Historia de Al-Ándalus: Conquista, Emirato y Esplendor del Califato de Córdoba
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La Formación de Al-Ándalus y el Emirato
La Conquista
A principios del siglo VIII, un ejército musulmán, formado por bereberes y dirigido por una minoría árabe, atravesó el estrecho y desembarcó en la Península Ibérica, ya gobernada por los visigodos. Venció a Don Rodrigo en la Batalla del Río Guadalete (711) e hicieron algunas expediciones de pillaje. Como vieron que los visigodos eran débiles, mandaron un ejército más fuerte (dirigido por Muza) para conquistar la península. Se apoderaron de Toledo y, en cuatro años, de todo el territorio peninsular, aunque en la Cordillera Cantábrica y los Pirineos quedaron pequeños núcleos. El dominio fue tan rápido porque los musulmanes no encontraron resistencia; muchos nobles se convirtieron al islam para conservar sus tierras.
El Emirato Dependiente
Los musulmanes llamaron Al-Ándalus al territorio conquistado en la Península Ibérica y lo convirtieron en una provincia o emirato, gobernada por un emir. La capital fue Córdoba. Tuvieron varias guerras civiles entre árabes y bereberes.
El Emirato Independiente
La situación política del emirato cambió a mediados del siglo VIII, cuando los califas de Damasco fueron vencidos por los Abasíes, quienes instalaron su capital en Bagdad. El único Omeya que se salvó huyó a Al-Ándalus y se hizo dueño del poder. Gobernó con el nombre de Abd al-Rahman I.
Evolución de Al-Ándalus: El Califato
El Califato de Córdoba
En el siglo X, parecía que Al-Ándalus iba a hundirse por las revueltas y el avance de los reinos cristianos. Sin embargo, Abd al-Rahman III acabó con las rebeliones internas, fortaleció el poder político y venció a los enemigos. Se proclamó Califa en 929, siendo reconocido como jefe espiritual por los musulmanes del norte de África. Así nació el Califato de Córdoba, la etapa de mayor brillantez de Al-Ándalus.
El califa Hixem II abandonó el poder en manos de su primer ministro, Al-Mansur (Almanzor). Este dirigió el califato y reorganizó el ejército con fuertes contingentes de mercenarios, realizando expediciones de saqueo contra territorios cristianos del norte. Después de la muerte de Al-Mansur, no hubo califa ni ministro capaz de sostener el califato. Tras treinta años de luchas internas (1031), el Califato de Córdoba se disgregó en numerosos reinos que recibieron el nombre de Taifas.
Poderes del Califa
El califa tenía poder absoluto: era juez supremo, general de los ejércitos y podía nombrar o deponer a los funcionarios. La administración estaba centralizada. El califa, con ayuda de un primer ministro (visir) y de altos funcionarios, nombraba a los gobernadores (walíes) de las provincias y a los principales funcionarios de las ciudades, entre ellos los jueces (cadíes). Era preciso cobrar impuestos para mantener los gastos lujosos de la corte.