Fonética y Morfología del Aragonés: Características Distintivas

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Fonética: Vocalismo

Es importante el paso del latín al castellano de la /ě/ (breve tónica) y la /ǒ/ (breve tónica). En castellano aparecen dos diptongos: /jé/ y /wé/. Vemos otros resultados en aragonés: buano (bueno), cualla (cuello), fuogo (fuego)

Tenemos un rasgo diferencial en aragonés: el sufijo diminutivo –ellum en castellano da –illo. En aragonés, cuando este sufijo queda lexicalizado va sin monoptongar: corbiella (corbillo, cestillo), bertiello (vertello, bola de madera).

En castellano no diptongó la /o/ frente a /j/, lo que sí ocurre en aragonés (también ante grupos secundarios como /k’l/: fuella (hoja), guello (ojo).

El grupo /kt/ en castellano acaba dando /ĉ/, pero la /k/ en aragonés forma un diptongo: peito (pecho), estreito (estrecho). A veces monoptonga: feito-feto-fito (hecho), dreta (derecha), let (leche).

Pérdida generalizada de la vocal final. A veces esto provoca que se pierda también la consonante que quedaría como final: chen (gente), nueit (noche).

Fonética: Consonantismo

Mantenimiento de la f inicial latina: ferrar (herrar), filo (hilo), foyo (hoyo), forno (horno), figuera (higuera), fuyir (huir).

Hay realizaciones de sibilantes que en castellano dan /x/ o se aspiran y se pierden, que en aragonés se refuerzan (en una prepalatal fricativa sorda /sh/ o africada palatal). Tenemos tišdor (tejedor), mateša-madeicha (madeja), šen-chen (gente), chelar (helar).

Grupos de /kl, fl, pl/ que en castellano dan /l̬/ inicial, en aragonés se mantienen: plever-plover (llover), plorar (llorar), plen (lleno), clamar (llamar), clau (llave), flama (llama).

En castellano, la /j/ da /x/, en aragonés da una palatal: treballo (trabajo), tella (teja).

No se produce sonorización de las sordas intervocálicas: lupu (lobo), capeza (cabeza), ayutar (ayudar), maturo (maduro), faneca (fanega).

Hay una posición fuerte en la que las consonantes resisten: si van después de nasal. La /d/, por ejemplo, entre vocales fricatiza, pero es oclusiva en posición fuerte. Sin embargo, en aragonés encontramos sonorización de consonante en posición fuerte: planda (planta), mendir (mentir), monde (monte), puende (puente), ordiga (ortiga), cambo (campo).

En aragonés hay repugnancia a las esdrújulas: se convierten sistemáticamente las palabras esdrújulas en llanas: pajaro (pájaro), medico (médico), endice (índice), arboles (árboles), lagrima (lágrima).

Morfología

El aragonés es muy etimológico en cuanto al género de palabras de la tercera declinación latina. Las palabras de la primera pasan a femenino y las de la segunda a masculino; sin embargo, las de la tercera tenían un tema en consonante y ese acusativo en –em que se pierde al pasar al castellano da lugar a que esas palabras sean confusas en cuanto al género para los hablantes. Como el aragonés lo mantiene como en latín, esto provoca que a veces sea distinto al castellano: la val (el valle), la fin (el fin).

Hay una tendencia a crear masculinos y femeninos analógicos donde el castellano no los tiene. Por ejemplo, tenemos proba (pobre), decreyenta, granda, jovéna, verda, tristo, grando.

La morfología del número es clara en castellano: vocal+ s, o consonante +es. En aragonés hay una tendencia a que todos los plurales se hagan añadiendo una s a la raíz: cols (coles), señals (señales), diens (dientes).

En cuanto al artículo, en aragonés tiene muchas variantes. Una de ellas lo conecta con los romances occidentales, el o/a, os/as: o puey (el poyo), as cucharas (las cucharas). Luego tenemos la variante lo, la, e incluso la variante ro, ra: lo cubilar (el cubil), las babas, ra fresa, ro padre. Un mismo hablante utiliza todas las formas.

Hay una simplificación analógica del pronombre personal. En castellano solo queda declinación en estos casos, lo que es una irregularidad en el sistema. Si dices con yo, a yo, con tú, para tú lo simplificas.

Hay una absoluta preponderancia del diminutivo –ico: pajarico, almendrico, niñico, mocico, jovenico-jovencico, montico-montecico. Además, pueden aparecer con o sin incremento, como vemos.

Son características las preposiciones encara (todavía), ta-enta (hacia), astí (ahí, que viene de hasta ahí).

Hay un gran polimorfismo en la morfología verbal. El mismo tiempo, sobre todo del pasado, se puede encontrar de forma distinta en cada valle. Hay dos formas que se dan con bastante sistematicidad: los pretéritos perfectos de la primera y segunda conjugación analógicos: teneba (tenía), dormiba (dormía).

Lo que presenta un grado de polimorfismo extremo son las formas de perfecto: tú cantástes-cantés, nosotros cantános, vosotros cantéz-cantéis, ellos cantón-catóron.