Fundamentos de la Antropología Filosófica: Del Psiquismo Humano al Conocimiento

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1. El psiquismo humano

La palabra psique proviene del griego y significa “alma” o “espíritu”. El término hace referencia a una importante dimensión de la realidad humana asociada a nuestros pensamientos, deseos, sentimientos y acciones. La dimensión psicológica de los seres humanos está relacionada con nuestros procesos mentales y con la conducta que desarrollamos.

6.1 El conductismo y los procesos mentales

A mediados del siglo XX, el conductismo se convirtió en la principal corriente de la psicología y pretendía desarrollar una psicología rigurosamente científica; para ello, se centró en estudiar únicamente el comportamiento, sin prestar atención a los procesos mentales. Los conductistas afirmaban que los procesos mentales no pueden registrarse de forma objetiva porque no son observables, pues al único que puede acceder a los procesos mentales es el sujeto que los experimenta. Sin embargo, actualmente, la psicología presta atención tanto a la conducta como a los pensamientos, la percepción, las emociones o la motivación.

6.2 La memoria

La memoria es la capacidad que tiene nuestra mente de almacenar y recuperar información. Existen 3 tipos de memoria:

  • Memoria sensorial: es aquella que les permite a nuestros sentidos retener los datos que captan durante un breve espacio de tiempo (1-2 segundos).
  • Memoria a corto plazo: es capaz de almacenar los datos captados por la memoria sensorial durante un tiempo algo superior (15-20 segundos). Los demás datos de la memoria sensorial desaparecen sin dejar rastro.
  • Memoria a largo plazo: es aquella capaz de guardar información de forma definitiva. Para que un dato pueda retenerse de forma indefinida es necesario que pase de la memoria a corto plazo a la memoria de largo plazo. La capacidad de este almacén no tiene límite, pero la eficacia de almacenamiento y la posterior recuperación de los datos depende de cómo organicemos la información que contiene.

Estos 3 tipos de memoria están relacionados con diferentes áreas del cerebro. Por esta razón, en ocasiones, puede darse el caso de que un accidente cerebral afecte a una de ellas sin alterar las otras.

6.3 La emoción

Los seres humanos somos seres emocionales. Nuestra relación con el mundo y con los demás genera en nosotros reacciones afectivas de muy diverso tipo y grado. No todos los estados anímicos son igual de intensos o duraderos. Estos se clasifican en:

  • Emociones: una emoción (terror, alegría) es un estado de ánimo de gran intensidad, pero que por lo general es de corta duración.
  • Sentimientos: los sentimientos (odio, amor) son estados de ánimo menos intensos pero que pueden prolongarse mucho más en el tiempo.

Ambos están íntimamente relacionados con la dimensión biológica del ser humano, pues las reacciones anímicas se desencadenan mediante una liberación de sustancias químicas que alteran el funcionamiento del organismo. Las emociones y sentimientos orientan nuestra conducta generando en nosotros ciertas tendencias e inclinaciones concretas. No obstante, los estados anímicos no determinan el comportamiento del ser humano. La inteligencia consciente es lo que nos convierte en seres libres capaces de decidir cómo actuar en cada caso; por eso somos capaces de controlar nuestras emociones y elegir cómo reaccionar ante ellas.

6.4 La inteligencia

Es la característica más singular del ser humano y puede definirse como la capacidad de conocer, analizar, comprender y resolver problemas de forma creativa. Tiene una dimensión cognitiva, pero también está asociada a la capacidad de modificar nuestro comportamiento para adaptarnos a las circunstancias. Actuamos de forma inteligente cuando somos capaces de emplear nuestros conocimientos y nuestras habilidades para resolver situaciones nuevas de manera exitosa. Los seres humanos tenemos una inteligencia muy desarrollada porque podemos pensar de forma abstracta. El uso del lenguaje permite representar objetos y situaciones complejas que no están presentes ante nosotros. Esta capacidad de abstracción nos ayuda a diseñar soluciones innovadoras cuando se nos presentan problemas imprevistos.

El psicólogo Howard Gardner propuso la teoría de las inteligencias múltiples, que dice que la inteligencia es una realidad compleja en la que intervienen múltiples factores interrelacionados. Según Gardner, no existe una sola inteligencia, sino al menos 8 tipos distintos relacionados con muchos campos diferentes: la inteligencia lingüística, la inteligencia lógico-matemática, la inteligencia espacial, la inteligencia musical, la inteligencia cinestésica (movimiento corporal), la inteligencia intrapersonal, la inteligencia interpersonal y la inteligencia naturalista.

7. La dimensión sociocultural de los seres humanos

Los seres humanos somos animales sociales. Desde que nacemos necesitamos relacionarnos con los demás para poder sobrevivir. De hecho, la vida en grupo es tan importante que sin ella no seríamos verdaderamente humanos.

7.1 Lo innato y lo adquirido

  • Los caracteres innatos proceden de nuestra herencia biológica, y se llaman así porque forman parte de nuestra vida desde que nacemos (el color de la piel, el grupo sanguíneo, etc.).
  • Los caracteres adquiridos son aquellos que vamos incorporando con el paso del tiempo mediante el aprendizaje en sociedad (lengua, normas que seguimos, la forma de vestir, etc.).

