Freud, Cultura y Malestar: La Represión como Fundamento Social
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El Malestar en la Cultura: Una Perspectiva Freudiana
El Malestar en la Cultura es el libro de Freud más importante sobre la problemática socio-cultural. Freud se centra, sobre todo, en la infelicidad que el ser humano encuentra en las instituciones que él mismo ha creado. La conducta humana es la aspiración a la felicidad, ya sea evadiendo el dolor o el displacer, y obteniendo el placer; la vida está regida por el principio del placer. Aunque Freud no lo enfatiza, la fuente principal de la felicidad a menudo se encuentra en las relaciones con los demás seres humanos. Freud nos señala que el sufrimiento es de origen social: nuestras propias instituciones culturales, destinadas a nuestra felicidad, se convierten en instrumentos de infelicidad.
El Precio del Progreso: Represión y Culpa
El tema central de su libro es el precio que los humanos han de pagar para progresar y culturizarse: se sacrifica la vida instintiva, lo que produce la represión de la espontaneidad y la aparición del sentimiento de culpa. La cultura limita las posibilidades de felicidad individual por medio de tabúes y prohibiciones públicas. Además, en forma de conciencia moral (el superyó), la sociedad construye e impone un yo social que sustituye la espontaneidad por la personalidad.
Restricción de la Libertad y Sublimación
Freud, sobre todo, habla de la restricción de la libertad, la transformación de las pulsiones, la represión y la sublimación de los instintos. La cultura es el intento de regular las relaciones sociales. La cultura se hace posible cuando una mayoría logra reunirse, volviéndose más poderosa que cada uno de los individuos. Entonces, la comunidad se presenta como Derecho frente al poder del individuo, que es tachado de fuerza bruta. La sustitución del poder individual por el de la comunidad es una muestra decisiva de cultura. De aquí surge el conflicto entre la libertad del individuo para conseguir la felicidad y las restricciones de la sociedad que se le oponen. Freud enumera las restricciones de la vida sexual. La energía sexual no gastada debe sublimarse para mantener la cultura. Es la agresividad la que puede desencadenarse y poner en peligro la cultura y la sociedad. Por eso, la civilización canaliza esta agresividad y odio para que no se vuelva contra sí misma.
La Agresividad y el Círculo Vicioso de la Represión
Lo que está claro es que la restricción es inevitable, y por eso el ser humano no encuentra la felicidad en la cultura. De aquí surge la cuestión de si la represión es el precio inevitable que el ser humano ha de pagar por la cultura. Y lo es, ya que la agresividad humana pone en continuo peligro la cultura; sin embargo, la represión de esta nos introduce en un círculo vicioso, pues implica infelicidad y, paradójicamente, más agresividad.
El Origen del Sentimiento de Culpabilidad
La Interiorización de la Agresividad: El Superyó
La cultura interioriza y devuelve la agresividad al lugar del que procede (el yo), que se incorpora a este en forma de superyó. El superyó dirige contra el yo la agresividad que el yo querría dirigir contra otros, manifestándose como sentimiento de culpabilidad. De esta manera, la cultura llega a controlar la agresión del individuo.
El Discernimiento de lo "Malo" y la Conciencia Moral
Freud investiga el origen del sentimiento de culpabilidad. Uno se considera culpable cuando ha cometido algo "malo" o ha tenido la intención de cometerlo. Pero, ¿qué es lo "malo" y cómo se llega a discernirlo? Este discernimiento no es una facultad original del espíritu, sino que lo obtenemos de alguna manera. Para dilucidarlo, Freud parte de la premisa de que lo "malo" es algo que el individuo desea y le produce placer. El motivo reside en su desamparo y su dependencia de los demás, el miedo a la marginación, además del supuesto castigo del prójimo del que depende. De esto se deduce que lo "malo", en realidad, es aquello por lo cual uno se siente amenazado por la pérdida de amor.
Pero la situación cambia cuando la autoridad se interioriza en el superyó. Es entonces cuando existe un verdadero sentimiento de culpabilidad, cuando se puede hablar de conciencia moral; aquí ya no actúa el miedo a ser descubierto y no hay diferencia entre hacer y querer. Se ha cambiado una autoridad exterior por una interior, continua y permanente.
Cultura, Culpa y Neurosis
La cultura está intrínsecamente ligada al sentimiento de culpa y al superyó. La imposibilidad de satisfacción genera agresividad, que se transfiere al superyó y se convierte en culpa. Los neuróticos son aquellas personas que no pueden soportar tales restricciones.
Conclusión: Progreso y Renuncia
En definitiva, la cultura se funda en la represión y en la sublimación de las pulsiones agresivas y sexuales. En la civilización, la represión exigida es tanta que la neurosis se convierte en un hecho normal y colectivo. Nuestra civilización está en continuo progreso, un progreso basado en la renuncia a la espontaneidad y al yo. El progreso se logra, paradójicamente, a través de la infelicidad.