La Guerra Civil Española (1936-1939): Fases, Dimensión Política y Consecuencias
1. El golpe de Estado se transforma en Guerra Civil
El pronunciamiento militar estaba previsto como un acto diseñado por el general Mola, fijado para el 18 de julio de 1936. Estalló en el protectorado marroquí y en Melilla; triunfó en algunas zonas y fracasó en otras, y estas diferencias significaron que el golpe se transformara en una larga guerra.
El alzamiento militar triunfó en el protectorado marroquí, Galicia, Castilla, Navarra, gran parte de Aragón, las islas Canarias y Baleares, y las ciudades de la Andalucía del Guadalquivir. Las zonas más industrializadas u obreras fracasaron y se mantuvieron en libertad con la República.
Los sublevados contaron con el apoyo de los militares conservadores, monárquicos y demás grupos de derecha, sectores católicos y todos aquellos que veían con miedo la llegada de grupos de izquierda al poder. Los leales a la República eran grupos obreros industriales o campesinos de izquierdas y las clases medias urbanas republicanas.
2. La internacionalización del conflicto
La Guerra de España se vivió a nivel internacional como un precedente de la Segunda Guerra Mundial. El miedo a la extensión del conflicto al resto de Europa hizo que Gran Bretaña intentara que no se interviniera en la contienda española.
La República contó con un apoyo testimonial de México y, fundamentalmente, de la URSS, aunque todos los envíos de armas por parte de los soviéticos fueron comprados gracias a las reservas de oro del Banco de España. Asimismo, más de 60.000 voluntarios antifascistas de todo el mundo llegaron en defensa de la República (las Brigadas Internacionales).
Por su parte, el bando franquista recibió ayuda de la vecina dictadura de Portugal, pero sobre todo de la Italia fascista y la Alemania nazi. Destaca también el apoyo ideológico que recibió del Papado.
3. El desarrollo militar de la guerra
- La guerra de columnas (julio - noviembre de 1936): El ejército sublevado, compuesto por legionarios y regulares, cruzó desde Marruecos hasta Cádiz y conquistó Badajoz y Toledo para enlazar con los territorios que controlaban en el norte de la península. Intentaron tomar Madrid de forma rápida, pero Madrid resistió al grito de «¡No pasarán!». La resistencia de Madrid provocó que el proyecto de la guerra rápida fracasara.
- La guerra alrededor de Madrid y en el Norte (diciembre de 1936 - 1937): Ante la imposibilidad de terminar la guerra de forma rápida, se impone la guerra cruel; fue el momento en el que llegaron las ayudas internacionales a los dos bandos. Se vivieron grandes batallas en torno a Madrid para cortar los suministros a la capital. En febrero de 1937, el ejército franquista conquistó Málaga. Franco decidió trasladar el ejército a la cornisa cantábrica. Fue célebre el bombardeo en la ciudad de Guernica, al ser el primero sobre población civil de toda la historia y que quedaría inmortalizado en la obra de Pablo Picasso.
- La ofensiva hacia el Mediterráneo (noviembre de 1937 - junio de 1938): En esta etapa las principales acciones bélicas se vivieron en Aragón y Teruel.
- La batalla del Ebro y el fin de la guerra (julio de 1938 - noviembre de 1938): La batalla del Ebro fue la mayor de la contienda y en ella midieron sus fuerzas ambos ejércitos. Concluyó con el ejército republicano muy debilitado y su territorio dividido en dos.
- El final de la guerra (noviembre de 1938 - abril de 1939): Tras la llegada del ejército de Franco al Mediterráneo, decidió conquistar Barcelona y el resto de Cataluña en enero de 1939. Francia y Gran Bretaña reconocieron al gobierno de Franco y Manuel Azaña dimitió como presidente de la República. En marzo de 1939, los restos de la resistencia republicana reunidos en Madrid intentaron una negociación honrosa, pero Franco no aceptó; el ejército vencedor ocupó Madrid y las ciudades mediterráneas, y el 1 de abril de 1939 Franco firmó el último parte de la guerra.
4. La dimensión interna de la Guerra Civil española
4.1. La evolución de la zona republicana
Antes del alzamiento militar en julio de 1936, los desórdenes públicos, las huelgas y los enfrentamientos eran graves. Sin embargo, no existía peligro alguno de que estallase una revuelta o revolución al estilo de la Rusia soviética. El presidente de la República era Manuel Azaña, mientras que el gobierno estaba en manos del Frente Popular.
Al estallar el conflicto, el gobierno republicano presidido por Casares Quiroga dimitió, siendo sustituido por José Giral. El nuevo presidente intentó formar un ejército fiel entregando armas a las milicias de los partidos que lo apoyaban. Sin embargo, la principal característica de su mandato fue el derrumbe del poder del Estado, que no era capaz de controlar la revolución social que se desencadenó, ni los asesinatos indiscriminados contra los sectores católicos y conservadores. Muchos de los perseguidos huyeron a zonas sublevadas o se escondieron.
En ese momento se desencadenó una revolución social de carácter colectivista en los territorios que fueron fieles a la República. Esta revolución fue especialmente importante en Cataluña, donde se colectivizó la industria en octubre de 1936, y en Aragón, Valencia, La Mancha y Andalucía, donde se comenzó la colectivización de las tierras. Los pueblos y ciudades fueron controlados por comités revolucionarios, siendo perseguidos los sectores proclives al levantamiento militar.