A pesar de esta distinción, existen muchas características personales en las que confluyen elementos innatos y adquiridos. Existen muchos factores en los que la herencia biológica condiciona nuestras tendencias y capacidades generales, mientras que el aprendizaje cultural nos permite desarrollar con el tiempo esas características.

  • Nuestra inteligencia depende del cerebro con el que nacemos, pero también de los aprendizajes que vayamos realizando a lo largo de la vida.
  • La diferencia de sexo hace referencia a los caracteres biológicos y la diferencia de género hace referencia a los caracteres adquiridos que distinguen a los hombres de las mujeres.

7.2 Cultura y sociedad

La socialización es un proceso a través del cual un individuo interioriza la forma de vida característica del grupo al que pertenece para integrarse en la sociedad. Este proceso es especialmente importante en las primeras etapas de la vida. Mediante la socialización, los seres humanos se convierten en miembros de una cultura específica. La incorporación de los aprendizajes culturales nos convierte en seres plenamente humanos, ya que nos permite relacionarnos con los demás y formar parte activa de nuestro grupo social.

El concepto de cultura hace referencia al conjunto de normas, valores, expectativas y tradiciones propias de una sociedad. La cultura que compartimos con los demás integrantes de nuestra sociedad está formada por los siguientes elementos:

  • Ideas: es el conjunto de conocimientos, opiniones y visiones del mundo globalmente compartidas por los miembros del grupo social (conocimientos médicos, creencias religiosas, etc.).
  • Normas: son las reglas que organizan la vida en sociedad. Las normas pueden ser leyes escritas, mandamientos de carácter religioso o bien costumbres que la gente respeta de manera tradicional.
  • Instituciones: una institución es una práctica social establecida que se mantiene vigente a lo largo del tiempo. El funcionamiento de las instituciones está sujeto por sus propias reglas, y es independiente de las personas concretas implicadas. De acuerdo con esta definición, una escuela o un hospital son ejemplos de instituciones, pero también lo son el matrimonio y el luto por los muertos.
  • Objetos: los objetos producidos por un grupo humano también forman parte de su riqueza cultural. Al conjunto de artefactos realizados en una sociedad concreta se le denomina “cultura material”. Esta incluye elementos como vestidos, herramientas o armas, así como producciones artísticas y los objetos empleados con fines mágicos o religiosos.
  • Técnica: son los procedimientos que un grupo social emplea para intervenir en la naturaleza y satisfacer sus deseos y necesidades materiales. Las formas de cocinar los alimentos o las formas en las que se construyen las viviendas son ejemplos de técnicas presentes en todas las sociedades.

Los caracteres adquiridos se caracterizan por ser variables y dependientes de la cultura en la que vivimos. Sin embargo, existen algunas características culturales que son muy similares en todos los pueblos conocidos. Estos caracteres adquiridos que son compartidos por todas las sociedades se llaman universales culturales.

7.3 La variedad de las culturas

Aunque todos los seres humanos compartimos una misma herencia biológica, la existencia de distintas culturas hace que cada sociedad viva de una manera diferente.

  • Etnia: es el conjunto de personas que comparten una misma cultura y formas de vida.

La antropología cultural, que se dedica a estudiar las culturas, ha registrado la asombrosa riqueza y variedad de las formas de la vida humana.

  • Etnocentrismo: visión que consiste en creer que la etnia propia es la buena y la natural, mientras que las demás se consideran extrañas, primitivas o absurdas; es decir, se considera que la cultura propia es superior a las demás.

El rechazo al etnocentrismo condujo a algunos autores a defender una visión radicalmente opuesta:

  • El relativismo cultural: sostiene que todas las culturas son igualmente buenas y que no es posible juzgar ningún rasgo cultural si no es en relación con la cultura en la que se encuentra.

Debido a que muchas veces el relativismo cultural llevado al extremo es una postura difícil de defender, los filósofos defienden la existencia de unos criterios básicos que todas las culturas deben respetar, independientemente de sus peculiaridades. Estos criterios elementales se corresponden con el respeto de los derechos de las personas. Todos los seres humanos compartimos unos mismos rasgos biológicos, somos seres racionales, libres y autónomos. Esto supone que existe en nosotros una dimensión personal que es el fundamento de nuestra dignidad. Por eso, todas las culturas deberían respetar los derechos y la dignidad de las personas.

8. La persona

Una persona es un ser inteligente, consciente de su propia existencia, libre y racional. Esto hace que cada persona sea consciente de su singularidad individual como ser humano único e irrepetible. Una característica muy importante de nuestra dimensión personal es la autonomía, que es la capacidad de una persona para ponerse a sí misma sus propias normas.

