Hannah Arendt: Acción, Discurso y la Crisis de la Política Contemporánea
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Acción y Discurso: Fundamentos de la Vida Política
La obra de Arendt representa una sugerente extensión práctica del pensamiento fenomenológico, en cuanto que la vida social y política, así como la técnica y la industria, se construyen sobre la tendencia humana originaria orientada a compartir la experiencia común de la polis. Retomando a Aristóteles, esto supone reconocer que el ser humano pertenece a dos órdenes de existencia: el privado y el comunitario.
Los atributos humanos esenciales son la acción y el discurso, formas básicas por las que la subjetividad se dirige y se hace efectiva en el mundo. Sobre su unidad indisociable se sustenta la vida social y política.
Lenguaje, Persuasión y el Origen de la Violencia
Lenguaje y Persuasión en la Polis
La unidad discurso-acción convierte la vida política en un ámbito donde el lenguaje no es tanto un instrumento para contestar, replicar o argumentar, sino una forma específica de persuadir. De este modo, ser político —es decir, convivir en la polis—, más que una forma de asociación mediada por el ejercicio del poder, consiste en participar en la certeza de que la acción común se establece a través de «palabras y de persuasión», y no por la fuerza y la violencia.
El Origen de la Violencia
Cuando el poder se ejerce prescindiendo de los vínculos con la comunidad, el trasfondo comunicativo se pervierte, dando origen a la violencia. Las formas de violencia, originadas al disociar discurso y acción, acarrean la perversión de los vínculos originales y crean un mundo humanamente ficticio, asestando un golpe mortal a las posibilidades de vida y trabajo compartidos, que son la garantía de la pervivencia y el progreso de cualquier sociedad. Lamentablemente, la vida política contemporánea olvida, de modo casi generalizado, esta vinculación esencial entre discurso y acción.
Totalitarismo y la Importancia de la Acción Política
El Origen del Totalitarismo y el Desencanto Democrático
Arendt examina críticamente toda clase de totalitarismos (el nazismo y el estalinismo), manteniendo también una actitud crítica con ciertas formas de sionismo o con el «eraso» [sic].
Ella identifica el origen de los totalitarismos en el desencanto que se produce en las democracias que abandonan la acción política para buscar solo la satisfacción consumista de las necesidades más inmediatas. Este abandono de la acción permite el surgimiento de regímenes que Arendt define por las siguientes características:
- Están basados en una ideología que subordina absolutamente el individuo al destino de la colectividad.
- Los líderes ejercen un control total.
- Los individuos renuncian a la libertad individual a cambio de una seguridad colectiva.
Arendt considera que la participación en las atrocidades cometidas por estos regímenes puede explicarse por la suspensión de la capacidad de pensar y juzgar sobre la acción. De ahí la reivindicación que hace la filósofa de la importancia de la acción y la reflexión sobre ella: el discurso.
La Reivindicación de la Actividad Política
Según Arendt, para el desarrollo de las sociedades, es fundamental que los seres humanos se comprometan con la acción política. Solo a través de la participación política podrán ser dueños de su historia.
Cuando los ciudadanos no son capaces de tomar decisiones políticas, se producen graves consecuencias:
- Se alejan de la autonomía moral.
- Se vuelven dependientes de otros que sí toman las decisiones.
- Pierden su pensamiento propio y su individualidad al buscar la integración en grupos que promueven una identidad fuerte (nacional, religiosa, étnica, etc.).
Para evitar estos peligros y el avance del totalitarismo, Arendt propone la creación de un espacio público robusto para la participación ciudadana.