Fundamentos de la Selección Natural y la Evolución según Charles Darwin
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Darwin y la Selección Natural
En 1858, tras un largo viaje alrededor de las costas africanas y americanas a bordo del buque de investigación Beagle, Charles Darwin decide publicar El origen de las especies. Se trata de la obra magistral de la teoría evolutiva. Darwin, casado y emparentado con la aristocracia inglesa, había guardado en un cajón de su escritorio las minuciosas notas de campo tomadas durante su viaje y las conclusiones a las que había llegado (6 UNIDAD 5: El origen del ser humano). Le aterraban las consecuencias de su investigación.
Sus amigos le animaron a presentar en la Sociedad Británica de Ciencias Naturales un resumen de su obra para adelantarse a un joven naturalista, Alfred Russel Wallace, que había llegado a las mismas conclusiones. Los puntos fundamentales de la teoría de Darwin son:
1) El origen común de todas las especies
La gran variedad de especies conocidas están emparentadas entre sí, ya que todas proceden de una o unas pocas especies primitivas sumamente simples.
2) La lucha por la supervivencia
Todas las especies tienden a reproducirse hasta saturar el hábitat. En esta situación, escasean los recursos y comienza una lucha por sobrevivir en la que perece la mayor parte de la población.
3) Selección natural
No todos los individuos están preparados para esa lucha, por lo que los más aptos para obtener recursos en un ambiente determinado sobreviven más tiempo y tienen más oportunidades para procrear.
4) Herencia
Los individuos supervivientes transmiten sus características favorables a sus descendientes. De este modo, los cambios geológicos y ambientales que se han ido sucediendo en la larga historia del planeta han ido seleccionando y modelando especies mejor adaptadas.
5) La selección natural no tiene objetivo
Aquí llegan las conclusiones que atemorizaban a Darwin y que provocaron duras críticas y rechazo a su obra. La naturaleza actúa al azar y de modo ciego: las variaciones que presentan los individuos surgen de modo aleatorio, por lo que ser “más aptos” no es algo que los vivientes se puedan proponer –como sugería Lamarck–, sino al contrario: los animales más aptos son los que se adaptan a las condiciones cambiantes del medio. No hay finalidad en la evolución.