En septiembre de 1936, el socialista Largo Caballero sustituyó a Giral, siendo apoyado y acompañado en el gobierno por republicanos, socialistas, comunistas y anarcosindicalistas. Intentó acabar con el desorden público, se trasladó a Valencia por los ataques franquistas contra Madrid y recompuso el ejército republicano. Sin embargo, no pudo evitar una auténtica guerra civil dentro de sus filas en Barcelona entre los anarquistas y los marxistas del POUM frente a los comunistas y los socialistas. Los enfrentamientos sangrientos entre los distintos grupos fieles a la República terminaron con el aplastamiento de los anarquistas y el debilitamiento de Largo Caballero, quien finalmente dimitió.
Le sustituyó en mayo de 1937 el socialista Juan Negrín. Tuvo un claro apoyo del PCE e intentó devolver la autoridad al gobierno republicano y a la resistencia ante el avance franquista. También intentó una salida negociada a la guerra y la permanencia de la República tras el fin de la lucha; sin embargo, Franco no aceptó ninguna de sus propuestas. Tras la derrota republicana en Teruel, el hambre y la pobreza empezaron a crecer y solo se insistía en la resistencia militar, esperando que el estallido de la inminente Segunda Guerra Mundial hiciese que el escenario español cambiase. El estallido europeo no llegó a tiempo y la derrota republicana les envió al exilio, en concreto a México.
4.2. La evolución de la zona franquista
Los militares sublevados en julio de 1936 crearon un organismo denominado Junta de Defensa Nacional, integrada por militares como Mola, Franco o Queipo de Llano. La Junta tenía la misión de gobernar los territorios fieles a los militares, donde se suspendió la Constitución, las reformas de la República y los partidos políticos.
La muerte accidental del general Sanjurjo les llevó a buscar un nuevo líder, siendo escogido Franco en septiembre de 1936. Seguidamente fue nombrado «Jefe del Gobierno del Estado» y «Generalísimo de los Ejércitos», desapareciendo así la Junta de Defensa Nacional. Los partidos republicanos fueron reprimidos y perseguidos, por lo que solo actuaban grupos como la Falange, la Comunión Tradicionalista y se toleraba a la CEDA.
Por último, destacó el apoyo que Franco recibió de la Iglesia, debido a la difícil situación que esta vivió durante la República. Para lograr una mayor eficacia, los poderes políticos y militares se concentraron en el general Franco y se creó un partido único de corte fascista para evitar rivalidades: la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, presidida por él mismo.
En enero de 1938, el nuevo Estado constituyó su primer gobierno con sede en Burgos. Franco acumuló todos los poderes y pasó a ser denominado «Caudillo de España». Antes de que acabara la contienda se comenzaron a legislar algunas de sus Leyes Fundamentales, entre las que destacó el Fuero del Trabajo, inspirado en los principios falangistas: se crearon los sindicatos verticales (que agrupaban tanto a empresarios como a trabajadores), se ilegalizaron las huelgas, se controlaron los medios de comunicación a través de la censura y se promulgaron leyes que devolvieron la relevancia social a la Iglesia. Finalmente, la Ley de Responsabilidades Políticas abrió la vía legal para sancionar y procesar a personas vinculadas a la izquierda.
5. La represión y las víctimas de la guerra
Las víctimas de la guerra se produjeron por múltiples causas: combates, represión, hambre, enfermedades, encarcelamientos y exilio, sumado a unas destrucciones materiales devastadoras.
La represión y la persecución de los adversarios constituyó una constante en ambos bandos. En la zona republicana afectó a simpatizantes de la derecha a manos de milicias y militantes de partidos de izquierda, existiendo incluso cárceles clandestinas (las checas) donde se practicaron torturas y ejecuciones sumarias. Estas acciones escapan al control directo del gobierno republicano, evidenciando el colapso de las instituciones estatales.
En el bando franquista, la represión fue igualmente atroz. La principal diferencia respecto a la zona republicana radica en que fue institucionalizada y ejercida directamente por las propias autoridades, prolongándose incluso tras la conclusión de la contienda. Resultaron paradigmáticas las ejecuciones de intelectuales como Federico García Lorca o de figuras políticas como Lluís Companys, presidente de la Generalitat catalana.
En segundo término, cabe subrayar el grave problema derivado del éxodo y desplazamiento de refugiados. Conforme avanzaban las tropas franquistas, miles de familias abandonaban sus hogares en dirección a las áreas bajo control republicano. Se organizaron evacuaciones de población civil hacia Cataluña, el Levante e incluso el extranjero, siendo representativo el caso de las expediciones marítimas infantiles hacia la Unión Soviética (los conocidos como «niños de Rusia»), quienes permanecieron allí concluido el conflicto.
Finalmente, consumada la derrota republicana, cerca de medio millón de personas cruzaron la frontera con Francia a pie, en camiones o en automóviles. Gran parte de estos refugiados fueron confinados en playas próximas bajo condiciones precarias en campos de internamiento improvisados. Aunque aproximadamente la mitad regresó a España meses después, un volumen sustancial permaneció en el exilio: un contingente relevante permaneció en Francia —llegando a combatir contra la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial—, otros marcharon hacia América Latina (con nutrida presencia de políticos e intelectuales) y los cuadros más afines al comunismo se establecieron en la URSS.
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