Fundamentos de la Lingüística Moderna: De Saussure a Chomsky
Enviado por Programa Chuletas y clasificado en Español
Escrito el en
español con un tamaño de 18 KB
1. Tres ideas fundamentales sobre la lengua y la lingüística
La oralidad frente a la escritura
Para Ferdinand de Saussure, la lengua y la escritura son dos sistemas de signos distintos; el error de considerar la lengua escrita como superior a la lengua hablada surgió en la Antigüedad debido a la admiración por la lengua clásica. La escritura nunca puede prescindir de la oralidad. Esto no resta valor a la escritura, ya que esta permite, además, transmitir a las generaciones futuras todo el saber acumulado a lo largo de los siglos. Sin embargo, el lingüista no debe olvidar que la escritura es un sistema sustitutivo de la lengua oral. Aunque se reconozca que los modos de pensar en ambos sistemas son diferentes, hoy en día se ha superado una de las grandes desventajas del habla frente a la escritura: la posibilidad de registrar y grabar nuestra voz.
La evolución de la lengua no es corrupción
A la lengua también se le aplica el tópico de que «cualquier tiempo pasado fue mejor», lo que genera la falsa percepción de que las generaciones más jóvenes hablan «peor» que las anteriores. Esto no es verdad: la lengua evoluciona con la propia sociedad y se adapta a sus necesidades. Si la evolución fuese sinónimo de corrupción, todas las lenguas romances no serían más que corrupciones del latín. La lengua escrita puede ser más hermosa o cuidada, pero no por ello la hablada es inferior; simplemente, se trata de un sistema distinto. La escritura es más conservadora y estática, pero a la larga acaba aceptando las innovaciones del habla, y los textos escritos terminan adaptándose a la corriente oral, que es mucho más innovadora y dinámica.
La lingüística no es prescriptiva
Las Reales Academias de la Lengua se crearon históricamente bajo el lema de «limpiar, fijar y dar esplendor» a la lengua. Tradicionalmente, se definía la gramática como «el arte de hablar y escribir correctamente». María Moliner, por su parte, define que «el arte es la manera en cómo se hace o debe hacerse una cosa». Bajo esta premisa tradicional, la gramática pretende enseñar cómo se debe hablar y escribir. Sin embargo, la lingüística moderna rechaza de plano el enfoque de las gramáticas tradicionales, ya que su ámbito de estudio es la manifestación real y variada del lenguaje. La lingüística no tiene pretensiones prescriptivas (o preceptivas); es decir, no pretende enseñar a hablar bien ni corregir a los hablantes. La lingüística no es un arte, sino una ciencia.
2. Sistema, norma y habla según Eugenio Coseriu
Eugenio Coseriu define el lenguaje como una actividad humana universal que se realiza de forma individual, pero de acuerdo con técnicas históricamente determinadas. Para superar la rigidez de la dicotomía saussureana entre lengua y habla, Coseriu propone un modelo tripartito: sistema, norma y habla. Según su perspectiva, la distinción de Saussure es demasiado abstracta y no explica satisfactoriamente cómo se transita desde el sistema conceptual hasta las realizaciones concretas del habla. Para solucionar esto, introduce el concepto intermedio de norma, que define el conjunto de realizaciones lingüísticas social y culturalmente aceptadas y compartidas por una comunidad de habla específica.
3. Competencia y actuación, lengua externa e interna según Noam Chomsky
Competencia y actuación
Noam Chomsky denomina competencia al conocimiento implícito e interiorizado que el hablante-oyente posee sobre la gramática de su propia lengua. Este concepto difiere sustancialmente de la noción de «lengua» de Saussure: mientras que la competencia chomskyana es de carácter individual, la lengua saussureana es de naturaleza social. Para aproximar ambos enfoques, se suele relacionar la competencia con el término idiolecto (la parcela individual de la lengua que pertenece a la comunidad, pero en la que participa cada hablante de forma particular). No obstante, existen diferencias claras: el concepto de lengua (al que se adscribe el idiolecto) es estático y no refleja el uso creativo del lenguaje, que sí es intrínseco al concepto de competencia.
