Historia de España: Del Fin del Absolutismo al Pacto de Ostende
El Fin del Antiguo Régimen y la Primera Guerra Carlista
En 1833, tras la muerte de Fernando VII, se pone fin al Antiguo Régimen en España. La burguesía liberal asume la dirección del país y se inicia la regencia de María Cristina de Borbón, debido a que la futura reina, Isabel, contaba con tan solo tres años de edad. Este periodo marca el comienzo de la Primera Guerra Carlista, un conflicto civil que enfrentó a dos bandos claramente diferenciados:
- Isabelinos: De tendencia liberal, defendían el sistema capitalista y la monarquía constitucional.
- Carlistas: De tendencia absolutista, eran defensores del Antiguo Régimen y los fueros tradicionales.
La primera etapa de la guerra no afectó a la totalidad del territorio español, sino que se concentró principalmente en zonas rurales. En este periodo, los liberales lograron imponerse tras la Batalla de Luchana, bajo el mando del general Espartero. La segunda etapa se desarrolló en la zona del Maestrazgo. En este punto, el bando carlista se dividió entre los transaccionistas, partidarios de pactar el fin del conflicto (liderados por Maroto), y los apostólicos, que se oponían a cualquier acuerdo. Finalmente, triunfó la vía del diálogo y se firmó el Convenio de Vergara entre Maroto y Espartero, mediante el cual se prometió respetar los privilegios (fueros) en las zonas carlistas.
Evolución Política durante las Regencias
La evolución política comenzó con un gobierno de liberales moderados, centrados en la resolución de la Guerra Carlista. Sin embargo, la falta de reformas prometidas provocó protestas entre los sectores liberales. Tras la publicación del Estatuto Real de 1834, se produjo una división definitiva entre progresistas y moderados.
La Reforma Agraria de Mendizábal
En 1835, los progresistas alcanzaron el poder gracias a su posición estratégica en la guerra y a diversos pronunciamientos militares. En este contexto destaca la reforma agraria de Mendizábal, que eliminó los señoríos jurisdiccionales, los privilegios de la Mesta y las pruebas de nobleza. Sus objetivos principales eran:
- Mejorar la Hacienda Pública y obtener fondos para sufragar los gastos de la guerra.
- Aumentar el número de campesinos propietarios.
- Mejorar la productividad y calidad de la tierra.
Para lograrlo, se publicaron tres decretos que suprimieron las órdenes religiosas; sus conventos pasaron a manos del Estado y sus propiedades fueron vendidas. No obstante, los principales beneficiarios fueron la burguesía y la nobleza, quienes adquirieron las tierras en grandes lotes.
La Constitución de 1837 y la Regencia de Espartero
Los progresistas se mantuvieron en el poder tras el Motín de los Sargentos de La Granja. El marco legal cambió con la Constitución de 1837, que intentaba conciliar principios moderados y progresistas (soberanía nacional y amplios poderes para la Corona). Tras su elaboración, los moderados ganaron las elecciones e impulsaron cambios como el nombramiento de alcaldes por parte del monarca. Esto aumentó las protestas y provocó la dimisión de María Cristina, quien fue sustituida por el general Espartero.
Del gobierno de Espartero destaca la desamortización de los bienes del clero secular y su política librecambista. Esta última le granjeó numerosos enemigos, especialmente en la industria textil catalana, facilitando conspiraciones lideradas por Narváez y O'Donnell. Finalmente, Espartero abandonó el poder en 1843, año en que se proclamó la mayoría de edad de Isabel II.
El Reinado de Isabel II (1844-1868)
El reinado efectivo de Isabel II se divide en tres etapas fundamentales:
1. La Década Moderada (1844-1854)
Bajo el liderazgo del general Narváez, se buscó la estabilidad y la mejora económica. Se promulgó la Constitución de 1845, que establecía la soberanía compartida entre el Rey y las Cortes y declaraba la confesionalidad católica del Estado, recortando libertades de reunión y expresión. Otros hitos fueron:
- Reformas administrativas y en la enseñanza.
- Restablecimiento de relaciones con la Santa Sede (Concordato de 1851).
- Creación de la Guardia Civil (Duque de Ahumada) para el orden público rural.
- Reforma fiscal con impuestos directos e indirectos.
La etapa finalizó debido a la corrupción y al intento de Bravo Murillo de reformar la Constitución para otorgar más poder al ejecutivo, lo que desencadenó la Vicalvarada.
2. El Bienio Progresista (1854-1856)
Tras el éxito del pronunciamiento de Vicálvaro y la publicación del Manifiesto de Manzanares (redactado por Cánovas del Castillo), Isabel II entregó el poder a Espartero. En este periodo se recuperó la Constitución de 1837 y se impulsaron leyes económicas clave:
- Desamortización de Madoz (1855): Afectó a bienes municipales y estatales.
- Ley de Ferrocarriles: Para incentivar la construcción de la red ferroviaria y equilibrar el presupuesto.
La inestabilidad social y las protestas de las clases populares hicieron que el gobierno perdiera el apoyo de O'Donnell y su nuevo partido, la Unión Liberal.
3. La Crisis del Sistema y la Vuelta al Moderantismo (1856-1868)
Se restauró la Constitución de 1845 en un contexto de crisis de subsistencia, agrícola y financiera. La oposición se organizó y en 1866 los progresistas y demócratas firmaron el Pacto de Ostende con el objetivo de derrocar a Isabel II. En política exterior, España intervino en conflictos en México, Cochinchina y la Guerra de Marruecos, donde se obtuvieron territorios como Ifni y se consolidó la presencia en Ceuta y Melilla.
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