La Generación del 27: características, influencias y autores de la poesía española
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Características generales
La Generación del 27 está integrada por un conjunto de poetas que publicaron sus primeras obras entre 1920 y 1930. Las características son las siguientes:
- Proceden de familias burguesas de talante liberal y comparten una sólida formación literaria.
- De ellos, muchos fueron además poetas profesores de literatura.
- Presentan una actitud estética común que pretende la síntesis entre la tradición y la vanguardia.
- En sus poemas tratan temas universales (el amor, la muerte) y se sirven de esquemas métricos establecidos (sonetos, romances), que recibirán la influencia del ultraísmo, del creacionismo y del surrealismo.
- Durante la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República mantienen una evolución conjunta, hasta la guerra civil.
Neopopularismo y poesía pura
La poesía del 27 presenta dos líneas de desarrollo fundamentales: el neopopularismo y la poesía pura.
El neopopularismo consiste en la incorporación de recursos y formas métricas de la poesía popular española. Las principales obras dentro de esta tendencia son las siguientes:
- Romancero gitano, de Federico García Lorca. Los gitanos, encarnación de la libertad, la naturaleza y la pasión, se oponen a las guardias civiles, que representan la civilización, la razón y el orden burgués.
- Marinero en tierra, de Rafael Alberti. La contraposición se establece entre el mar y la ciudad, asociada al mundo adulto, frío y artificioso.
En la línea de la poesía pura pueden encuadrarse las siguientes obras:
- La voz a ti debida y Razón de amor, de Pedro Salinas.
- Cántico, de Jorge Guillén.
La poesía en España se inicia con Juan Ramón Jiménez.
Rasgos formales
La influencia del surrealismo se manifiesta también en la renovación estilística, que se concentra en estos puntos:
- Utilización de imágenes o metáforas irracionales.
- Asociaciones que esconden la coherencia profunda.
- Preferencia por el verso libre.
Influencia del surrealismo
A partir de 1929, algunos poetas del 27 recibieron el influjo del surrealismo. Esta corriente postulaba la exploración del subconsciente y las dimensiones irracionales del ser humano, y propugnaba un desafío a la moral establecida. Su huella se manifiesta en la expresión más directa y angustiada de conflictos íntimos y en la rebeldía frente a las convenciones sociales:
- La realidad y el deseo, de Luis Cernuda. Solo el amor puede dar sentido a la existencia. El deseo de realización erótica choca con la realidad agresiva que se opone a su cumplimiento.
- Sobre los ángeles, de Rafael Alberti. Los ángeles caídos que acosan al yo poético representan las incertidumbres y angustias del autor, sumido en una profunda crisis personal.
- Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca. La ciudad de Nueva York, a la que viajó el poeta en 1929, se presenta como símbolo de la deshumanización del mundo moderno.
- La destrucción o el amor y Espadas como labios, de Vicente Aleixandre. Al fundirse con la persona amada, el amante sale de sí mismo y accede a una vida plena, en contacto con el cosmos.
El franquismo
Entre 1939 y 1975, España vivió bajo la dictadura del general Franco. Estos son algunos rasgos destacados del período:
- Restricción de las libertades: de expresión, de prensa, de asociación y de culto.
- Lenta regeneración de la cultura española, desgarrada por el exilio de algunas de las figuras más representativas, y condicionada por la censura y la represión ideológica.
- Autarquía y penuria general, que dio paso, en los años sesenta, a la progresiva modernización económica.
La poesía social
A principios de los años cincuenta predomina en España la poesía social. Sus características principales, cultivadas por autores como Gabriel Celaya (Cantos iberos), Blas de Otero (Pido la paz y la palabra) y José Hierro (Quinta del 42), son las siguientes:
- La literatura se concibe como instrumento de transformación política y social.
- Pretende denunciar las injusticias sociales y la falta de libertad.
- Tiene la voluntad de escribir una poesía útil que llegue a la inmensa mayoría.
La poesía en los años cuarenta
Durante los años cuarenta, predomina en la poesía española la expresión de inquietudes religiosas y existenciales.
