián de Belalcázar de Córdoba, que participaron en la colonización de América. Además, el comercio con el nuevo continente estimuló la economía andaluza, impulsando la agricultura, la producción de alimentos en conserva, la manufactura de abalorios y obras de arte, y el crecimiento de la imprenta en Sevilla.

La Monarquía de los Austrias: Carlos I (1516-1556)

Estructura del Gobierno

Durante el reinado de Carlos I, la monarquía hispánica se convirtió en el estado más poderoso del siglo XVI, gestionando territorios muy diversos. Para ello, se estructuró un sistema de consejos, que funcionaban como departamentos ministeriales, cada uno encargado de asuntos específicos, como el Consejo de Castilla, Aragón, Flandes, Italia, las Indias, y otros como el de Hacienda o las Órdenes. Además, existía el Consejo de Estado, que trataba los temas más importantes de la monarquía y la política exterior.

Los consejos estaban compuestos principalmente por nobles, dignidades eclesiásticas o juristas, y presididos por personalidades relevantes, en nombre del rey. Los secretarios, personas de confianza del monarca, como Francisco de los Cobos, desempeñaban un papel clave en la administración. Además, en cada territorio, excepto Castilla, se nombraba un virrey (o gobernador en Flandes), normalmente de la familia real o de la alta nobleza, e incluso algunos de estos cargos fueron desempeñados por mujeres.

Política Exterior de Carlos I

Durante el reinado de Carlos I, se produjeron tres importantes conflictos:

  • Guerras con Francia: Conflicto heredado de los Reyes Católicos, centrado en Italia. Culminaron con la victoria española en la batalla de Pavía en 1525.
  • Conflicto Religioso: Derivado de la Reforma protestante iniciada por Martín Lutero. Carlos I apoyó el catolicismo, enfrentándose a los protestantes de la Liga de Esmalkalda. La lucha continuó hasta la Paz de Augsburgo en 1555.
  • Lucha contra los Turcos Otomanos: En Europa central y en el Mediterráneo. Carlos I defendió Viena y logró frenar el avance otomano, apoderándose de Túnez, aunque la amenaza turca persistió.

El Reinado de Felipe II (1556-1598)

Política Interior de Felipe II

Durante el reinado de Felipe II, la política interior estuvo marcada por varios conflictos significativos.

  • Cuestión Morisca: Los moriscos, descendientes de musulmanes obligados a bautizarse en 1501, continuaron practicando sus costumbres. En 1566, Felipe II les dio dos años adicionales para abandonar sus tradiciones, lo que provocó la rebelión morisca en el Reino de Granada (1568-1571), conocida como la guerra de las Alpujarras. El conflicto fue sofocado con la intervención de los tercios y la posterior deportación y dispersión de los moriscos en Castilla.
  • Flandes: La creciente expansión del protestantismo calvinista causó rechazo. A partir de 1568, comenzó una guerra prolongada contra los rebeldes flamencos liderados por Guillermo de Orange, apoyados por Inglaterra. Las operaciones militares fueron dirigidas por el duque de Alba, cuya dureza contra los rebeldes aumentó la animosidad. A pesar de los intentos de los comandantes posteriores como don Juan de Austria y Alejandro Farnesio por adoptar una postura más conciliadora, la guerra en Flandes continuó durante ochenta años, resultando muy costosa para España.

Además, la política interior de Felipe II se vio afectada por la traición de Antonio Pérez, un escándalo que también contribuyó a la inestabilidad en su reinado.

Sociedad y Economía en la España del Siglo XVI

En el siglo XVI, España experimentó un crecimiento demográfico, aunque al final del siglo se evidenciaron signos de agotamiento. La sociedad continuó siendo estamental, con tres grupos principales: clero, nobleza y tercer estado. El clero y la nobleza eran los estamentos privilegiados, gozando de exenciones fiscales y otros privilegios, mientras que el tercer estado, compuesto por campesinos, artesanos y comerciantes, no tenía estos beneficios.

El clero se dividía en alto (cardenales, obispos, abades) y bajo (curas y frailes). La nobleza también se diferenciaba entre alta (grandes títulos y propiedades) y baja (hidalgos, generalmente con recursos limitados). El tercer estado era muy diverso, desde grandes comerciantes hasta campesinos pobres y mendigos.

La economía era principalmente rural, con la agricultura y la ganadería como sectores clave. Se cultivaban productos mediterráneos como trigo, olivos y vid, y la ganadería, especialmente la ovina, era fundamental, sobre todo en Castilla. La lana de oveja era vital para la economía debido a las exportaciones a Flandes. Los ganaderos estaban organizados en el Concejo de la Mesta para proteger sus intereses.

En las ciudades, destacaban las actividades artesanales, como la carpintería, la herrería, la cerámica y la platería. Las ciudades más grandes, como Sevilla y Madrid, albergaban también a artistas y orfebres.