8.1 El sentido

Los seres humanos somos los únicos animales capaces de preguntarse por el sentido de su propia existencia. En la mayor parte de las sociedades tradicionales, esta pregunta obtuvo algún tipo de respuesta mediante los mitos, las creencias tradicionales o la religión. La filosofía también trató de responderla con la ayuda de la razón. Los filósofos ofrecieron tres planteamientos distintos:

  • El nihilismo: los nihilistas no creen que la vida tenga ningún sentido especial. No hay ninguna razón por la que estemos vivos, simplemente surgimos como producto de una serie de procesos biológicos. De acuerdo con el nihilismo, los humanos solo somos especiales porque somos inteligentes y podemos hacernos preguntas. Nuestra vida surgió como fruto del azar, terminará con la muerte, después de la cual no hay nada. Para los nihilistas, cualquier intento de buscar un sentido superior a la realidad humana es una fantasía ingenua e inútil.
  • La respuesta inmanente: estos filósofos creen que el sentido de la existencia debe buscarse en la propia vida humana, ofreciendo una respuesta inmanente.
  • El reconocimiento de la trascendencia: estos filósofos consideran que solo es posible explicar el sentido de nuestra existencia en una realidad trascendente que está más allá de nuestro mundo. Para ellos, la dimensión personal del ser humano está íntimamente unida a la aspiración que todos sentimos a superar las limitaciones del tiempo y de la finitud humana.

8.2 La dignidad de la persona

La dignidad hace referencia a la importancia y al valor único e irrepetible de cada persona. La libertad, la conciencia y el carácter singular de cada uno de nosotros determinan que cada ser humano sea portador de un valor intrínseco al que llamamos dignidad. Este valor está asociado al simple hecho de pertenecer al género humano, así que no depende del lugar de residencia o el tipo de vida.

Todas las personas somos portadoras de derechos porque tenemos dignidad. Los derechos humanos se fundamentan en el valor individual que tiene cada uno de nosotros por el simple hecho de ser una persona. Por eso se afirma que los derechos humanos son universales (válidos con carácter general para todas las personas, en todos los lugares y en todos los momentos).

9. La antropología filosófica

Es la rama de la filosofía que se interroga sobre el ser humano. Las preguntas que se hace no se pueden responder científicamente, porque no es posible contrastarlas de manera empírica. A pesar de eso, se trata de cuestiones fundamentales que todos nos hemos hecho alguna vez y para las que necesitamos encontrar alguna respuesta.

9.1 La singularidad de lo humano

Uno de los temas más importantes de los que se ocupa la filosofía antropológica consiste en determinar lo que caracteriza específicamente a los seres humanos:

  • Filosofía griega: para los griegos, la característica determinante de los seres humanos es la racionalidad, que está muy asociada a la capacidad de emplear el lenguaje. Además, para el pensamiento griego, el uso de la razón es inseparable de la vida moral y social.
  • Cristianismo: considera que lo que distingue a los seres humanos es el alma inmortal, creada por Dios. Los seres humanos son criaturas especiales, ya que fueron hechas a imagen y semejanza de Dios. Por eso existe en nosotros un elemento trascendente que va más allá de lo material y que es el fundamento de nuestra dimensión personal y de nuestra dignidad.
  • Existencialismo: según el existencialismo, la libertad es la dimensión esencialmente humana que nos diferencia del resto de seres. Las personas no tenemos unos rasgos fijos, porque podemos usar la libertad para construir nuestro propio ser. Los seres humanos somos aquello en lo que nos convertimos empleando nuestra libertad.
  • Filosofía de Karl Marx: según esta filosofía, el rasgo distintivo de lo humano es el trabajo. Solo los seres humanos somos capaces de emplear la razón de forma imaginativa para transformar el mundo que nos rodea de forma creativa. Esta posibilidad es lo que nos diferencia de los animales y lo que nos hace verdaderamente humanos.
  • Filósofos vitalistas: para Friedrich Nietzsche o José Ortega y Gasset, la conciencia de nuestra vida individual es lo que nos hace humanos. Ningún otro animal es capaz de apreciar que la vida es el punto de partida desde el cual cobra sentido todo lo que hacemos y pensamos.
  • Otros pensadores: destacan la importancia en los seres humanos de una dimensión inconsciente, de la que no nos percatamos, pero que dirige secretamente nuestra conducta. De acuerdo con la teoría de Sigmund Freud, gran parte de lo que hacemos o decidimos procede de impulsos ocultos que orientan nuestra vida sin que nos demos cuenta.

10. El animal racional

  • La racionalidad humana en el pensamiento aristotélico: para Aristóteles, la razón y la palabra son el fundamento de la moralidad y de la sociabilidad humanas. La capacidad de hablar y de pensar nos sirve para distinguir el bien y el mal, y para poder de este modo convivir en sociedad. Esta visión se corresponde con la interpretación teológica de la realidad. Aristóteles creía que todo lo que existe aspira a alcanzar sus propias metas. Por eso el dominio humano del logos no es casual, sino que está al servicio de una finalidad concreta. Empleando la razón y la palabra podemos convertirnos en seres morales y sociales y alcanzar la felicidad a la que tendemos de manera natural.
  • La dimensión racional del ser humano en Kant: para Kant, la razón es la característica fundamental de los seres humanos, porque es el fundamento de la capacidad moral y de la dignidad de las personas. Kant distinguía dos usos de la razón: la razón teórica que nos permite conocer y la razón práctica que nos ayuda a decidir cómo actuar. Los seres humanos tenemos dignidad porque nuestra condición de seres racionales, conscientes y capaces de decidir nos hace únicos.

