La Guerra de la Independencia y las Cortes de Cádiz: origen del liberalismo en España (1808-1814)
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1) Introducción
En sintonía con el avance de las ideas liberales en Europa, la crisis del Antiguo Régimen que se había venido gestando en España durante todo el reinado de Carlos IV eclosionó en 1808 con la ocupación del país por parte de los franceses y el estallido de la guerra, que propició un cambio político y socioeconómico que supuso la transformación de las bases del Antiguo Régimen (sociedad estamental y monarquía absoluta) por las del Estado liberal con la proclamación de las Cortes de Cádiz. Con la labor legislativa desarrollada en estas (Constitución de 1812 y toda una serie de decretos de corte liberal) se iniciaba en España el modelo de Estado liberal-burgués.
2) Antecedentes
2.1) Las repercusiones de la Revolución francesa
Cuando estalló la Revolución francesa en 1789, gobernaba en España Carlos IV (reinó entre 1788 y 1808). Este se desentendió de los asuntos de Estado, dejando el gobierno en manos de ministros. Primero fue Floridablanca, después Aranda y, por último, Godoy, hidalgo extremeño que, gracias a los favores de la reina, escaló hasta la más alta institución del Estado, lo que generó una gran controversia.
En un principio, la política ante los sucesos franceses fue de censura y neutralidad, pero ante la muerte en la guillotina del rey francés Luis XVI (1792) y ya bajo el mandato de Godoy, España se incorporó a la coalición europea liderada por Inglaterra, que declaró la guerra a Francia, y de la que no salió muy bien parada. Sin embargo, pronto cambió el escenario: la llegada al poder francés de un gobierno más moderado, la firma de la paz de Basilea (1795) y la rivalidad colonial con los ingleses llevó a Godoy a firmar el Tratado de San Ildefonso (1796) con Francia.
Fruto de esta coalición, la flota española fue derrotada en la famosa batalla de Trafalgar (1805). En 1807, Godoy volvió a firmar un tratado con Francia, el de Fontainebleau (27 de octubre), por el que se le daba permiso para pasar a las tropas francesas por España para invadir Portugal, recibiendo a cambio Godoy el reinado de un tercio del país, y que finalmente significó la ocupación francesa de todo el territorio ibérico.
2.2) La crisis dinástica
La política de Godoy a favor de los franceses suscitó una oposición organizada en torno al hijo de Carlos IV y rival de Godoy, Fernando. Llevaron a cabo una serie de conspiraciones: 1) la primera, conocida como la Conjura del Escorial (1807), fracasó porque fue descubierta por Godoy y se saldó con el perdón del rey a su hijo; 2) la segunda, conocida como el Motín de Aranjuez (1808).
La división de la familia real fue aprovechada por Napoleón. Con la excusa de mediar en el conflicto, los atrajo a la localidad francesa de Bayona, donde los obligó a abdicar en su persona. Napoleón quedaba oficialmente convertido en el dueño y señor de España, nombrando rey a su hermano José (José I). Estos excesos, unidos a la ocupación de la mayor parte de la península por las tropas francesas, motivaron el levantamiento popular del 2 de mayo en Madrid, duramente reprimido por las tropas francesas lideradas por Murat. Sin embargo, la mecha se había encendido: en pocos días, el ejemplo madrileño fue seguido en toda España. La guerra había comenzado.
3) 1808-1814: guerra, reformismo francés y revolución política
3.1) La Guerra de la Independencia
3.1.1) Características
- Carácter internacional: no solo se vieron implicadas Francia y España, sino también Portugal e Inglaterra.
- Carácter civil: supuso la pugna entre los afrancesados y el resto de españoles que se opusieron a la invasión francesa.
- Carácter político: ante la ausencia del monarca, se improvisó un poder político que actuó en nombre del rey y se convirtió en el principal artífice de la revolución burguesa.