La llegada de metales preciosos de América provocó un aumento de los precios, afectando negativamente a las manufacturas locales, que no podían competir con los productos extranjeros más baratos. Para contrarrestar esto, se adoptaron medidas proteccionistas, y el comercio con las Indias se controlaba desde Sevilla, con la Corona recibiendo un 20% de los beneficios a través del quinto real.

El Reinado de Felipe III (1598-1621)

El reinado de Felipe III (1598-1621) se caracterizó por una política exterior pacífica, tras el agotamiento de los conflictos heredados de su padre. Se firmaron la Paz de Vervins (1598) con Francia, la Paz de Londres (1604) con Inglaterra y una tregua de 12 años con las Provincias Unidas (1609). Sin embargo, la política interior estuvo marcada por el ascenso de los validos, especialmente el duque de Lerma, quien, debido a su ambición y corrupción, fue reemplazado por el duque de Uceda, cuyo gobierno también fue cuestionable.

Durante su reinado, se produjo la expulsión de los moriscos (1609-1614), alrededor de 300,000 personas, debido a la dificultad de su asimilación y el temor a que colaboraran con los turcos. Esto resultó en una importante pérdida demográfica y afectó negativamente a la economía, especialmente en el reino de Valencia.

El Reinado de Carlos II (1665-1700)

Tras la muerte de Felipe IV en 1665, su viuda Mariana de Austria asumió la regencia de su hijo Carlos II, un niño débil y enfermo. Durante su regencia, la situación económica y social empeoró, y España sufrió derrotas militares, especialmente ante Francia. Luis XIV aprovechó la debilidad española para conquistar territorios, como Borgoña y el Franco Condado. Mariana de Austria delegó el gobierno en validos, pero tras la presión de don Juan José de Austria, fue retirada en 1675, aunque regresó en 1679.

En política exterior, las derrotas continuaron con Francia, que tomó diversas plazas en los Países Bajos y, en una tercera guerra, invadió Cataluña, aunque en la Paz de Ryswick (1697) se retiró parcialmente.

El principal problema fue la falta de descendencia de Carlos II, cuya sucesión preocupaba a toda Europa. Tras dos matrimonios infructuosos, el rey fue presionado para nombrar un heredero. Finalmente, en su testamento de 1700, dejó como sucesor al duque de Anjou, nieto de Luis XIV, lo que dio inicio a la dinastía Borbónica en España.

El Reinado de Felipe IV (1621-1665) y la Crisis del Siglo XVII

Reformas del Conde-Duque de Olivares

El reinado de Felipe IV (1621-1665) estuvo marcado por crecientes dificultades internas y externas. El conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, implementó una serie de reformas para mantener la hegemonía de España, pero sus políticas, como la Unión de Armas, generaron descontento en los territorios periféricos, como Cataluña y Portugal, que llevaron a movimientos independentistas.

Conflictos Internos y Revueltas

La política de Olivares provocó descontento en diversas regiones de España, lo que llevó a movimientos independentistas en Cataluña y Portugal. En Cataluña, la presencia de tropas castellanas generó tensiones, y en 1640, el motín del Corpus de Sangre, que terminó con la vida del virrey, dio inicio a una rebelión que derivó en una guerra, finalizando en 1652 con la victoria de las tropas reales. En Portugal, una rebelión liderada por los fidalgos y el clero, apoyada por el pueblo, resultó en la proclamación del duque de Braganza como rey. España no prestó suficiente atención a esta revuelta, que culminó en la independencia de Portugal, reconocida en el Tratado de Lisboa en 1668.

Además de estos conflictos, hubo revueltas en Nápoles, Aragón y Andalucía, siendo la más notable en Andalucía, donde el duque de Medina Sidonia organizó una conspiración nobiliaria. A pesar del malestar generalizado, los motines por la falta de alimentos, como el pan, fueron frecuentes en ciudades como Sevilla, Úbeda y Córdoba.

La Crisis del Siglo XVII

El siglo XVII en España estuvo marcado por una meteorología adversa, con largos periodos de sequía seguidos de inundaciones, lo que provocó frecuentes pérdidas de cosechas y una crisis de subsistencias, especialmente para las clases populares. Además, hubo varias epidemias devastadoras: la primera entre 1598-1602, que causó medio millón de muertos; la segunda, de 1647-1652, que afectó gravemente a Sevilla; y la tercera, entre 1676-1684, que se prolongó más en el tiempo. El siglo también sufrió por la disminución de los metales preciosos traídos de las Indias, que habían financiado las necesidades del Estado. La falta de dinero resultó en un aumento de la presión fiscal y la alteración de la moneda, con la creación de la moneda de vellón (mayor contenido de cobre y menos de plata). Este empobrecimiento general afectó gravemente a la economía y a gran parte de la población.