El Fin de la Guerra del Peloponeso y el Ascenso de los Treinta Tiranos

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El desenlace de la Guerra del Peloponeso

Epei d eke: Cuando llegó al cuarto mes, anunció en la asamblea que Lisandro lo había retenido hasta entonces; que, además, luego le ordenó ir a Lacedemonia, pues él no era el responsable de lo que le estaban preguntando, sino los éforos. Después de esto, Terámenes fue elegido embajador autónomo ante Lacedemonia durante diez años.

Teramenes d kai oi alloi: Cuando Terámenes y el resto de embajadores estaban en Selasia, siendo preguntados por qué motivo volvían, dijeron que, como responsables de paz, los éforos ordenaron llamarles. Cuando llegaron, convocaron una asamblea en la que los corintios, los tebanos sobre todo y todos los demás griegos, se opusieron a pactar con los atenienses, pero no a destruirla.

Las condiciones de paz y la rendición de Atenas

Lakedaimonioi d ouk efasan: Los lacedemonios dijeron que no iban a esclavizar a una ciudad griega que había realizado tantas cosas buenas en los mayores peligros sucedidos en Grecia. En cambio, harían la paz según la cual: destruyendo los muros y el Pireo, entregando las naves excepto doce, liberando a los prisioneros y considerándolo al mismo amigo o enemigo, seguirían a los lacedemonios por tierra y por mar a donde les condujeran.

Teramenes d kai oi sun auto: Terámenes y los embajadores que iban con él relataron esto a Atenas. Al entrar, una gran multitud los rodeó, teniendo miedo de que llegasen sin solución, pues no iban a aguantar más debido a la cantidad de gente que se estaba muriendo de hambre.

La caída de los muros y el inicio de la tiranía

Te d usteraia: Al día siguiente, los embajadores anunciaron las condiciones según las cuales los lacedemonios harían la paz. De entre ellos habló primero Terámenes, diciendo que era necesario obedecer a los lacedemonios y destruir los muros. Habiéndosele opuesto algunos, pero estando de acuerdo muchos, les pareció bien aceptar la paz.

Meta d tauta Lisandros kateplei: Después de esto, Lisandro navegó hacia el Pireo, los refugiados regresaron y se empezó a derruir los muros con mucho ánimo al son de las flautas, creyendo que aquel día era el primero de la libertad para los griegos.

Kai d eniautos: Acabó ese año en el que gobernó el tirano Dionisio el Siracusiano, hijo de Hermócrates, habiendo sido derrotados los cartagineses por los siracusianos, capturando Ácragas por privación de alimento y abandonando los sicilianos la ciudad.

El gobierno de los Treinta

  • Elección de los Treinta: Fueron elegidos con la condición de escribir las leyes bajo las cuales se gobernarían.
  • Demoras: No paraban de tardar en escribirlas y publicarlas, disponiendo un consejo y los demás gobiernos como les convino.
  • Purga política: En primer lugar, a aquellos que sabían que en la democracia habían vivido del engaño y habían sido desleales con los aristócratas, los capturaron a todos y los condenaron con gusto.

Consolidación del poder y represión

Epei d erzanto: Cuando comenzaron a tomar consideración de cómo sería posible manejar la ciudad de la manera que quisieran, habiendo enviado a Lacedemonia a Esquines y a Aristóteles, persuadieron a Lisandro de que colaborara con ellos enviando unas guarniciones, hasta que, habiéndose librado de los delincuentes, pudiesen establecer su forma de gobierno. Prometieron que ellos mismos la mantendrían.

Oi d presbeis tous te frourous: Lisandro, siendo convencido, hizo que unas guarniciones y el harmosta Calibio fuesen enviados con ellos. Cuando recibieron la guarnición, se ocuparon de Calibio con toda preocupación para que estuviera de acuerdo en todo lo que hicieran. Enviando otra vez la guarnición, arrestaron a quienes quisieran: no solo a los delincuentes, sino también a los de baja condición y a quienes consideraron que no consentirían ser rechazados, consiguiendo así el mayor número de aliados.

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