Geopolítica como ciencia aplicada

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El problema intelectual que ha perseguido a la geopolítica como disciplina, es su orígen y, en particular, su estrecha asociación con el proyecto antisemita y expansionista del fascismo alemán en la primera mitad del siglo XX.  La “mancha nazi” con la que nacíó la disciplina geopolítica, la geopolitik como se llamaba en los años 20 y 30, nada tiene que ver con los esfuerzos pioneros de Rudolf Kjellen y otros autores quienes desde fines del Siglo XIX, e inspirados en las teorías evolucionistas de Darwin y en alguna filosofía alemana idealista, intentaron promover el estudio del comportamiento de los grupos humanos en el espacio territorial.
La eclosión de las escuelas geopolíticas -a partir de las décadas de los años setenta y ochenta- resulta tanto de la crisis final de la bipolaridad Este-Oeste, como de  la necesidad de todo Estado moderno y en forma, de interrogarse acerca de su posición en el orden global y de su entorno político, geográfico, económico y espacial.
Los grandes autores de la geopolítica, responden a escuelas intelectuales y a proyectos políticos e ideológicos determinados.   El proyecto geopolítico estadounidense de Roosvelt y Truman al término de la II Guerra Mundial (1945) se orientaba a frenar la expansión soviética, pero ese programa geopolítico hoy no se corresponde con la realidad de Rusia ni con la posición de Estados Unidos en el orden global.
Tres conceptos ocupan el espacio intelectual de la geopolítica, sobre todo en la época contemporánea: 1º la problemática del territorio y del espacio -como ámbito material y virtual de las prácticas sociales humanas- 2º la naturaleza del grupo humano como actor histórico situado en la historia y en la geografía, y 3º la problemática del poder, como práctica política y simbólica y como modo de apropiación del territorio.
Del encuentro entre ambas dimensiones resulta que la geopolítica surge  como una interrogación intelectual acerca del modo como los grupos humanos, ocupan y se apropian, utilizan y se sirven de los territorios en el ejercicio de su poder.  La geopolítica es siempre una interrogación sobre cómo los seres humanos ejercen el poder en los territorios, en el espacio donde tienen lugar su vida cotidiana, sus relaciones económicas, sus intercambios culturales, sus formas de hacer política.
“arqueología” intelectual  moderna de la geopolítica hunde sus raíces en los últimos decenios del Siglo XIX en Europa donde Friedrich Ratzel y Rudolf Kjellen, elaboran la teoría de un Estado que debiera estar dotado de vitalidad, respondiendo a la atmósfera darwiniana prevaleciente en las universidades y escuelas del mundo anglosajón.  Kjellen postula que el Estado debe orientarse hacia cinco políticas complementarias y convergentes: la econopolítica, la demopolítica, la sociopolítica, la cratopolítica y, para conducir hacia su expansión natural, la geopolítica.
El acento darwiniano vino dado por el propósito de confundir el Estado con un organismo viviente (una ameba, una célula), deformación conceptual que conduce teórica y prácticamente a la premisa que -siendo un organismo dinámico y vivo- experimenta en su desarrollo las mismas fases de los seres biológicos: nacimiento, infancia, crecimiento, adultez y envejecimiento.  De este darwinismo primario y sacado de contexto, la primera geopolítica va a deducir que el Estado debe crecer y defender su espacio vital.
En muchas escuelas militares latinoamericanas se estudiaba Haushofer hasta los años 50 y 60, como lo refleja el caso del libro “Geopolítica” del coronel Augusto Pinochet, publicado en 1967 y donde el militar chileno revela su abierta inclinación por la geopolítica nazi de Haushofer y de Ratzel y del brasileño Golbery do Couto e Silva, otro militar sudamericano heredero de aquella geopolítica germana.  El texto, hoy difícil de encontrar, es una suma interminable de citas y frases copiadas por Pinochet desde Ratzel, Haushofer y otros teóricos, pero cuya verdadera autoría intelectual, el autor del libro oculta y silencia.