La poesía de posguerra se inicia con dos poemarios de autores de la Generación del 27 publicados en 1944: Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, y Sombra del paraíso, de Vicente Aleixandre. Ambos abren el camino a poetas más jóvenes como Blas de Otero (Ángel fieramente humano) y Redoble de conciencia. Los libros de Alonso y Aleixandre reflejan una visión pesimista y angustiada del mundo, que se contempla como un caos sin sentido. Manifiestan una disconformidad profunda con la realidad, aunque no aluden explícitamente a la situación política o social de España.
En otro de los libros fundamentales de este período, La casa encendida, de Luis Rosales, se afirma la esperanza a pesar del dolor inherente a la existencia.
Merece mención aparte Miguel Hernández, muerto prematuramente en la cárcel en 1942, cuyas obras (El rayo que no cesa y Cancionero y romancero de ausencias) enlazan temática y estilísticamente con la lírica del 27.
Los poetas de medio siglo
Los poetas de medio siglo inician su andadura dentro de los principios de la poesía social. Sin embargo, en sus obras se afianzan muy pronto algunas características específicas:
- Desaparece el compromiso ideológico explícito y vuelve a cobrar importancia el componente autobiográfico, en un intento de integrar la vivencia individual en la circunstancia histórica.
- Los temas que aparecen con mayor frecuencia son:
- El amor y el erotismo.
- El paso del tiempo y la evocación de la infancia o la adolescencia.
- La realidad social de España, a menudo como fondo sobre el que se recortan las experiencias personales.
- El lenguaje conversacional e intimista contrasta con el tono declamatorio de etapas anteriores.
Autores destacados
Ángel González, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez o José Agustín Goytisolo.
Biografías
Federico García Lorca: nació el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros. Fue un poeta y dramaturgo español. Estudió en Almería y se licenció en Derecho. Su obra más importante fue el Romancero gitano. Murió asesinado en 1936.
Pedro Salinas: nació el 27 de noviembre de 1891 en Madrid. Murió el 4 de diciembre de 1951, a los 60 años, en Boston. Fue un escritor conocido por sus obras. Se licenció en Letras y también estudió Derecho. Sus obras más importantes son La voz a ti debida y Razón de amor.
Jorge Guillén: nació en Valladolid en 1893. Fue catedrático y profesor en Murcia y Sevilla. Su obra más importante es Cántico.
Gerardo Diego: nació el 3 de octubre de 1896 en Santander. Estudió en la Universidad de Deusto, donde se licenció, y en Madrid. Murió el 8 de julio de 1987. Ganó el Premio Calderón de la Barca en 1962 por su escenario Retablo del Cristo y la palmera.
Vicente Aleixandre: nació el 26 de abril de 1898 en Sevilla. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1977. Estudió Derecho y Comercio. Fue un poeta muy grande del siglo XX. Padeció tuberculosis y murió en 1984. Sus obras fueron Espadas como labios y La destrucción o el amor.
Dámaso Alonso: nació el 22 de octubre de 1898 y murió en enero de 1990. Estuvo en la Real Academia Española 14 años.
Emilio Prados: nació en Málaga en 1899 y murió en México en 1962. Sus obras fueron Antología y Últimos poemas.
Rafael Alberti: nació en El Puerto de Santa María, Cádiz. Se dedicó a la pintura. Recibió el Premio Nacional de Literatura por su libro Marinero en tierra. Murió el 28 de octubre de 1999 por un paro cardiorrespiratorio.
Luis Cernuda: nació en 1902 en Sevilla. Su obra se escribió en la línea neorromántica. Estudió Derecho. Poemas: Atardecer en la catedral y La visita de Dios. Murió en 1963.
Miguel Hernández
Es un dominador de las técnicas poéticas. Es un poeta de tono vigoroso y angustiado, capaz de alternar los versos de estilo depurado con aquellos otros que expresan la fuerza del grito o el desgarro. Así, de su etapa vanguardista o gongorina, con Perito en lunas (1934), pasa a una poesía humanizada, de corte clásico, donde se encuentran las obsesiones del poeta por el amor, la muerte y la vida, representada por su libro El rayo que no cesa (1936). Los poemas de las últimas etapas, escritos en circunstancias dolorosas, suponen un antecedente de la poesía social y comprometida: un lenguaje desgarrado y emotivo impregna los libros Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939). Cancionero y romancero de ausencias, publicado después de su muerte, supone una evolución hacia el intimismo.