Fundamentos de la Filosofía Moderna: Ética, Política y Conocimiento
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Immanuel Kant (1724–1804): La Ética del Deber
Kant desarrolla una ética formal y autónoma, basada en la razón práctica y no en la búsqueda de la felicidad o las consecuencias. Para él, una acción es moralmente buena solo si se realiza por deber, no por interés o inclinación.
El principio central de su ética es el imperativo categórico, que ordena actuar de forma que la máxima de la acción pueda convertirse en ley universal. También formula la idea de tratar a la humanidad siempre como un fin y nunca solo como un medio.
Acciones y Moralidad
Kant distingue entre dos tipos de acciones:
- Acciones conforme al deber: Son correctas pero no poseen valor moral intrínseco.
- Acciones por deber: Son auténticamente morales.
La moralidad depende estrictamente de la intención, no del resultado obtenido. En conclusión, la ética kantiana es universal, racional y autónoma, y se basa en la obediencia a la ley moral que la razón dicta a sí misma.
David Hume (1711–1776): El Problema de la Moral
Hume, máximo representante del empirismo, sostiene que la moral no se basa en la razón, sino en el sentimiento. Para él, los juicios morales no son verdades racionales, sino emociones de aprobación o rechazo que surgen en el ser humano.
La Crítica al Racionalismo Moral
Distingue entre lo que es y lo que debe ser, afirmando que no se puede derivar una norma moral a partir de hechos (crítica al paso del “ser” al “deber ser”). Por ello, la moral no es objetiva ni racional en sentido estricto.
La base de la moral es la simpatía, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, lo que permite aprobar acciones que favorecen la felicidad y rechazar las que causan sufrimiento. En conclusión, Hume defiende una moral basada en el sentimiento humano y no en la razón, donde lo bueno es aquello que genera aprobación y utilidad para la convivencia.
Jean-Jacques Rousseau (1712–1778): El Problema de la Sociedad y la Política
Rousseau, principal autor del contractualismo moderno, defiende que el ser humano es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe al introducir la desigualdad, la propiedad privada y la dependencia.
El Contrato Social y la Soberanía
Para explicar el origen del Estado, propone el contrato social, mediante el cual los individuos renuncian a su libertad natural para formar una comunidad política basada en la voluntad común. La soberanía reside en la voluntad general, que representa el interés colectivo y no la simple suma de intereses particulares. Esta voluntad es:
- Inalienable
- Indivisible
Debe guiar las leyes del Estado. Rousseau defiende una forma de democracia donde el pueblo es el verdadero soberano, garantizando así la libertad civil y la igualdad. En conclusión, la legitimidad política no depende del poder, sino de la voluntad general y del acuerdo libre de los ciudadanos.
René Descartes (1596–1650): El Problema del Conocimiento
Descartes, fundador del racionalismo moderno, busca un conocimiento absolutamente seguro. Para ello utiliza la duda metódica, que consiste en dudar de todo aquello que pueda ser falso:
- Los sentidos.
- La realidad (posible confusión con un sueño).
- Incluso las matemáticas (mediante la hipótesis del genio maligno).
El Cogito y el Método
En medio de esta duda encuentra una primera verdad indudable: el “cogito, ergo sum” (pienso, luego existo), ya que aunque dude, no puede dudar de que está pensando. Así establece la existencia del yo como sustancia pensante (res cogitans).
A partir de esta certeza, Descartes demuestra la existencia de Dios, un ser perfecto que no puede engañar, y que garantiza la verdad de las ideas claras y distintas. Su método se basa en cuatro reglas fundamentales:
- Evidencia
- Análisis
- Síntesis
- Enumeración
Estas reglas permiten construir un conocimiento racional y seguro. En conclusión, Descartes afirma que la razón es el fundamento del conocimiento verdadero y que solo mediante el método se puede alcanzar la certeza.