Fundamentos de la Filosofía Presocrática: El Arche y el Logos

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Anaximandro de Mileto (610-545 a. C.)

Discípulo y continuador de Tales, escribió el libro Sobre la naturaleza, del cual no nos ha llegado mucho. Se le atribuye un mapa terrestre del mundo conocido y la afirmación de que la Tierra es esférica. Anaximandro piensa el Arche como ápeiron, es decir: lo indefinido, lo indeterminado.

Anaxímenes de Mileto (585-524 a. C.)

Anaxímenes fue discípulo de Anaximandro y afirma que el Arche es único e infinito. El Arche es determinado: el aire. Todo procede del aire en virtud de un doble proceso de rarefacción y condensación:

  • Por rarefacción, el aire se convierte en fuego.
  • Por condensación, se convierte en viento, que después se transforma en nube; aún más condensado se convierte en agua, después en tierra y, finalmente, en piedra.

Mantiene una posición hilozoísta, que concibe al mundo como algo vivo.

Heráclito de Éfeso (544-484 a. C.)

Se sabe muy poco de su vida; su desprecio por la sabiduría popular y las opiniones de los hombres destaca junto con su carácter enigmático y oscuro que traslada a sus textos. Concibe el Arche en el fuego.

El ciclo cósmico y el devenir

La totalidad de lo que existe perece en el fuego y renace del mismo. Se resume aquí la imagen del ciclo cósmico, la antigua idea del eterno retorno y la idea de un juicio universal. El acontecer del mundo es un flujo permanente, donde todo está en movimiento. La contradicción y la discordancia están en el origen de todas las cosas; la contradicción engendra la armonía, aunque esta armonía está oculta.

El Logos y el alma

Los hombres no pueden llegar a entender cómo lo contradictorio está de acuerdo consigo mismo, pues pasan sus vidas dormidos y distraídos, lo que les impide escuchar la ley o razón única que gobierna todo: el Logos. A pesar de esto, Heráclito afirma que el Logos también está en el hombre y que es su propia razón.

El alma es una parte del cosmos, es de naturaleza ígnea y permanece modificándose. Su cosmología se basa en el fuego; la misión del alma es conocer el Logos universal. El alma se mantiene activa y, por el conocimiento, sobrevive a la muerte para unirse al fuego cósmico.

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