La ruptura con esa tradición geopolítica anterior ha sido lenta y gradual después del año 2000 y responde más a la necesidad de encontrar paradigmas geopolíticos que permitan interpretar las realidades del continente latinoamericano en una época de incertidumbre estratégica, de globalización, de hegemonía global estadounidense, de crisis sistémicas y de mutaciones profundas en el orden mundial.
En este sentido, dos pasos significativos han sucedido en los recientes veinte años en América Latina en el campo intelectual de la reflexión geopolítica: en primer lugar, la independización intelectual de la disciplina respecto de las escuelas militares y de las esferas castrenses (lo que llamamos el “enclaustramiento militar de la geopolítica”), y en segundo lugar, la apertura de la reflexión geopolítica latinoamericana hacia otros campos del conocimiento y problemáticas de la realidad actual, tales como la energía (gas natural, petróleo), el acceso y dominio de los recursos naturales, la sustentabilidad ambiental del desarrollo, la dependencia económica respecto de capitales y potencias económicas extranjeras, la integración latinoamericana en los campos energético, de infraestructuras, económico, de la seguridad y de la defensa entre otros.
geopolítica latinoamericana en los primeros decenios del Siglo XXI ha dejado de ser una herramienta al servicio de proyectos expansionistas y militaristas de algunos círculos nacionalistas, para avanzar a constituirse en una disciplina de amplio espectro, orientada a la seguridad, el desarrollo, la integración y la comprensión de las realidades geográficas y territoriales de un mundo y un sistema-planeta que se encuentra en plena mutación.
geopolítica como disciplina, llegó a América del Sur como resultado de dos vías de influencia intelectual distintas: el predominio político, estratégico y económico de los Estados Unidos expresado en las escuelas militares de formación de oficiales latinoamericanos, y la herencia proveniente de la geopolítica germana de principios del Siglo XX, a través de los restos de la influencia prusiana sobre algunos ejércitos sudamericanos.  En ambos casos se trata de anacronismos conceptuales que tienen una profunda explicación ideológica y política.
En América Latina, los respectivos “programas geopolíticos” provenientes casi siempre de las aulas castrenses, han estado directamente ligados a los proyectos geopolíticos y socio-económicos de las oligarquías locales dominantes en un momento determinado del desarrollo histórico de cada nacíón.  En la medida en que los ejércitos y las fuerzas armadas en general de esta regíón del mundo, han sido portadoras de determinados paradigmas geopolíticos (generalmente “importados” desde escuelas extranjeras), dichos paradigmas se han correspondido y han respondido en definitiva a los intereses de las clases sociales dominantes, a las cuales las propias élites militares pertenecen.
A lo menos dos épocas pueden discernirse en la historia intelectual de la geopolítica sudamericana: un primer período de fuerte influencia prusiana y europea (entre 1930 y 1960 aproximadamente), y un segundo período, de influencia estadounidense (entre la década de los sesenta y fines del Siglo XX).   La geopolítica en América del Sur en su historia intelectual, sigue los pasos de la situación de dependencia que tiene ésta regíón respecto de la dominación británica (hasta la I Guerra Mundial) y de la dominación estadounidense (a partir de la II Guerra Mundial). ¿Cuál
primer lugar, desde sus orígenes a  principios del Siglo XX, las doctrinas geopolíticas “importadas” en América Latina, se relacionaron estrechamente con la propia visión territorial que cada Estado nacional tenía respecto de sus relaciones con los vecinos del entorno.  Se trataba todavía de Estados nacionales en proceso de formación, o más bien dicho, de Estados que no terminaban de constituirse institucional y territorialmente y de comunidades que aún no habían concluido su proceso de construcción nacional e identitaria.
Dos vertientes intelectuales de influencia europea es posible discernir en la geopolítica sudamericana de la primera mitad del Siglo XX: una corriente de influencia francesa que se instaló en las escuelas militares Argentina, peruana y brasileña (Vidal de la Blache y otros autores) y una corriente de influencia germana (prusiana) que se instaló en las escuelas militares chilenas (Ratzel, Haushofer).