11. La filosofía de la sospecha

En el siglo XIX surgieron interpretaciones antropológicas interesadas en estudiar los factores ocultos que influyen en las personas. Marx, Nietzsche y Freud son los tres importantes pensadores que adoptaron este enfoque al elaborar sus teorías sobre el ser humano.

El filósofo francés Paul Ricoeur les llamó maestros de la sospecha, pues fueron los primeros en sospechar que las interpretaciones tradicionales acerca del ser humano no eran suficientes. Para ellos, existen elementos ocultos que influyen decisivamente en nuestro comportamiento.

11.1 El trabajo en la antropología de Marx

Para Marx, la esencia de lo humano se expresa en la realización de un trabajo creativo que nos permite transformar la realidad que nos rodea colaborando con los demás. Solo las personas somos capaces de planificar con antelación el modo en el que vamos a transformar la realidad, en lugar de seguir nuestros instintos. En el proceso del trabajo los humanos empleamos la imaginación, la razón y la creatividad. De este modo podemos modificar nuestro entorno para cubrir nuestras necesidades y para satisfacer nuestros deseos materiales. Por eso el trabajo es una actividad liberadora y creativa, en la que se manifiesta nuestra verdadera condición humana.

Las relaciones del trabajo en la sociedad industrial: la ideología es una visión distorsionada del mundo que sirve para justificar el dominio de los poderosos. En las sociedades tradicionales, los trabajadores son dueños de los productos que elaboran; es decir, un artesano vuelca toda su energía y creatividad en hacer un objeto, fruto de su esfuerzo. No obstante, la situación de los trabajadores es muy distinta, pues los obreros que trabajan en una fábrica no son dueños de los productos que elaboran. Aunque gasten energía en el proceso de producción, el resultado de su esfuerzo pertenece a un capitalista, propietario de la fábrica. De este modo el obrero sufre un malestar. En vez de ser libre, el obrero de las sociedades capitalistas está esclavizado y tratado como una máquina, experimentando la alienación (proceso de extrañamiento característico de la sociedad capitalista).

11.2 El vitalismo de Nietzsche

El vitalismo de Nietzsche afirma la importancia de la vida, entendida como una experiencia individual llena de intensidad y plenitud. Nietzsche criticó la filosofía occidental por negarse durante siglos a reconocer la importancia de la vida humana. Para este filósofo, nuestros impulsos más primarios eran fundamentales, porque constituyen elementos centrales e innegables de nuestra vida.

Según él, Platón es el principal responsable de este nefasto desprecio de la vida, pues en sus obras siempre insistió en la prioridad del espíritu sobre la materia, condenando todo lo corporal como inferior. Para Platón, el origen de los defectos, las imperfecciones y las limitaciones humanas es nuestro cuerpo material. Este ascetismo platónico explica, según Nietzsche, por qué la tradición filosófica en general condenó al cuerpo como impuro y valoró únicamente nuestra dimensión espiritual. Frente al platonismo y el cristianismo, la filosofía nietzscheana resalta lo mundano, el valor de la vida y la importancia de todo lo corporal. Lo auténticamente valioso es la fuerza, la salud, el orgullo, la pasión y todo lo que sirva para desarrollar la plenitud vital. La razón para Nietzsche no es un instrumento para alcanzar la verdad, sino que más bien nos sirve para elaborar mentiras de provecho. Más allá de la razón, existen en nosotros impulsos irracionales que explican lo que somos. Este filósofo es un maestro de la sospecha por su desconfianza en el poder de la razón, junto con su insistencia en el peso de lo irracional en el ser humano.

11.3 El inconsciente

Sigmund Freud no era filósofo, sino médico. La filosofía del siglo XX está influida por las ideas de Freud, y sus aportaciones fundamentales siguen marcando la orientación de diversas corrientes psicológicas y filosóficas. Freud elaboró la teoría del psicoanálisis a partir de conversaciones espontáneas con sus pacientes. La teoría psicoanalítica pone de manifiesto la existencia de elementos ocultos en nuestros procesos psíquicos.

  • El inconsciente: según Freud, el inconsciente es el ámbito de nuestros deseos escondidos, de las pulsiones que reprimimos y de las experiencias olvidadas que marcaron nuestra infancia. Es el lugar donde se encuentra todo aquello que nos avergüenza y que nos negamos a aceptar racionalmente. Los deseos que aquí se encuentran muestran una lucha continua por salir de su confinamiento y pasar al preconsciente.
  • El preconsciente: es el lugar donde se procesa todo lo que proviene del inconsciente, disimulando los rasgos que parecerían inaceptables para nuestra razón. De este modo, el preconsciente actúa como un lugar intermedio entre el inconsciente y el consciente, seleccionando lo que puede dejarse ver y lo que debe quedar agazapado.
  • El consciente: es el espacio mental que podemos conocer directamente. Todos los procesos mentales a los que podemos acceder pertenecen al ámbito consciente. En él están los pensamientos, sentimientos y deseos de los que nos damos cuenta y de los que hablamos habitualmente.