Chomsky distingue dos dimensiones de la competencia:
- Competencia pragmática: Es el conocimiento que tienen los hablantes sobre las relaciones entre el lenguaje y el contexto, las cuales se encuentran codificadas en la estructura misma de la lengua. Este contexto abarca la identidad de los interlocutores y los parámetros espaciotemporales de la comunicación.
- Competencia gramatical: Incluye las capacidades puramente lingüísticas del individuo, tales como la sintaxis, la semántica y la fonología.
En contraposición, el término actuación hace referencia al uso real y efectivo de la lengua en situaciones concretas, un concepto muy cercano al de «habla» en Saussure. En la actuación intervienen factores ajenos a la estructura lingüística, como la memoria, la atención, el cansancio o la emotividad, los cuales pueden provocar distorsiones en el mensaje (vacilaciones, errores de concordancia, lapsus, etc.). El ser humano posee la facultad innata de conocer y usar la lengua, entendiendo este conocimiento no como un saber científico, sino como el dominio de los mecanismos necesarios para expresarse. Esto es la competencia lingüística, la cual está interiorizada y se exterioriza en cada acto de habla, denominado actuación lingüística. Esta dicotomía permite diferenciar la conducta lingüística observable (actuación) del sistema cognitivo subyacente (competencia). Chomsky rechaza la idea de que la comunicación sea la función única o inherente del lenguaje y que este deba estudiarse exclusivamente en el marco de la interacción social, dos de los pilares de la lingüística estructural.
Los conceptos de lengua interna (Lengua-I) y lengua externa (Lengua-E)
Frente a la definición de Saussure de la lengua como un «sistema de sonidos y signos», Chomsky argumenta que estas nociones se refieren a una lengua exteriorizada (Lengua-E), es decir, concebida como un objeto externo e independiente del hablante. Desde esta perspectiva, la gramática se limita a ser una colección de enunciados descriptivos sobre dicha Lengua-E. En su lugar, Chomsky propone el concepto de lengua interiorizada (Lengua-I). La Lengua-I es un estado de la mente/cerebro de la persona que conoce la lengua; es la gramática que el hablante-oyente ha desarrollado a partir de la Gramática Universal (GU). La GU se postula como la teoría de las Lenguas-I humanas, identificando aquellas que son accesibles para nuestra especie en condiciones de desarrollo normales. Para la lingüística generativa, el concepto de Lengua-E carece de valor explicativo, siendo desplazado por el de Lengua-I, término que ha venido a sustituir al de competencia gramatical en las investigaciones recientes.
4. Conceptos clave de Ferdinand de Saussure
Lengua y habla
En la teoría de Saussure, la lengua engloba todo lo que es social en el lenguaje; es el patrimonio lingüístico depositado en la comunidad. Saussure señala que la lengua es un sistema de valores puros, es decir, de elementos funcionales esenciales para la transmisión del mensaje. Sin embargo, en la comunicación real existen hechos sociales que no son estrictamente esenciales o funcionales. De esta observación surge, precisamente, la necesidad del concepto de norma propuesto posteriormente por Coseriu. Por su parte, el habla constituye el acto individual y voluntario de realización de la lengua por parte de los hablantes.
Sincronía y diacronía
El estudio de la lengua puede abordarse desde dos dimensiones temporales:
- Perspectiva sincrónica: Estudia la lengua en un momento dado o período concreto de la historia. Dentro de ella, se distingue la sincronía interna (que busca una explicación estructural del sistema) y la sincronía externa (que analiza factores sociales, culturales y dialectales). Esta última explica, por ejemplo, por qué la gramática normativa suele validar los usos de las clases sociales con mayor nivel cultural.