Mientras Brasil promueve una geopolítica de conquista del espacio amazónico y continental sudamericano, penetrando en el Matto Grosso selvático -en definitiva una geopolítica de completación de la unidad territorial brasileña y de conquista de la frontera natural amazónica- en cambio, Chile despliega una política de tensión fronteriza con Argentina, reclamando territorios limítrofes en el sur patagónico y en los canales australes y redefiniendo su despliegue del dispositivo militar, al mismo tiempo que reafirma su distancia con la reclamación marítima boliviana y la presión geopolítica del Perú hacia el sur.
Es una geopolítica “a la defensiva” centrada en el proceso de completación de la unidad nacional y en la necesidad de alcanzar las fronteras naturales de cada territorio soberano.   Entonces, “unidad nacional” y “fronteras naturales” son los conceptos claves de la geopolítica sudamericana de principios del Siglo XX, fuertemente influenciada por Darwin, Ratzel, Kjellen y Haushofer.
La lógica ratzeliana y darwiniana de entonces, al entender al Estado como un organismo viviente en proceso de expansión y al existir indefinición del concepto de fronteras naturales, necesariamente tendía a justificar los afanes y proyectos expansionistas de determinados círculos gobernantes y ponía el acento en la importancia central de los conflictos territoriales y fronterizos heredados de la anterior dominación colonial española. ¿Tiene
A través de la formación castrense de oficiales latinoamericanos (realizada tanto en ciertas escuelas de EEUU, como en las propias academias militares sudamericanas), la doctrina estadounidense de la seguridad nacional penetró la totalidad de la visión geopolítica de la elite militar sudamericana, adoptando todos ellos la visión geopolítica de un mundo bipolar atravesado por el conflicto entre Occidente y el comunismo.
Fraga (“El mar y la Antártida en la geopolítica Argentina”, 1980, Instituto de Publicaciones Navales) y Jorge Atencio, trabajarán durante los años setenta y ochenta en torno a los conflictos limítrofes de Argentina con Chile, tanto en el espacio continental, como insular y marítimo, bajo la lógica de “contener el expansionismo chileno”, al mismo tiempo que los geopolíticos chilenos trabajan bajo el argumento de “contener el expansionismo argentino”…
La proliferación inmediata de la reflexión geopolítica en las grandes potencias dominantes del sistema mundial, antes de la I Guerra Mundial, indica claramente la funcionalidad que pasó a cumplir el pensamiento geopolítico (a veces aparentemente replegado en la academia y las universidades) con los proyectos políticos continentales o mundiales de esas potencias.
Después del desastre de la II Guerra (1939-1945), las geopolíticas nacionales (mas o menos constituidas en “escuelas”) siguieron siendo el “caballo de batalla intelectual” de los proyectos políticos y estratégicos de las potencias y de los Estados que tomaron conciencia de su lugar en la historia y la geografía.  Lo que podemos denominar las “escuelas nacionales” como fenómeno intelectual que se desarrolla durante la primera mitad del Siglo XX, no es más que la expresión académica y reflexiva de una comprensión cada vez más aguda dentro de las élites intelectuales y políticas de las naciones y Estados, acerca de la importancia, el impacto y las implicancias de la reflexión geopolítica en las decisiones que se adoptan en la Política, en la Diplomacia y en la Estrategia.
Durante el Siglo XX, y particularmente entre los años 40 y los años 60,  asistimos a la eclosión de las escuelas geopolíticas.  La inspiración de Halford Mackinder y su concepto del “pívot geográfico de la historia” (1904) va a fortalecer la reflexión británica en torno a un paradigma  “bipolar” que parte desde noción de la confrontación entre potencias terrestres y potencias marítimas, mientras que Alfred Thayer Mahan en Estados Unidos, también a inicios del siglo, permitirá la toma de conciencia estadounidense de su lugar hegemónico en el planeta, como potencia marítima y estratégica. Una
Otras visiones geopolíticas alternativas surgieron en el Siglo XX, entre las cuales cabe destacar las elaboraciones de Immanuel Wallerstein y su paradigma del “sistema-mundo” (world-system) junto na Chasse-Dun, Arrighi y otros autores, según los cuales los profundos movimientos de época que tienen lugar desde fines del Siglo XX en adelante,  dan cuenta de transformaciones tectónicas de amplio alcance, en la fase final del capitalismo industrial y post-industrial.