Freud señaló la importancia que tienen en nuestros procesos mentales los deseos y traumas inconscientes, de los que no nos damos cuenta.

12. Los múltiples rasgos de lo humano

La filosofía tiene una búsqueda continua por encontrar aquello que nos hace humanos. A lo largo del tiempo, los pensadores prestaron especial atención a algunos rasgos concretos de las personas (dominio de la palabra, racionalidad, moralidad, sociabilidad, libertad, conciencia, trabajo, vida y los procesos mentales inconscientes). Algunos filósofos consideran que lo que nos hace humanos es nuestra capacidad para crear y disfrutar del arte, pues valoramos la belleza, la armonía de las formas y la originalidad creativa. Otros pensadores prestaron atención a la risa, otros al juego, a la música, etc. Además de esto, también se insistió en la capacidad única de los humanos de manifestar empatía (capacidad de ponernos en el lugar del otro y de sentir como si fuera algo propio el sufrimiento o dolor de los demás) o de estar de luto (capacidad de sentir tristeza y sufrimiento por la pérdida de nuestros seres queridos).

12.1 La disolución del sujeto

Para el filósofo francés Michael Foucault, el interés por el ser humano está ligado a una época y a una cultura concretas; es decir, que las obras de los autores antiguos se interesan por la persona, pero no tratan sobre el “ser humano”. El concepto del “ser humano” solo toma forma en la modernidad. Este concepto surge cuando los Estados europeos comienzan a desarrollarse y surgen técnicas para gestionar y controlar la sociedad, con las que emergen los conceptos de sujeto y ser humano.

  • El sujeto es el individuo que se puede contabilizar en las estadísticas, el que se puede educar en las escuelas, el que se puede encerrar en la cárcel, etc. Solo cuando aparece este concepto es posible desarrollar las ciencias humanas o elaborar una filosofía específica sobre el ser humano. Por eso este tema responde a una situación cultural muy concreta, que tal vez pueda modificarse en el futuro.

13. El cuerpo y el alma

En muchas culturas se considera que todas las cosas tienen alma o un principio vital. De acuerdo con esta visión de la realidad, denominada animismo, los animales, árboles, piedras, etc., tienen alma. No obstante, muchos pueblos destacaron el carácter singular de los seres humanos, atribuyendo la diferencia a un elemento espiritual único en el alma humana.

13.1 El dualismo antropológico

Afirma la existencia del cuerpo y el alma como dos realidades distintas, una material y otra espiritual. Los dualistas consideran que la dimensión espiritual del ser humano es la sede de la racionalidad, por lo que constituye la parte más valiosa de las personas.

  • Visión platónica: la visión de Platón establece una completa separación entre el cuerpo y el alma. Según este, el cuerpo es material, por lo que pertenece al mundo sensible. Como todas las cosas materiales, el cuerpo es imperfecto y cambiante. Además, es finito porque es mortal. En cambio, el alma es la parte inmortal y espiritual del ser humano. Para Platón el alma está muy por encima del cuerpo; afirmaba que el alma era prisionera del cuerpo. Además, creía en la reencarnación y pensaba que nuestra alma racional había estado en contacto con el mundo de las ideas antes del nacimiento, por eso las conocemos, aunque al nacer las olvidásemos. Esto es lo que hace posible la reminiscencia (evocación del pasado, normalmente algo que vuelve a la memoria sin ser del todo claro).
  • El alma humana en el cristianismo: la antropología cristiana se inspira en el dualismo platónico, pero rechaza la reencarnación. Según el cristianismo, nuestra alma inmortal no existe con anterioridad al cuerpo, sino que es creada por Dios para cada persona. El alma está asociada a la dimensión trascendente que hay en las personas y que aspira a la salvación que nos espera después de la vida. El destino del alma dependerá de nuestro comportamiento, porque el hombre es libre de elegir los mandamientos de Dios o de desobedecerlos cayendo en el pecado.
  • El ser humano en la filosofía de Descartes: la antropología de Descartes también es dualista. Para Descartes, el cuerpo es una sustancia material sujeta al determinismo y el alma, en cambio, es una sustancia pensante espiritual, libre e inmortal. Este filósofo concibe que el cuerpo humano se comporta como una máquina, por lo que su funcionamiento se puede predecir científicamente. En cambio el alma, al no tratarse de algo material, no está sujeta al determinismo. Nuestros pensamientos, deseos y decisiones no están sometidos a las leyes de la ciencia. Por eso el alma humana es libre e inmortal. Descartes pensaba que el alma actúa como guía del cuerpo.

13.2 El monismo materialista

Pensadores ilustrados reaccionaron contra el dualismo proponiendo una teoría basada en el materialismo, el monismo antropológico. Esta teoría considera que el ser humano está constituido por una única realidad, que es el cuerpo. Según los monistas el alma no es más que un efecto producido por el funcionamiento de nuestros órganos. Además, como rechazan la existencia de una parte espiritual en el ser humano, los monistas creen que no existe nada después de la muerte.