3.1.2) Fases
- Retroceso del invasor (mayo a finales de 1808): los planes de Napoleón eran ocupar Madrid, Levante y Andalucía. Sin embargo, la ocupación fracasó en Madrid con el levantamiento del pueblo el 2 y 3 de mayo de 1808. Ante este panorama, José I y su gobierno huyeron a Vitoria, sus tropas se replegaron hacia el Ebro, dejando a Junot y sus hombres aislados en Portugal, lo que significó su derrota a manos de las tropas inglesas del futuro duque de Wellington. Los ingleses mantuvieron estrechas relaciones con las autoridades españolas conscientes de la importancia que tenían estos acontecimientos en su enfrentamiento con Napoleón.
- Ocupación francesa (finales de 1808-1812): ante las derrotas anteriores, Napoleón decidió intervenir directamente al mando de sus tropas más cualificadas (Gran Armée, 300 000 hombres). Durante este período se consolidó la guerrilla, forma de lucha que hizo mucho daño a los franceses. Surgió tras la descomposición de los ejércitos españoles y se caracterizó por la formación de grupos de combatientes que se aprovechaban de su conocimiento del terreno o de la ayuda popular para atacar por sorpresa al enemigo. Sus dirigentes más destacados fueron el Empecinado o el cura Merino.
- Fin de la guerra (1812-1814): en estos años se formó una nueva coalición europea contra Napoleón que lo llevó a abandonar el país con su ejército para destinarlo a Rusia. Esto fue aprovechado por la coalición anglo-española al mando del general Wellington para derrotar a las tropas francesas en Arapiles (Salamanca, 22 de julio de 1812), obligando a José Bonaparte a huir temporalmente a Valencia. Con la llegada de la primavera se planteó una nueva ofensiva, esta vez definitiva, que culminó con la huida de las tropas francesas tras la derrota en la batalla de Vitoria (21 de junio de 1813). Los episodios bélicos continuaron en el norte y se saldaron nuevamente con victorias anglo-españolas tras las batallas de los Pirineos y San Marcial. En octubre, las tropas aliadas entraban en suelo francés. Pocas semanas después se firmaba el Tratado de Valençay (11 de diciembre de 1813), por el que Napoleón reconocía a Fernando VII como rey de España, devolviéndole sus territorios tal y como estaban antes de la guerra.
3.2) Reformismo francés: el reinado de José I
Antes de trasladarse a España, convocó una asamblea de notables con la idea de aprobar una ley fundamental para el país: la Constitución o Estatuto de Bayona. Aunque la Constitución fue la carta otorgada, pues mantenía un régimen autoritario a pesar de contar con muchas disposiciones de tipo liberal, que fueron complementadas con los decretos de Chamartín. Toda esta obra nunca llegó a aplicarse del todo debido a la guerra y fue derogada con el retorno de Fernando VII.
3.3) Revolución política: Juntas y Cortes de Cádiz
3.3.1) Juntas (1808-1810)
El levantamiento popular fue seguido por la formación de juntas locales y provinciales con el objetivo de articular la resistencia contra los invasores y llenar el vacío de poder existente tras las abdicaciones de Bayona. Sin embargo, ante la necesidad de coordinar la resistencia y gobernar el país, decidieron crear una Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino (septiembre de 1808), en la que estaban representadas todas las provincias a través de sus 36 delegados. Su presidencia recayó en Floridablanca y tuvo su sede en Aranjuez, pero ante el avance francés tuvo que trasladarse a Sevilla y luego a Cádiz.
Desde un principio se puso de manifiesto el enfrentamiento entre quienes se oponían a cualquier reforma que alterara el Antiguo Régimen y quienes representaban tendencias más revolucionarias. Finalmente, tras la muerte de Floridablanca y tras largas discusiones en enero de 1810, por iniciativa de Calvo de Rozas, se convocaron las Cortes; la Junta Central cedió su poder a una Regencia y se autodisolvió.
3.3.2) Cortes de Cádiz (1810-1814)
Su obra no dejó de ser xenofóbica en lo social: se admiraban las ideas francesas, pero se rechazaba su dominio. Desde su convocatoria se plantearon varios problemas: 1) cómo convocarlas, por estamentos o en una sola cámara que representara a toda la nación; 2) qué asuntos debían tratarse, para lo cual se creó una comisión presidida por Jovellanos; 3) dónde reunirlas, acordándose en Cádiz.
