Fundamentos del Pensamiento Cristiano y las Cinco Vías de Santo Tomás
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Las nuevas ideas del cristianismo
- La concepción de un Dios uno y trino, trascendente, todopoderoso y personal: Establecía una diferencia fundamental con las religiones politeístas conocidas hasta ese momento y también con aquellas escuelas filosóficas derivadas del platonismo, que consideraban al Uno o al Bien como el principio del cual toda la realidad emana.
- Dios, creador del mundo: La materia podrá organizarse y reorganizarse.
- El hombre como amo y señor de la naturaleza: El hombre griego había experimentado su unión originaria con la naturaleza. El cristianismo presentó una imagen del hombre diferente; el texto bíblico lo muestra ocupando un lugar de privilegio, ya que es la única criatura hecha a imagen y semejanza de Dios y la única que recibe de Él el privilegio de ser el señor de la naturaleza.
Las cinco vías de la existencia de Dios
1. Vía del movimiento
Parte del hecho constatable por los sentidos de que en el mundo hay cosas que se mueven; todo lo que se mueve es movido por otro, y el primer motor inmóvil que mueve sin ser movido es Dios.
2. Vía de la causalidad eficiente
Todo lo que existe aparece como efecto de una causa que lo ha producido y que es distinta de sí mismo; se impone la necesidad de una causa eficiente primera, a la que todos llaman Dios.
3. Vía de la contingencia de los seres
El punto de partida es el estudio de los seres contingentes; la existencia exige un ser necesario, un ser que no solo existe, sino que además no puede no existir. Este ser es causa de los demás y se lo llama Dios.
4. Vía de los grados de perfección
El razonamiento se apoya en el hecho de que la existencia de perfecciones desiguales y limitadas exige que haya algún ser en el que estén realizadas en grado máximo esas perfecciones y sea causa de las mismas: a este ser absolutamente perfecto se lo llama Dios.
5. Vía del orden cósmico
La aceptación del universo como cosmos o todo ordenado era común a todo el pensamiento griego y reconocido como un dato evidente. Se manifiesta como fin al que todos los seres parecen tender; recibe también el nombre de prueba teleológica.