Grandes Corrientes de la Filosofía Moral y Ética Universal
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1. Sócrates y los Sofistas
Los sofistas defendieron el relativismo moral: la moral es una convención humana que varía según culturas y épocas. Su argumento principal era que si la moral tuviera origen divino o natural debería existir un acuerdo universal, pero la diversidad de prácticas morales en el mundo demuestra que ese consenso no existe. Solo reconocían dos normas naturales: la búsqueda del placer y el dominio del más fuerte.
Sócrates los combatió con el intelectualismo moral: nadie obra mal a sabiendas, sino por ignorancia. Quien realmente conoce el bien actúa bien, estableciendo la ecuación Saber = Virtud = Felicidad. No existe la culpa sino la ignorancia, que se manifiesta en la valoración errónea de las cosas. Los conceptos morales son universales y objetivos, alcanzables mediante la razón y el diálogo. Utilizaba la mayéutica para llegar a definiciones universales de los valores morales, partiendo del principio délfico “conócete a ti mismo”.
2. Platón
Platón vincula la ética a su concepción del alma, que divide en tres partes:
- El alma racional, que debe ser prudente y sabia.
- El alma irascible, que debe ser valiente y fuerte.
- El alma concupiscible, que debe actuar con templanza y moderación.
Una vida ética depende de que la parte racional gobierne a las otras dos. De esta estructura surgen las cuatro virtudes cardinales: la sabiduría, la fortaleza, la templanza y la justicia, que es la virtud suprema y consiste en la armonía entre las tres partes del alma cuando cada una cumple su función. Esta justicia se aplica tanto al individuo como a la sociedad. Comparte con Sócrates el intelectualismo moral: quien conoce el Bien actúa necesariamente bien, y quien actúa mal lo hace por ignorancia, no por maldad. La solución está en la educación.
3. Eudemonismo (Aristóteles)
Aristóteles sostiene que el bien supremo es la felicidad (eudaimonia), alcanzada cuando el ser humano desarrolla al máximo su función exclusiva: la razón. Las actividades que compartimos con plantas y animales, como alimentarse o reproducirse, no nos definen; solo la capacidad de pensar y razonar es propia del ser humano.
El medio para alcanzar esa vida racional son las virtudes, hábitos adquiridos mediante la práctica. Distingue entre:
- Virtudes dianoéticas o intelectuales: entre las que destacan la sabiduría y la prudencia.
- Virtudes éticas o morales: que consisten en el término medio entre dos extremos viciosos. Por ejemplo, la valentía es el término medio entre la cobardía y la temeridad, y la templanza entre el libertinaje y la insensibilidad.
Además, distingue la justicia distributiva, que reparte según los méritos de cada uno, y la justicia conmutativa, que restaura el equilibrio cuando se produce un daño. Sin justicia no hay felicidad, pues el ser humano no puede serlo en un Estado injusto.
4. Hedonismo (Epicuro)
Epicuro defiende que el bien supremo es el placer (hedoné), entendido no como placer desenfrenado sino como ausencia de dolor en el cuerpo (aponía) y de perturbaciones en el alma (ataraxia). La persona sabia es aquella que sabe calcular qué placeres aceptar y cuáles rechazar según convenga.
Clasifica los deseos en tres tipos:
- Naturales y necesarios: como alimentarse o dormir, que siempre deben satisfacerse.
- Naturales y no necesarios: como los placeres refinados, que deben moderarse.
- No naturales ni necesarios: como la fama, el poder o la riqueza, a los que debe renunciarse porque nunca se sacian.
Propone el Tetrafármaco para eliminar los cuatro grandes miedos: a los dioses, al destino, a la muerte y al dolor. Da especial importancia a los placeres del alma como la amistad o el conocimiento, que considera superiores a los del cuerpo porque abarcan pasado, presente y futuro.
5. Estoicismo
Fundado por Zenón, el estoicismo propone que el bien moral consiste en vivir de acuerdo con la naturaleza y la razón universal, el Logos, que rige todo el universo. Son panteístas porque identifican a Dios con el universo y el Logos, materialistas porque sostienen que solo existe la materia, y deterministas porque creen que todo está regido por un orden racional.
El ser humano debe aceptar el destino con impasibilidad (apatheia) y tranquilidad de ánimo (ataraxia), permaneciendo impasible ante todo lo que no depende de él como el amor, la salud o la muerte. Las pasiones son errores de juicio y deben eliminarse mediante el autodominio y la voluntad. Crisipo señaló cuatro pasiones básicas: dolor, temor, placer y deseo sensual. La virtud no admite grados: o se es virtuoso o no, y quien tiene una virtud las tiene todas. El ideal es el sabio que vive conforme al Logos y está libre de pasiones, aunque este ideal es prácticamente inalcanzable.
6. Iusnaturalismo / Ética Cristiana (Tomás de Aquino)
Para Tomás de Aquino la felicidad consiste en merecer la vida eterna siguiendo la ley natural, que es la parte de la ley eterna de Dios accesible a la razón humana. El ser humano, por su naturaleza racional, tiene la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, y se siente naturalmente inclinado a seguir esa ley. Su precepto fundamental es hacer el bien y evitar el mal, del que derivan tres preceptos secundarios:
- Conservar la vida.
- Procrear y cuidar la especie.
- Buscar la verdad, especialmente a Dios como suma verdad.
La ley positiva o humana debe respetar siempre la ley natural; si la contradice es injusta y no debe obedecerse. Integra la ética aristotélica distinguiendo virtudes dianoéticas y virtudes éticas. Entre estas últimas destaca las virtudes cardinales: prudencia, fortaleza, templanza y justicia, que se rigen por el término medio aristotélico. Además añade las virtudes teologales propias del cristianismo: la fe, la esperanza y la caridad, siendo esta última la más importante.
