Las Tres Gracias de Rubens: Simbolismo y Maestría en el Museo del Prado
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Ficha Técnica
- Obra: Las Tres Gracias
- Autor: Rubens
- Cronología: 1639
- Estilo: Pintura barroca flamenca
- Comitente: Por iniciativa del pintor
- Tipología: Pintura mitológica
- Técnica: Óleo sobre tabla
- Tema: Las Tres Gracias
- Dimensiones: 221 x 181 cm
- Localización: Museo del Prado, Madrid
Análisis Formal
Composición
Las tres mujeres entrelazadas forman un círculo, donde una de ellas se encuentra de espaldas al espectador. Se trata de un grupo compacto, unido también por las miradas. Las figuras parecen a punto de bailar, ya que las tres tienen el pie derecho atrasado. Aparecen desnudas, aunque cubiertas por un velo muy fino.
La escena destaca por su gran dinamismo, creado por la integración de las figuras entre sí y el movimiento corporal. Se desarrolla en un paisaje idílico con animales, pleno de luz, que acentúa la belleza del conjunto. La escena está enmarcada por un espumillón de flores y un tronco con una rama, de la cual cuelgan unas ropas, junto a un ángel con una cornucopia de la que brota agua.
Elementos Plásticos
- Color: Se emplea un colorido cálido, brillante y luminoso. El tono nacarado de la piel es fruto de la combinación de los tres colores primarios (rojo, amarillo y azul). Estas carnaciones claras irradian luz al resto de la obra. Los colores de los fondos son verdes y morados, suaves y muy luminosos.
- Luz: Una gran luminosidad invade toda la escena, prescindiendo del claroscuro.
- Líneas: Predominan las líneas curvas y sinuosas en las siluetas, reforzando la sensualidad.
- Profundidad: La sensación de profundidad se acentúa por el horizonte, situado más bajo que el lugar en el que se desarrolla la escena. La luz y la gradación de tonalidad conforman el volumen de las figuras.
Significación
A cada Gracia le correspondía una cualidad: la de la izquierda representa la belleza, la del centro el deseo y la morena de la derecha la satisfacción. Son, por lo tanto, el símbolo de la felicidad.
Se dice que la Gracia de la derecha se identifica con la primera esposa de Rubens, y la de la izquierda con su segunda mujer. El artista conservó este cuadro hasta su muerte; su condición económica y social le permitía pintar por gusto y no por encargo. Su esposa estuvo a punto de quemarlo, pero finalmente fue vendido en pública subasta a Felipe IV, quien lo colocó en sus aposentos privados en el Alcázar de Madrid. En el siglo XIX, la obra pasó a formar parte de la colección del Museo del Prado.