Grandes Corrientes de la Historia de la Filosofía: De Platón a Karl Marx

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Platón: Dualismo Ontológico, la Idea del Bien y el Estado Ideal

El Mito de la Caverna y la Epistemología Platónica

La primera idea, que compara la "prisión" con la contemplación del "Sol", se fundamenta en su Dualismo Ontológico. Para Platón existen dos mundos: el sensible y el inteligible. Solo ascender a este último garantiza la verdad. La segunda idea introduce la "Idea del Bien". Según la teoría epistemológica de Platón, las Ideas están jerarquizadas, y el Bien ocupa la cúspide. El Bien es ontológicamente la causa de que existan las cosas y epistemológicamente lo que nos permite conocerlas. Finalmente, la tercera idea es la aplicación práctica de todo lo anterior, basada en el Intelectualismo Moral. Platón afirma que quien sale de la cueva y alcanza a ver la Idea del Bien no puede quedarse contemplando; tiene la obligación moral de volver para gobernar sabiamente la ciudad y guiar su propia alma de manera virtuosa.

La Teoría Política del Estado Ideal

Platón asienta los principios de su Teoría Política del Estado Ideal. La primera y segunda idea rompen con el individualismo. Platón afirma que el Estado es como un organismo vivo; por tanto, la Justicia se alcanza cuando hay armonía entre sus partes. Según su teoría, el Estado se divide en tres clases (productores, guardianes y gobernantes), las cuales corresponden a las tres partes del alma humana (concupiscible, irascible y racional). La ley debe usar la persuasión o la fuerza para que cada clase cumpla su función y no interfiera con las demás, logrando el bien común y no el de una sola élite. La tercera idea justifica el concepto del "gobernante-filósofo". Aunque los filósofos preferirían quedarse en el Mundo de las Ideas estudiando, la ley no se lo permite. Como el Estado los ha educado, Platón les exige por deber moral que gobiernen, utilizando su conocimiento de la Verdad para "unificar el Estado" de manera incorruptible.

Aristóteles: El Ser Humano como Animal Político y la Eudaimonía

La primera idea establece que el ser humano es un "animal político" por su propia esencia biológica, no por una convención social artificial. Para justificarlo, la segunda idea introduce el concepto del Logos. Aristóteles explica que "la naturaleza no hace nada en vano": si nos ha dado lenguaje complejo en vez de simples gruñidos, es para cumplir nuestro fin. Este fin se aclara en la tercera idea, que une la Ética con la Política. El lenguaje nos permite debatir conceptos abstractos. Es la participación colectiva en esta moralidad lo que funda la Polis. Para Aristóteles, la ética está subordinada a la política, porque un humano solo puede desarrollar sus virtudes y alcanzar la Eudaimonía relacionándose dentro del Estado.

Tomás de Aquino: La Relación entre Fe y Razón

En la primera idea, Tomás asume que todo tiende a un fin, pero eleva ese concepto al cristianismo: el fin último del hombre es la visión beatífica de Dios. Sin embargo, argumenta que Dios es infinito, mientras que la "sola razón" humana es finita. Por tanto, para llegar a ese fin, la razón resulta insuficiente y requiere de la Fe. En la tercera idea, Tomás deja claro que la filosofía no es inútil, pero tiene grandes límites. Hay tres tipos de verdades: unas exclusivas de la razón, otras exclusivas de la fe, y unas compartidas. Si la humanidad dependiera solo del razonamiento para salvarse, muchos caerían en "errores". Por ello, concluye que la revelación divina no destruye la razón, sino que la guía y la perfecciona de manera fácil y segura.

René Descartes: El Racionalismo y la Duda Metódica

En la primera idea, Descartes narra cómo decide "rechazar como falso" todo conocimiento anterior. Para ello, aplica tres niveles de duda: duda de los sentidos, duda del entendimiento matemático y duda de la realidad exterior. En la segunda y tercera idea, encuentra el límite a este aparente escepticismo radical. Descartes se percata de una intuición indudable: para que alguien me engañe, o para dudar de todo, yo tengo que estar pensando. Esa actividad mental incesante demuestra mi existencia innegable: Cogito, ergo sum. Esta se convierte en la primera Verdad Evidente, demostrando así la tesis principal del Racionalismo: la verdad no proviene de la experiencia física, sino de la deducción pura de la razón. Desde aquí, Descartes descubrirá que el hombre es, ante todo, una Res Cogitans.

Immanuel Kant: Epistemología y Ética del Deber

El Límite del Conocimiento: Fenómeno y Noúmeno

En la primera idea, Kant pretende resolver la guerra entre empiristas y racionalistas. Advierte que la mente humana está limitada: solo podemos conocer aquello que está dentro de los márgenes de la "experiencia posible" sensorial. Como consecuencia directa, disciplinas como la Metafísica jamás podrán ser ciencia, pues carecen de datos empíricos. La segunda y tercera idea explican este mecanismo de límites. Kant establece que nosotros tenemos estructuras innatas o "a priori", pero que están vacías. Solo sirven para ordenar los datos que entran por los sentidos. Al resultado de esta unión Kant lo llama Fenómeno (lo que se nos aparece y podemos estudiar). Por el contrario, la realidad tal cual es independientemente de nosotros es el Noúmeno o Cosa en sí.

La Dignidad Humana y el Imperativo Categórico

En la primera y tercera idea, Kant dicta que, dado que el ser humano es el único ser que posee Razón y Libertad, posee un valor incalculable e inherente al que llama Dignidad. Por consiguiente, exige tratar siempre a la humanidad "al mismo tiempo como un fin, y nunca puramente como un medio". Esta idea se justifica en contraste con la segunda afirmación del texto: Kant diferencia radicalmente al humano del resto de la naturaleza. Los objetos materiales y los animales existen para satisfacer nuestras "inclinaciones" empíricas. Tienen un "precio" de mercado o un valor "condicionado" a la utilidad que nos aporten, por eso se llaman "cosas". El ser racional, en cambio, está por encima de todo precio, fundamentando el respeto absoluto a los derechos humanos modernos.

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Karl Marx: La Alienación del Trabajo y la Crítica al Capitalismo

La primera y segunda idea describen la "alienación respecto a la actividad". En la fábrica, el trabajo se vuelve "externo", mecánico y agotador. El proletario no trabaja para realizarse, sino de forma "forzada", cobrando un salario de subsistencia mínima únicamente para no morir de hambre. La consecuencia es que odia su propia esencia. La tercera idea profundiza en la raíz del problema estructural: la "alienación respecto al producto y a la propia humanidad". En el capitalismo, debido a la propiedad privada, ni la máquina ni lo que fabrica el obrero le pertenecen; todo el excedente se lo apropia el burgués. Al vender su fuerza de trabajo, el individuo se cosifica, tratándose como una mercancía más. Esta opresión en la infraestructura económica es la que Marx aspira a destruir mediante la revolución.

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