Francisco de Quevedo y Lope de Vega: biografías, obras y características del Siglo de Oro

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Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo: nació en Madrid en 1580; sus padres trabajaban en el servicio de la familia real, lo que le permitió conocer los entresijos y a los hijos de la corte. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares y en la de Valladolid, y se licenció en Artes. Su vida estuvo ligada a la política: desempeñó varios cargos; fue encarcelado en varias ocasiones. En 1639 fue trasladado a la cárcel de San Marcos de León, donde sufrió graves penalidades. En 1645 murió en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real). Es el máximo representante del conceptismo; en su extensa producción poética se combinan el Quevedo grave —doctrinal, religioso, moralista y enamorado— y el Quevedo satírico y, a veces, descarado.

La obra

Quevedo es el poeta que mejor encarna el desengaño barroco. En su producción aparecen varias líneas temáticas:

  • Amorosos: siguen la línea petrarquista, con desazón amorosa y pasión devastadora.
  • Poemas satíricos y burlescos: tratan sobre el contraste entre apariencia y realidad en los comportamientos sociales.
  • Poemas metafísicos, morales y religiosos: vierte sus reflexiones sobre el sentido de la existencia, la muerte y el paso del tiempo. En ellos recrea los tópicos clásicos: la vida como muerte, la unidad del tiempo y la inconsistencia de la vida.

Lope de Vega

Lope de Vega: nació en Madrid en 1562. Estudió en las universidades de Alcalá de Henares y de Salamanca. Tuvo varios matrimonios, numerosas pérdidas familiares, participó en expediciones militares, sufrió procesamientos y un destierro; mantuvo enemistad con Góngora. Alcanzó inmensa popularidad como poeta y dramaturgo y no dejó de atravesar crisis de fe. En 1613 se ordenó sacerdote; volvió a enamorarse y sufrió nuevos pesares. Murió en 1635 en Madrid. Como poeta, Lope experimentó todos los géneros y temas de la época: la tradición cancioneril, la lírica popular y los poemas épicos; más adelante cultivó la poesía religiosa y la burlesca. Sus amores, desdichas, ilusiones y crisis están reflejados en sus versos: la raíz autobiográfica y el acento personal son patentes. A diferencia de Góngora o Quevedo, Lope destaca por su sencillez y naturalidad.

La obra

Lope cultivó tanto la poesía popular como la culta. Entre sus aportaciones destacan:

  • Poesía popular: romances moriscos y pastoriles en los que a veces se disfraza de pastora o de morisco para contar sus aventuras amorosas. También son deudoras de dicha tradición las canciones populares insertadas en sus obras teatrales.
  • Poesía culta: escribió obras líricas como Rimas, Rimas sacras y Rimas humanas y divinas de Tomé de Burguillos. La primera contiene cerca de 200 sonetos que constituyen uno de los últimos cancioneros petrarquistas del siglo. La segunda, escrita tras una crisis de fe, humaniza el sentimiento religioso y muestra al autor como un pecador arrepentido. En la última se manifiesta la faceta burlesca y paródica de Lope. También su poesía épica siguió la estela de la tradición culta.

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