- Perspectiva diacrónica: Estudia la evolución de la lengua a lo largo del tiempo, reconstruyendo históricamente sus cambios desde el origen hasta el estado actual. Un ejemplo diacrónico es la evolución del artículo en las lenguas romances a partir del demostrativo latino ille, illa, illud (que dio origen a el, la, lo). Históricamente, la forma femenina pasó por la etapa illa > ela > la. En épocas medievales, el artículo ela perdía su vocal final ante cualquier palabra que empezara por vocal (ej. el(a) agua, el(a) espada). Con el tiempo, esta elisión se mantuvo únicamente ante vocales tónicas (como en el agua), lo que demuestra que la forma actual /el/ ante sustantivos femeninos que empiezan por /a/ tónica procede históricamente de una forma femenina. Otro ejemplo diacrónico es la evolución de las sibilantes del castellano antiguo hasta los fonemas modernos /x/, /s/ y /θ/.
En resumen, la sincronía analiza el estado de la lengua en un punto estático del tiempo, mientras que la diacronía se ocupa de su progresión y transformación temporal.
Características del signo lingüístico
Según Saussure, el signo lingüístico une de forma indisoluble dos elementos psíquicos: el significado (el concepto) y el significante (la imagen acústica). Sus características principales son:
1. Arbitrariedad
No existe un lazo natural o necesario entre el significante y el significado. Lingüistas posteriores han precisado que la arbitrariedad no se da estrictamente entre el significante y el significado (cuya relación en el sistema es necesaria e indisoluble para el hablante), sino entre el signo en su totalidad y la realidad u objeto extralingüístico que designa. Por ejemplo, en la palabra «árbol», la relación interna entre su concepto y su secuencia de sonidos es sólida dentro del español; lo arbitrario es que se haya elegido esa secuencia de fonemas y no otra para referirse a dicho objeto de la realidad. Como aparentes excepciones, Saussure menciona las onomatopeyas y las exclamaciones, aunque aclara que las primeras son solo imitaciones aproximadas y convencionales (ej. tic-tac, glú-glú) y las segundas carecen también de un vínculo natural necesario. Saussure prefiere evitar el término «símbolo» para el signo lingüístico, ya que los símbolos suelen conservar algún lazo analógico o metafórico con lo representado, mientras que el signo lingüístico es completamente convencional.
2. Linealidad del significante
Al ser de naturaleza auditiva, el significante se desenvuelve exclusivamente en la línea del tiempo y presenta dos propiedades físicas esenciales: representa una extensión y dicha extensión es mensurable en una sola dimensión (es una línea). Esta característica es fundamental para el mecanismo de la lengua, ya que las unidades no pueden superponerse en el discurso; deben aparecer de forma sucesiva. El orden de los fonemas es determinante para el significado: los mismos fonemas ordenados de diferente manera constituyen palabras distintas, como en /apto/, /tapo/ o /pato/. El significante es temporal, material y lineal, a diferencia del significado, que es atemporal, psíquico y alineal.
3. Mutabilidad e inmutabilidad
Presenta un carácter aparentemente contradictorio:
- Inmutabilidad: El signo es impuesto a la comunidad lingüística. Un hablante individual no puede cambiar de forma voluntaria un significante una vez establecido por la convención social.
- Mutabilidad: El paso del tiempo, al asegurar la continuidad de la lengua, altera paulatinamente los signos lingüísticos, modificando la relación entre el significante y el significado a lo largo de las generaciones.
5. Ocho propiedades del lenguaje humano
- Reflexividad: Es la capacidad del lenguaje para analizarse y hablar sobre sí mismo (función metalingüística). Es la propiedad en la que se basan los diccionarios, las gramáticas y los estudios lingüísticos. No existe en ningún otro sistema de comunicación animal.
- Desplazamiento: Permite a los hablantes referirse a sucesos lejanos en el espacio y en el tiempo (pasado, presente o futuro), así como a mundos imaginarios o de ficción. Salvo contadas excepciones (como la danza de las abejas), la comunicación animal está restringida al estímulo del entorno inmediato.
- Carácter discreto: Las unidades del lenguaje son discretas (delimitadas y separables) y no continuas. Podemos segmentar una oración en un número entero de palabras, y estas a su vez en un número entero de morfemas y fonemas, sin que existan valores intermedios.
- Intercambiabilidad: Cualquier miembro de la comunidad lingüística que haya alcanzado la madurez necesaria puede actuar indistintamente como emisor y como receptor de mensajes, sin las limitaciones biológicas que a menudo segmentan la comunicación en el reino animal.