Las Cortes abrieron sus sesiones por primera vez el 24 de septiembre de 1810 en la Isla de León, formadas por 300 diputados. Desde un principio se puso de manifiesto la existencia de tres grupos ideológicos: 1) liberales: partidarios de la soberanía nacional, sociedad sin estamentos, constitución y reformas revolucionarias; 2) jovellanistas: seguidores del ilustrado Jovellanos, querían reformas sin romper con la tradición; 3) absolutistas o serviles: partidarios del Antiguo Régimen, para quienes todo se resolvería con la expulsión de los franceses y el retorno de Fernando VII.
La labor realizada por las Cortes para la disolución del Antiguo Régimen fue doble: 1) crearon la Constitución de 1812; 2) llevaron a cabo una serie de disposiciones económicas y sociales.
3.3.2.1) Constitución de 1812
Para su elaboración se creó una comisión de 14 miembros presidida por el sacerdote liberal Muñoz Torrero. Finalmente se aprobó el 19 de marzo de 1812. Se elaboró un texto formado por 384 artículos divididos en 10 títulos, siendo sus principios fundamentales:
- Soberanía nacional: la soberanía ya no recaía en el rey como en el Antiguo Régimen, sino en la nación.
- División de poderes: se estableció siguiendo las ideas ilustradas de la división de poderes de Montesquieu, frente al Antiguo Régimen, donde los poderes los concentraba el rey. Estos eran: 1) legislativo: Cortes unicamerales, elegidas por sufragio universal masculino indirecto; 2) ejecutivo: rey y sus ministros, se nombró rey a Fernando VII; 3) judicial: tribunales de justicia. Se avanzó en la igualdad jurídica y derechos del ciudadano.
- Religión: confesionalidad católica del Estado, quedando prohibida cualquier otra.
- Orientación centralista: se buscaba una unificación política respondiendo a intereses prácticos y utilitaristas propios del liberalismo.
- Derechos y libertades individuales: propios del nuevo sistema liberal que transformaban las bases de la sociedad estamental. Destacaron: 1) igualdad impositiva y ante la ley, lo que significaba el fin de los privilegios del clero y la nobleza; 2) derecho a la propiedad y a la educación; 3) libertad de imprenta.
3.3.2.2) Medidas económicas y sociales
Destacaron: 1) abolición de los derechos jurisdiccionales y conversión de los señoríos territoriales en particulares, con lo que se liberalizaba su posesión; 2) supresión de la Inquisición e inicio de medidas desamortizadoras sobre tierras de la Iglesia, con lo que se acababa con ciertos privilegios de la Iglesia; 3) supresión de la Mesta, con lo que se liberalizaba el sector ganadero y se acababan los privilegios de los ganaderos respecto a los agricultores; 4) liberalización del comercio y la industria.
4) El retorno de Fernando VII
Una vez en el trono, Fernando VII (1814), en contra de las expectativas de los legisladores gaditanos, intentó mantener todas las instituciones del Antiguo Régimen al declarar nulas todas las medidas de las Cortes mediante un decreto del 4 de mayo de 1814. No obstante, a lo largo de su mandato (1814-1833) tuvo que hacer frente a varios pronunciamientos liberales e incluso tuvo que aceptar de nuevo el liberalismo durante tres años, durante el conocido Trienio Liberal (1820-1823). Sin embargo, el liberalismo no se implantó definitivamente hasta su muerte en 1833.
5) Conclusión
Independientemente de los acontecimientos acaecidos, la labor desarrollada por las Cortes de Cádiz tuvo una importancia vital para la historia de España. Supuso la primera toma de contacto con el liberalismo en España. Su obra, sobre todo la Constitución de 1812, sirvió de base para la implantación posterior del liberalismo en España y de ejemplo para las revoluciones liberales europeas y los procesos emancipadores iberoamericanos.