7. Ética Utilitarista (Bentham y Mill)
El principio fundamental del utilitarismo es que una acción es buena cuando produce la mayor felicidad para el mayor número de personas. La felicidad se entiende como placer y ausencia de dolor, y en cada acción debe calcularse la cantidad de utilidad que proporcionará, teniendo en cuenta no solo el interés individual sino también el colectivo.
Bentham defiende el utilitarismo de los actos y crea la aritmética de placeres, midiendo el placer según criterios como la intensidad, la duración, la certeza, la extensión, la proximidad, la fecundidad y la pureza, considerando todos los placeres cualitativamente iguales. Mill defiende el utilitarismo de la regla y añade que no todos los placeres son iguales, importando también su calidad. Los placeres intelectuales y morales son superiores a los físicos, resumiéndolo en su famosa frase: "es mejor ser un Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho". Ambos coinciden en que la felicidad individual debe ser compatible con la colectiva, y que las leyes e instituciones deben promover el bien común.
8. La Buena Voluntad Kantiana
Para Kant lo que hace moralmente buena una acción no son sus consecuencias sino la intención con la que se realiza: actuar por deber y por respeto a la ley moral. Distingue tres tipos de acciones:
- Las contrarias al deber, que son inmorales.
- Las conformes al deber pero realizadas por interés o miedo, que carecen de valor moral.
- Las conformes al deber realizadas por respeto al deber, que son las únicas moralmente buenas.
Formula el imperativo categórico, que es una ley universal, objetiva y de obligado cumplimiento para todo ser racional. Su primera formulación establece obrar solo según una máxima que puedas querer que se convierta en ley universal. Su tercera formulación exige usar la humanidad, tanto en la propia persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio. A diferencia de los imperativos hipotéticos, el categórico ordena algo como bueno en sí mismo. Es una ética autónoma porque cada persona se da su propia ley moral, formal porque no dice qué hacer sino cómo actuar, y deontológica porque se basa en el deber y no en las consecuencias.
9. Nietzsche: Moral de Señores y Esclavos
Nietzsche sostiene que los valores tradicionales de la cultura occidental han perdido validez y que es necesario forjar nuevos principios. Distingue dos tipos de moral opuestas:
- La moral de los señores: propia de individuos fuertes, superiores y autónomos que crean sus propios valores como la plenitud, el poder, la fuerza y la disciplina.
- La moral de los esclavos: propia de individuos débiles que promueven los valores que protegen su debilidad: la compasión, la humildad, la igualdad y la paciencia.
Nietzsche critica que en la cultura occidental ha triunfado la moral de los esclavos, impulsada por el racionalismo griego y el cristianismo. Frente a esto propone la transmutación de los valores, sustituyendo la humildad por el orgullo. El ideal es el superhombre, que rechaza la razón e elige los instintos, conoce la voluntad de poder como fuerza creadora y vive según el eterno retorno: actúa siempre de tal modo que desees que tus acciones se repitan eternamente.
10. Formalismo Existencialista (Sartre)
Sartre centra su ética en la idea de que el ser humano es un ser libre, un proyecto en constante construcción. Argumenta que si Dios existiera y no interviniera en nuestras decisiones sería un ser contingente, y si interviniera la libertad humana quedaría comprometida, por lo que concluye que Dios no existe. Sin Dios no hay valores absolutos, pues la existencia precede a la esencia: el ser humano se define a través de sus propias acciones y elecciones.
Propone una moral de situación donde cada acción es única, pues el ser humano está condenado a la libertad. Cuando no aceptamos nuestra libertad y dejamos que otros decidan por nosotros actuamos de mala fe, que es lo inmoral. Lo verdaderamente ético es la autenticidad, asumir con responsabilidad la carga de nuestra libertad. En su segunda etapa, afirma que el ser humano es responsable no solo de su propia libertad sino también de la de los demás, estableciendo un principio de universalidad en la ética.
11. Ética Comunicativa (Habermas)
Habermas considera que una norma moral es válida cuando es aceptada por consenso en un diálogo libre e igualitario entre todos los afectados. Se basa en dos principios fundamentales:
- El principio de universalización: una norma es válida si todos los afectados aceptan libremente sus consecuencias.
- El principio de la ética del discurso: solo pueden aspirar a la validez las normas aceptadas por todos los participantes mediante el diálogo y la deliberación conjunta.
Para que el diálogo sea válido debe ser público e inclusivo, sin engaño ni manipulación, y libre de coacciones. El objetivo es alcanzar un consenso universal sobre valores y normas morales, y los acuerdos son siempre históricamente revisables.
12. Emotivismo (Hume)
El emotivismo sostiene que los juicios morales no expresan conocimiento racional sino
emociones y sentimientos, por lo que no pueden ser verdaderos ni falsos. Hume afirma que
la bondad o maldad de un acto se percibe a través de los sentimientos que provoca en
nosotros, no mediante la razón. Las normas y juicios morales surgen de los sentimientos de
aprobación o rechazo que ciertas acciones generan, y por eso el emotivismo se clasifica
como una corriente no cognitivista, opuesta a las teorías que consideran la moral un saber
racional.
En su obra Tratado de la naturaleza humana, Hume distingue entre enunciados lógicos y
matemáticos, enunciados que describen hechos comprobables empíricamente, y
enunciados morales, que solo expresan emociones y no pueden clasificarse como
verdaderos o falsos. En el siglo XX autores como Ayer y Stevenson retomaron esta idea
afirmando que los predicados morales como bueno o malo tienen una doble función:
expresar sentimientos subjetivos e influir en los demás para provocar en ellos la misma
actitud, promoviendo así acciones conformes a esos sentimientos.