La Filosofía de San Agustín: Creación, Alma y Voluntad
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La naturaleza de Dios y la creación
La luz divina es excesiva para el entendimiento humano; el Dios presente en el alma no se puede comprender. Sin embargo, esto no significa que no podamos saber nada sobre Él. Si las criaturas son mudables, Dios debe ser inmutable. La mutabilidad de las cosas afirma que han sido creadas por Dios de la nada.
Aunque la creación es temporal, la inmutabilidad divina exige que esta no se haya desplegado a través del tiempo. Dios ha creado el mundo por su palabra, en un solo instante, y ha puesto en la materia los gérmenes de todos los seres futuros, los cuales aparecerán cuando Dios disponga. Por lo tanto, no se trata de una evolución.
Trascendencia y optimismo metafísico
Al cambiar el concepto neoplatónico de emanación por el de creación, San Agustín afirma la trascendencia de Dios: Dios no forma parte del mundo. Asimismo, se eliminan elementos típicamente platónicos, como la existencia de una materia eterna o un mundo distinto de la mente divina, consolidando un optimismo metafísico.
Antropología y psicología agustiniana
Agustín se muestra variable en su concepción del ser humano:
- Tradición bíblica: Considera al hombre como una unidad de cuerpo y alma.
- Perspectiva filosófica: Adopta un dualismo platónico, donde el hombre es un alma racional que se sirve de un cuerpo mortal.
El autor rechaza la preexistencia del alma y que su unión con el cuerpo sea accidental; el alma es, por naturaleza, inmortal y simple.
El origen del alma y la vida interior
Respecto a su origen, Agustín debate entre dos teorías:
- El traducianismo de Tertuliano.
- El creacionismo de San Jerónimo.
Aunque admite que el alma de Adán y la de Cristo fueron creadas por Dios, la existencia del pecado le dificulta aplicar el creacionismo a todas las almas, inclinándose generalmente por el traducianismo: el alma del hijo aparece tal como se enciende una antorcha a partir de otra.
Memoria, voluntad y amor
En esta psicología destaca el papel de la memoria, que permite al hombre acceder a su propia intimidad y construir su identidad personal, abriendo el camino a la introspección y la búsqueda interior.
Aun mayor es la importancia concedida a la voluntad y el amor. La primacía del amor sobre el conocimiento une elementos del cristianismo y del platonismo. Utilizando el concepto de lugar natural, Agustín explica que es el amor lo que mueve definitivamente al hombre, culminando así el movimiento del alma.