  • Julien Offray de La Mettrie: fue un materialista y fisicalista contemporáneo de los más importantes. Para él, el ser humano es una especie de robot muy sofisticado, cuya complejidad es tan grande que a veces nos hace pensar en la existencia de una parte inmaterial llamada alma. No obstante, la alma no existe, porque tan solo somos materia.
  • Monistas contemporáneos: en la época contemporánea muchos autores apoyaron alguna versión del monismo antropológico. Estos pensadores interpretan que todo lo que existe está constituido por materia; por lo tanto, el ser humano está formado por átomos, al igual que las plantas y los animales. Lo que somos puede explicarse científicamente, estamos hechos a partir de células, que a su vez están hechas de moléculas.
  • Fisicalistas: los actuales partidarios del monismo no se consideran materialistas, sino que defienden el fisicalismo. Para los fisicalistas, la realidad última del ser humano está constituida por los procesos físicos que suceden en el cuerpo, de manera que la actividad mental es también una realidad física.

13.3 Unión inseparable

Desde el siglo XVIII la antropología filosófica estuvo dividida entre los partidarios del dualismo y los defensores del monismo materialista, que hicieron que surgieran alternativas. Por ejemplo, el emergentismo, el cual sostiene que la dimensión espiritual del ser humano es una propiedad que emerge de la materia, pero que se encuentra en un plano superior cualitativamente distinto. En él destacan Mario Bunge o Karl Popper. Según esta teoría, las personas estamos constituidas por un cuerpo formado por átomos, pero para explicar lo que somos no podemos simplemente quedarnos con esa realidad material; eso sería caer en un reduccionismo.

14. El “yo”

Nuestra identidad consiste en aquello que permanece en nosotros a lo largo del tiempo aunque otras muchas cosas vayan cambiando. De este modo, el sentido de la identidad es lo que nos permite identificarnos con la persona que fuimos en un pasado.

14.1 El lugar del “yo”

El filósofo David Hume creía que nunca seremos capaces de encontrar el “yo”. Para él, las ideas acerca de la realidad solo tienen validez si se pueden señalar la experiencia de la cual proceden. El “yo”, según Hume, no es algo de lo que tengamos experiencia, sino que es algo así como el lugar en el que tienen lugar todas las experiencias que vivimos. Para él, la clave de la identidad personal estaba en la memoria. Los seres humanos tenemos conciencia de lo que nos sucedió en el pasado y podemos recordar episodios anteriores a nuestras vidas. Con estos recuerdos elaboramos un retrato en nuestra mente con el que tratamos de darle continuidad y sentido a nuestras experiencias. Según esta teoría, nuestro sentido de la identidad se basa en la continuidad de nuestros procesos psicológicos a lo largo del tiempo.

14.2 La identidad y la memoria

Cuando se producen alteraciones graves de la memoria a causa de un accidente o de una enfermedad pueden existir problemas para reconocer el propio “yo”. El papel fundamental que desarrollan el relato con el que nos contamos nuestra propia vida también está muy presente en el pensamiento del filósofo Paul Ricoeur. En su estudio del modo en el cual las personas construimos nuestro sentido de la identidad personal, Ricoeur le da mucha importancia a la narratividad. Los seres humanos, según él, somos las historias que nos contamos nosotros mismos, en las que se muestra un aspecto crucial de nuestras vidas, que es la temporalidad. Solo gracias a estos relatos podemos crear un hilo que conecta nuestras experiencias pasadas con el presente, permitiendo así que tengamos un sentido de la identidad personal.

15. Conocimiento, creencia y opinión

El conocimiento puede definirse como una opinión verdadera que somos capaces de justificar. No obstante, es importante advertir que quizás existan afirmaciones que nosotros consideramos válidas pero que en realidad no lo son; en este caso estaremos ante opiniones o creencias que resultan ser falsas.

15.2 Formas del conocimiento

  • Percepción sensorial: es aquella que nos permite recoger información acerca del mundo que nos rodea. Lo que captamos a través de los sentidos puede servirnos para justificar muchas de nuestras afirmaciones acerca de la experiencia empírica.
  • Memoria: nos permite almacenar y recuperar información, algo que resulta esencial para conocer.
    • Memoria episódica: hace referencia a nuestra capacidad de recordar sucesos y experiencias que vivimos en el pasado.
    • Memoria procedimental: tiene relación con nuestra capacidad para recordar cómo desarrollar una actividad.
    • Memoria semántica: es la que nos permite almacenar contenidos significativos.
  • Razón: nos ayuda a encadenar proposiciones para realizar inferencias y sacar conclusiones a partir de ellas. De este modo, buena parte de lo que conocemos puede justificarse racionalmente.
  • Emoción: pueden ayudarnos a diferenciar las acciones correctas de las que son inadecuadas y aportan información valiosa acerca de las relaciones con los demás y cuando intentamos conocernos a nosotros mismos.
  • Imaginación: sirve para elaborar imágenes mentales combinando elementos previos de maneras originales. Esto hace posible que introduzcamos cambios en nuestro entorno, y que descubramos maneras originales y diferentes de interpretar la realidad.
  • Intuición: es una forma de conocimiento controvertida, porque no hay unanimidad a la hora de reconocerla como una manera válida de justificar lo que sabemos. Intuir consiste en captar una verdad de manera directa e inmediata, sin necesidad de realizar complicados procesos de pensamiento o de procesamiento de la información.
  • Fe: tener fe significa confiar en la validez de algunas afirmaciones que no siempre se pueden justificar en la experiencia o en la razón.