En China por su parte, una larga tradición de a lo menos 700 años de  pensamiento estratégico, encuentra en el geopolítico WeiYuan (1794-1856) y en los trabajos que hoy despliegan varias universidades y centros de estudios superiores, a través de reflexiones geopolíticas elaboradas desde la perspectiva de la potencia marítima y continental China en Asía y en el Pacífico.  Después de la transición entre la administración de Jiang Zemin hacia la de HuJintao, China se encamina a devenir una potencia de alcance global en la escena geopolítica: numerosos autores chinos contemporáneos trabajan en esta lógica, tales como Jiang LingFei, Pang Shongying (del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Qinghua), así como Yang Chengxu del Instituto de Estudios Internacionales de Shanghai.
Pero el cambio intelectual mayor experimentado por el paradigma geopolítico después de la gran guerra y a lo largo de la segunda mitad del Siglo XX, es que la geopolítica salíó de las escuelas militares y las academias de guerra y se instaló en la esfera civil, académica y universitaria, con mayores o menores grados de independencia respecto de los planes estratégicos castrenses y sus hipótesis de conflicto.
Hoy día al parecer “hacen geopolítica” más los civiles que los militares, al mismo tiempo que la disciplina geopolítica se ha despojado (en gran parte, aunque no del todo…) de sus antiguos conceptos guerreros, darwinistas y bélicos, para atravesar hacia la reflexión del desarrollo, de los procesos de urbanización, de los problemas del medio ambiente, del acceso y dominio de los recursos naturales y energéticos.  (igc – mlr)
En cada espacio y en cada territorio, se establece un juego dinámico y complejo de relaciones (de dependencia, de dominación, de subordinación, de hegemonía, de poder) de acuerdo a intereses superpuestos y entrecruzados que se despliegan en arenas diversas.   Estos actores y sus intereses y estrategias, entran en colisión en procura de recursos definidos y racionalizados como estratégicos y vitales.
geopolítica -como expresión intelectual propia de la modernidad y la postmodernidad- da cuenta críticamente de estas relaciones y las sitúa en lecturas e interpretaciones del presente (útiles a los procesos de toma de decisiones, pero no siempre funcionales a los intereses de los Estados y actores implicados en el juego) y también puede integrarse en escenarios prospectivos de horizonte de mediano y largo plazo. (mlv)
trata de pasar desde las miradas globales y generalizadoras (necesarias acaso a la fundación de una disciplina conceptual y metodológicamente consistente) hacia estructuras conceptuales, modelos teóricos y categorías de análisis que den cuenta de la complejidad carácterística del mundo actual y del futuro previsible.
Geopolítica posee una tradición intelectual discutida, contestada y polémica y al mismo tiempo se corresponde con una manera de apreciar y de analizar el poder materializado en los territorios.  Sus orígenes históricos inmediatos (a fines del Siglo XIX) ligados estrechamente al proyecto expansionista, racista y belicista del nazismo, marcaron un mal comienzo para una disciplina que pretende alcanzar el estatus científico. La
Geopolítica se posiciona en la cartografía intelectual moderna, como un producto típicamente occidental, pero cuyos antecedentes remotos se encuentran en las mas diversas culturas y civilizaciones, lo que permite afirmar que en la historia de la humanidad, desde los tiempos de la antigüedad clásica, subyace una tradición dispersa de reflexión y de conceptualización que vincula a la geografía con la política.
Los antecedentes “prehistóricos” de la reflexión geopolítica han podido discernirse en autores tan lejanos y diversos en el tiempo como Aristóteles, Tucídides, Heródoto, Estrabón, Tolomeo, Sun Tzu, Mei Yao Schen, Ibn Khaldoun, y mas tarde, Maquiavelo, Jean Bodin y Montesquieu.  Pero todos ellos giraron en torno a la noción que la geografía influía determinantemente sobre la vida y la cultura humana, dando pie para que Darwin y sus seguidores (entre los decenios finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX), retomaran y elaboraran la concepción del determinismo greográfico.
