La Fundación de Buero Vallejo: Simbolismo y Técnica Dramática

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La Fundación, obra teatral de Antonio Buero Vallejo, contiene bastantes elementos autobiográficos, dado que el autor militó durante un tiempo, al término de la Guerra Civil, en el Partido Comunista, estuvo encarcelado desde 1939 a 1946, e incluso fue condenado a muerte. Ayudó al poeta Miguel Hernández en un intento de fuga de la prisión y su padre, militar, había sido asesinado durante la Guerra Civil en Madrid, acusado por los republicanos de pertenecer a la “quinta columna”.

Técnica y Recursos Dramáticos

La Fundación es una obra bien trabajada técnicamente. Por una parte, hay que tener en cuenta la importancia que tienen las acotaciones en el texto, ya que las transformaciones que ocurren en el escenario tienen singular significación para comprender el desarrollo de la obra.

Además, tienen especial importancia algunos recursos con valor simbólico como la música: la obra comienza y acaba con Guillermo Tell de Rossini. Esta música, al comienzo, crea el ambiente adecuado para la presentación de una alucinación; mientras que al final deja el camino abierto a la esperanza.

Otro elemento con importante carga simbólica es la presencia de la pintura, que tiene como finalidad sugerir al espectador que algo raro está sucediendo, al producirse hechos inexplicables e incongruentes (como el que Tomás lea Terborch en lugar de Vermeer, o que no encuentre su cajetilla de tabaco), que van marcando el proceso de “recuperación” de Tomás.

Pero la técnica dramática más importante es el llamado efecto de inmersión, que implica una superación de la objetividad “narrativa”, ya que el espectador solo puede acceder a la historia siguiendo la voluntad del autor, que manipula la acción dramática hasta conseguir que nos sintamos identificados con el protagonista aun sin ser conscientes de ello, ya que “vemos” a través de sus ojos a pesar de que no lo sepamos hasta muy avanzada la obra.

Podríamos decir que el espectador es “engañado” por el autor, que lo hace participar, en cierta medida, de la enajenación del protagonista, ya que el público ve lo que ve Tomás, y solo descubre la realidad a medida que este la descubre. Solo al final del cuadro primero de la segunda parte el escenario se presenta como lo que de veras es: la celda de una cárcel, y a partir de este momento el espectador descubre que su percepción de lo que estaba ocurriendo en el escenario era tan falsa como la del protagonista: también el espectador ha creído que era “real” algo ficticio. Esto lleva al espectador a preguntarse si, como Tomás, o como él mismo hace unos instantes, no estará viviendo en un error, en una “Fundación”, tras la que se ocultan otras realidades.

Análisis de los Personajes

La nómina de personajes —como suele ser habitual en la dramaturgia de Buero Vallejo— resulta reducida; la trama se centra en los cinco condenados, entre los cuales distinguimos un verdadero protagonista: Tomás. Cada uno de los personajes principales de La Fundación contiene un gran valor simbólico:

Tomás

Es quien soporta todo el peso de la obra y gracias a él los lectores o los espectadores conocen el significado pleno del drama. Tomás nunca abandona la escena. Cree residir en una moderna fundación, becado junto a sus compañeros.

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