La Función de Control en la Empresa: Fases y Teorías de Motivación Laboral

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La función de control

Definición

La función de control permite regular o ajustar la actividad empresarial. Para ello, se observa y se comprueba, en primer término, cómo responde la empresa a los objetivos planificados; después, se detectan posibles desviaciones respecto de lo planificado y se analizan sus causas; finalmente, se corrigen las desviaciones y se suprimen los factores que obstaculizan el funcionamiento óptimo de la empresa.

Controlar supone rendir cuentas ante otras personas. Por ello, la palabra control suele ir acompañada de cierto rechazo por parte de los trabajadores, por sus connotaciones de carácter coercitivo. Sin embargo, cuando los controles se establecen preventivamente y el progreso de las actividades se comunica a quienes lo realizan, tal disconformidad se reduce o se elimina.

Fases del control

  • Establecimiento de estándares: metas evaluables en términos cuantitativos (unidades de producto, costes, ingresos, salarios, gastos financieros, etc.).
  • Medición de resultados reales: para obtener estos datos, existen distintos procedimientos (reuniones, informes, registros contables...), dependiendo del tipo de información que se trate.
  • Comparación de resultados con estándares: es decir, entre lo que es y lo que debería ser. Estas comparaciones tienen que realizarse con cierta periodicidad para detectar cualquier posible desviación.
  • Análisis de las diferencias: los motivos de las desviaciones pueden ser diversos: bien debidos a dificultades de organización, bien porque las decisiones no se han ejecutado como se había previsto, o bien por el propio plan (diseño de objetivos inalcanzables), lo cual obligaría a revisar la planificación.
  • Corrección de las desviaciones: no basta con identificarlas si después no se hace nada para corregirlas. No necesariamente todas las desviaciones han de ser negativas; si las diferencias son positivas respecto a lo previsto, se supone que todo va bien. Cuando son negativas y superan los límites admisibles, se deben tomar medidas.

Teorías de la motivación laboral

Teoría de los dos factores de Herzberg

Para Herzberg (1959), existen unos factores mínimos que deben estar garantizados para que no exista insatisfacción y que, una vez cubiertos, la motivación se centrará en niveles más elevados. Se identifican, por tanto, dos grupos de factores que influyen en la motivación:

  • Factores que pueden generar insatisfacción (factores de higiene): algunas características de un puesto de trabajo son necesarias para que se mantenga un cierto nivel de satisfacción. Estos son: el salario, la seguridad y condiciones del puesto de trabajo, la supervisión técnica o las relaciones interpersonales.
  • Factores motivadores: incluyen el logro, el reconocimiento, la responsabilidad o el propio crecimiento personal.

Teoría X e Y de McGregor

Para McGregor (1975), solo existen dos tipos de trabajadores, y los líderes se comportarán con sus empleados en función de la imagen que tengan de ellos:

  • Estilo autoritario (Tipo X): si un líder piensa que sus trabajadores son del tipo X, aunque se equivoque, utilizará un estilo autoritario basado en recompensas y amenazas, sin delegar responsabilidad ni fomentar la colaboración.
  • Estilo participativo (Tipo Y): con los trabajadores del tipo Y, se utilizará un estilo participativo, tratando de motivarlos y otorgándoles responsabilidades y colaboración.

Teoría Z de William Ouchi

Para Ouchi (1982), la organización debe cumplir una serie de requisitos para que sus empleados estén motivados:

  • Espíritu de consenso y de grupo: el individuo que se siente parte del grupo se compromete y mejora su esfuerzo, aunando sus objetivos con los de la empresa.
  • Lealtad y confianza: debe existir una relación armónica entre los empleados y la dirección. La empresa cuida a sus empleados en aspectos como el contrato de por vida, financiación de vacaciones, vivienda, etc.
  • Responsabilidad colectiva: tanto directivos como empleados son responsables tanto del éxito como del fracaso.
  • Aprender de las experiencias: es imprescindible reconocer errores para corregirlos y aciertos para potenciarlos.

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