15.3 Saber común y académico

  • Saber académico: es aquel que se elabora siguiendo un método organizado, crítico y riguroso, que aspira a producir conocimientos que sean fiables.
  • Saber común: son aquellos conocimientos que no proceden de ninguna institución, sino que se aprenden a lo largo de la vida.

15.4 La razón poética

La creación poética puede ayudarnos a conectar con la dimensión más profunda y misteriosa de la realidad, que se nos escapa si miramos las cosas desde un punto de vista estrictamente racional. María Zambrano presentó una propuesta que consiste en conjugar la armonía de la visión racional y la poética, para desarrollar de ese modo un nuevo modo de conocer, que ella denomina razón poética. La razón poética debe tener en cuenta la potencia y la utilidad de una aproximación racional a la realidad, pero sin olvidar la dimensión metafórica y simbólica del saber poético.

15.5 Las creencias religiosas

Aunque no todas las personas comparten las creencias religiosas, lo cierto es que en todas las culturas y los pueblos del mundo pueden encontrarse algunas formas de religión. Por eso, es indudable que la religión ejerce una gran influencia en la vida de muchas personas. El sociólogo Émile Durkheim propuso identificar la religión con las creencias y las prácticas asociadas a lo sagrado. Lo sagrado, según Durkheim, es lo que nos parece digno de especial respeto y que, por ese motivo, es importante separar de lo profano, que es lo que forma parte de nuestra vida cotidiana y ordinaria.

16. Dimensión social y política del conocimiento

Aristóteles creía que en todos nosotros hay cierta curiosidad natural, que es el fundamento de nuestro interés por la ciencia y por la filosofía. Según Aristóteles, las personas queremos conocer, en primer lugar, porque nos hacemos preguntas acerca de la realidad y del mundo que nos rodea. No obstante, el conocimiento también puede buscarse por su utilidad, ya que puede servirnos como un medio para alcanzar nuestros objetivos y para lograr otros fines que vayan más allá de saciar el simple deseo de saber.

16.1 Conocimiento e interés

El filósofo alemán Jürgen Habermas trató de identificar los intereses que están asociados a nuestro empeño por conocer. Según Habermas, el conocimiento está asociado a unos intereses rectores, que son diferentes dependiendo del ámbito en el que se desarrolle la investigación. De acuerdo con Habermas, el propósito de las ciencias naturales consiste en encontrar las leyes que describen los fenómenos que podemos estudiar experimentalmente. Así pues, ciencias como la física, la química o la biología están impulsadas por un interés técnico, porque su objetivo es saber para poder predecir y controlar lo que sucede en el mundo natural. En cambio, las ciencias sociales lo que pretenden es comprender las motivaciones que mueven a las personas a actuar. Ciencias como la psicología, la economía o la antropología tienen un interés práctico, ya que su objetivo último es ayudarnos a entender cómo somos los seres humanos. Además, también aspiran a promover una mejor forma de comunicación entre nosotros. Finalmente, Habermas identifica un tercer ámbito de la investigación, que es el de las ciencias críticas. Este tipo de investigaciones se centran también en la realidad humana, aunque su propósito fundamental va más allá de la aspiración de conocer. Las ciencias críticas tienen un interés emancipatorio, porque tienen como objetivo promover una transformación de la realidad para construir una sociedad más libre, más justa y más igualitaria.

16.2 Dimensión social del conocimiento

El conocimiento propio de un campo específico del saber es siempre un saber compartido, que se desarrolla en el ámbito de una comunidad de conocedores. Por un lado está lo que sabemos, que constituye el contenido del conocimiento. Por otro lado está la persona o personas que lo saben (agentes del conocimiento). Las cosas que un individuo experimenta y aprende forman parte de su conocimiento individual. En cambio, si esas cosas que conoce un individuo las conoce un grupo de personas encargadas de adquirir, validar y difundir ese conocimiento, forma parte del patrimonio de una comunidad de investigadores, profesores y alumnos.

16.3 Conocimiento y poder

Conocer la realidad nos permite intervenir en ella, dándonos la capacidad de transformarla, pero más allá de la técnica, también podría decirse que el conocimiento en sí mismo puede a veces convertirse en un instrumento de poder. Foucault estudió con gran detalle cómo la aparición de las ciencias humanas puede vincularse con el desarrollo de potentes mecanismos de control social. Según este filósofo, cuando disponemos de conocimientos en áreas como la estadística, la psicología o la medicina, se hace posible administrar la vida de las personas para emplearla como un recurso al servicio del poder. En esto consiste lo que Foucault denomina biopolítica.