- Retroalimentación total: El emisor de un mensaje lingüístico es, al mismo tiempo, receptor de su propia emisión. Esto le permite escuchar, monitorizar, corregir su discurso sobre la marcha y regular aspectos como el tono de voz. Junto con la intercambiabilidad, posibilita el diálogo interno.
- Vía vocal-auditiva: El canal natural del lenguaje humano se basa en la producción de pautas de sonido mediante el aparato fonador y su recepción a través del sistema auditivo. En ocasiones, la lectura de los movimientos articulatorios del rostro sirve de apoyo visual para la comprensión del mensaje.
- Transmisión irradiada y recepción dirigida: El sonido se propaga físicamente en todas las direcciones desde su punto de origen, sorteando obstáculos físicos como paredes o muebles. Cualquier receptor situado dentro del radio de alcance puede percibir la señal y localizar la fuente acústica gracias al sistema auditivo biaural.
- Especialización: Un proceso comunicativo está especializado cuando sus consecuencias energéticas directas son biológicamente irrelevantes. El habla humana requiere un consumo de energía mínimo y las perturbaciones físicas que genera en el aire no tienen otra función biológica que la comunicación misma, lo que demuestra un altísimo grado de especialización evolutiva.
6. Adquisición de la lengua materna frente al aprendizaje de segundas lenguas
Diferencias en el proceso de adquisición
La adquisición de la lengua materna (L1) coincide cronológicamente con el período de mayor maduración física y cognitiva del niño, existiendo una estrecha relación entre ambos procesos. El dominio de la L1 es el resultado de una exposición constante, prolongada y natural. La motivación del niño surge de la necesidad vital de interactuar con su entorno inmediato. Además, los datos lingüísticos que recibe no se presentan de forma ordenada ni gradual; el niño selecciona de forma intuitiva del caudal lingüístico aquello que necesita para construir su propio sistema gramatical interno.
Por el contrario, el aprendizaje de una segunda lengua (L2) puede realizarse a cualquier edad y no requiere coincidir con los procesos de maduración biológica. No suele existir una necesidad de supervivencia tan imperiosa como en la infancia y, por lo general, el proceso requiere una presentación ordenada y sistemática de los elementos lingüísticos. El aprendizaje de una L2 posee un carácter más artificial, lo que exige el diseño de metodologías específicas. Aprender una L2 implica, en gran medida, asimilar una nueva gramática cuando ya se tienen hábitos lingüísticos fuertemente consolidados y estructurados a partir de la lengua materna.
Postulados teóricos del aprendizaje de segundas lenguas
El aprendizaje de una lengua consiste en desarrollar la capacidad de comprender y utilizar un sistema de signos para comunicarse de forma oral o escrita con otros usuarios del mismo código. A diferencia de la adquisición natural de la L1, el aprendizaje de una L2 es un proceso complejo que varía según la edad del estudiante, sus objetivos personales y el entorno en el que se desenvuelve. Tradicionalmente, se distinguen dos vías de aprendizaje:
- Por necesidad o inmersión: De manera informal, mediante la interacción social y la repetición constante en el entorno de la lengua meta.
- De forma reglada: De manera formal y planificada dentro del contexto académico del aula.
Enfoques del aprendizaje reglado de una segunda lengua
En el ámbito escolar, la enseñanza de una segunda lengua se ha estructurado históricamente bajo tres grandes corrientes teóricas:
- Enfoque conductista: Concibe la adquisición de la lengua como la formación de un hábito de comportamiento mediante el esquema de estímulo-respuesta y refuerzo, de manera análoga a cómo se explicaba tradicionalmente el balbuceo infantil.
- Enfoque estructuralista: Basado en los principios de la lingüística de Saussure, propone la comparación de las estructuras formales de la lengua materna y de la segunda lengua para establecer paralelismos y correspondencias sistemáticas.
- Enfoque generativista: Basado en las teorías de Chomsky, busca canalizar la capacidad innata de adquisición del lenguaje que posee todo ser humano, estimulando la competencia lingüística interna del estudiante en el nuevo sistema.