HerramientasPuede caracterizarse así la existencia de una “situación geopolítica“, es decir, de un conjunto de relaciones de poder en el tiempo y que se expresa y manifiesta en el espacio (y en sus distintas arenas), en las que los actores despliegan estrategias y recursos en función de sus intereses y aspiraciones.  De este modo, lo geopolítico hace alusión a la forma cómo los individuos, grupos humanos, actores, instituciones o estructuras de poder se posicionan en el espacio (económico, político, comunicacional, virtual, social, cultural…) y procuran incidir en los procesos de toma de decisiones y hacer prevalecer sus respectivas estrategias. De
ademas discernir que la reflexión y el análisis geopolítico (poder, actores, territorios y recursos), no obedecen solamente a una lógica militar o bélica.  La Geopolítica no tiene porqué ser una subordinada de la Polemología, de la Historia Militar e incluso de la Estrategia, sino que debe reconocerse que la dimensión militar-estratégica de las relaciones de poder en los espacios y territorios, es una dimensión, es un punto de vista, para entender geopolíticamente el mundo y la realidad, pero no es ni el único ni el principal. La
reflexión geopolítica integra además dos dimensiones que permiten comprender mejor los procesos sociales, políticos y estratégicos: uno es el de la escala geográfica o espacial en la que actúan los grupos humanos  (local, regional, nacional, subregional, continental, global) y otro es la dimensión temporal en la que se enmarcan las prácticas de poder.  Así como hay un tempo político para referirnos al ritmo específico que adquieren las prácticas, las acciones y las estrategias, habría también un tempo geopolítico en el que el analista puede discernir momentos, escenarios y coyunturas en que las variables geopolíticas encuentran su momento de síntesis y de condensación.
Finalmente cabe subrayar que el análisis geopolítico posee una fuerte impronta multidisciplinaria: se nutre de los aportes de la Ciencia Política, de las Relaciones Internacionales, de la Economía y de la Estrategia y en ese punto de encuentro teórico, hace posible intentar la empresa intelectual de dar inteligibilidad y racionalidad a las prácticas de poder de los grupos, actores, Estados en el espacio y los territorios.  “…la cualidad de los campos disciplinarios solamente puede resolverse  desde le óptica de su articulación en la realidad”.
La actitud prospectiva  supone adoptar el concepto que el futuro no es un dato fijo ni definitivo, sino que siempre existen varios futuros posibles, dependiendo de las decisiones que se adopten en el presente.  En la línea del tiempo (la lógica occidental del tiempo lineal “pasado-presente-futuro”), mientras la historia mira el pasado desde el presente, mientras las ciencias sociales miran el presente desde el presente, la prospectiva mira el futuro desde el futuro sin olvidar el presente.
La Prospectiva se vale de un conjunto de herramientas y conceptos, tales como los escenarios, los hechos portadores de futuro, las tendencias profundas, para construir visiones multidisciplinarias complejas acerca de los futuros que pueden presentarse en determinados horizontes de tiempo, a fin de proporcionar, en el presente, información relevante sobre los cursos de acción futura para los procesos de toma de decisiones.
Cabe destacar que a lo largo de casi un siglo de reflexión geopolítica en el continente sudamericano, se subraya el hecho que la geopolítica llegó a esta regíón del mundo, a partir del interés mostrado por oficiales de ejército y profesores de las escuelas militares (de Brasil, Argentina, Perú, Chile, Venezuela y otros países), de donde se desprende que la geopolítica en América del Sur surge como una preocupación castrense, que sólo mas tarde -en la segunda mitad del Siglo XX- va a extenderse al mundo civil y universitario.
El OBSERVATORIO AUSTRAL DE GEOPOLÍTICA es un espacio virtual y académico y una red interactiva de especialistas, analistas y profesionales latinoamericanos, dedicados al estudio, investigación aplicada y reflexión acerca de los problemas de la regíón austral del continente desde una perspectiva Geopolítica y Oceanopolítica desde la disciplina de la Prospectiva, para contribuir al desarrollo y la proyección del sur de América Latina en el sistema-planeta.
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