17. Lo que podemos saber

A pesar de que las ciencias consiguieron éxitos extraordinarios, parece improbable que puedan llegar alguna vez a ofrecernos un medio para saberlo todo. Por mucho que investiguemos, hay razones para pensar que existe un límite a lo que los seres humanos podemos conocer.

17.1 La percepción sensorial

Buena parte de nuestros conocimientos se basan en lo que captamos a través de los sentidos. No obstante, nuestros sentidos son muy limitados e imperfectos. Como lo que sabemos acerca de la realidad está en buena medida fundamentado en nuestra percepción sensorial y nuestros instrumentos no son perfectos, no podemos conocer todos los aspectos de la realidad. Por mucho que perfeccionemos nuestros aparatos o que refinemos nuestros sentidos, nunca podremos conocer la realidad completamente.

17.2 El problema del saber metafísico

El filósofo alemán Immanuel Kant trató de responder la cuestión de si sería posible conocerlo todo en su obra Crítica de la razón pura. Según Kant, existe en todos los seres humanos una tendencia natural a hacerse grandes preguntas acerca del mundo, del alma humana y de Dios. Kant creía que no es posible dar una respuesta satisfactoria a muchas de las preguntas de la metafísica, porque existen límites para lo que la razón humana puede conocer. Para Kant, este límite está marcado por la experiencia. Aquello de lo que no tenemos experiencia está más allá de lo que podemos conocer, y por eso, nunca podremos saber con total certeza la respuesta a nuestras grandes preguntas sobre el mundo, el alma y Dios. Esto significa que los seres humanos somos unas criaturas muy singulares, porque no podemos evitar plantearnos algunas grandes preguntas que están más allá de lo que podemos conocer.

18. Criterios de la verdad

18.1 Lo verdadero y lo falso

En ciertas sociedades es frecuente que se considere que la verdad se basa en el criterio de la autoridad (procedimiento que basa la veracidad de una afirmación en el prestigio de quien la propuso). También se aceptan como verdaderas aquellas creencias que se transmitieron de generación en generación. Esta interpretación tradicional de la verdad no admite críticas ni cuestionamientos racionales.

18.2 La verdad como correspondencia

El criterio de la verdad como correspondencia sostiene que una afirmación es verdadera cuando lo que se dice corresponde con la realidad. Los procedimientos empleados para distinguir si algo es verdadero o falso reciben el nombre de criterios de la verdad. Un ejemplo sería la verdad que ofrece Aristóteles en su Metafísica donde afirma: “Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso, mientras que decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es verdadero”.

18.3 El criterio de la evidencia

Este criterio afirma que algo es verdadero cuando resulta absolutamente imposible dudar de él. Descartes desconfiaba del criterio de la verdad como correspondencia. Descartes aspiraba a alcanzar una certeza absoluta. Eso lo llevó a aplicar un método radical, la duda metódica, que consistía en poner en cuestión todo aquello de lo que no estuviera completamente seguro. Para él la verdad debía ser evidente e indudable; es decir, algo es indiscutiblemente verdadero cuando lo captamos mediante la intuición intelectual. La intuición nos permite alcanzar ciertas verdades fundamentales de forma clara y distinta. Una de estas verdades absolutamente indudables es el hecho de que, como estoy pensando, necesariamente tengo que existir. Aunque todo lo que me rodea no sea real, lo que es indiscutible es que, si yo estoy pensando y dudando, entonces yo existo.

18.4 La verdad como coherencia

El criterio de la verdad como coherencia defiende que una afirmación es verdadera cuando no es contradictoria y cuando encaja con otras verdades. El filósofo Hegel creía que la realidad consistía en una totalidad compleja en continuo desarrollo. Para él, nuestras afirmaciones se refieren a aspectos concretos de esa totalidad dinámica. Por eso, lo que decimos será válido si resulta coherente con el todo, que es lo realmente verdadero.

18.5 La verdad pragmática

El criterio pragmático de la verdad atiende a las consecuencias prácticas que tiene aceptar una afirmación como cierta. Para este tipo de filósofos el criterio de la verdad es la utilidad; es decir, para afirmar que algo es verdadero, debemos fijarnos en sus consecuencias prácticas. Si los resultados derivados de aceptar una afirmación son útiles, provechosos y eficaces, entonces consideraremos que esa afirmación es verdadera.

18.6 La verdad como consenso

Según la teoría consensual de la verdad, lo que consideramos verdadero es el producto de un acuerdo obtenido tras un proceso de diálogo. Por ejemplo, los científicos consideran verdadero aquello sobre lo cual consiguieron ponerse de acuerdo mediante el diálogo y el consenso. Para que este proceso de diálogo sea válido, hace falta que se cumplan una serie de requisitos básicos. El diálogo debe estar abierto a la participación de todos los interesados, que deben tener la posibilidad de expresar su opinión con libertad y sin ningún tipo de coacciones. Además, todos los participantes deben esforzarse por justificar adecuadamente sus opiniones, y deben estar dispuestos a cambiar de posición cuando los argumentos ofrecidos por otras personas resulten convincentes.

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