Filosofía Moral: La Ética y Política de Santo Tomás de Aquino frente al Hedonismo de Epicuro

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Ética y política en Santo Tomás de Aquino

Ética tomista

Para Santo Tomás de Aquino, todo ser tiende hacia un fin, y el fin es el bien de una acción, que es la felicidad. La vida del hombre no se agota en la tierra, dado que el alma humana es inmortal. El fin último de las acciones del hombre se dirige hacia la contemplación de la primera causa y principio del ser: Dios. Por tanto, la felicidad que el hombre puede alcanzar sobre la tierra es una felicidad incompleta.

Tomás distingue dos clases de virtudes:

  • Virtudes morales
  • Virtudes intelectuales

La virtud consiste en un término medio, de conformidad con la razón. A su vez, la razón descubre su primer principio práctico: se ha de hacer el bien y evitar el mal.

De la ley natural emanan las leyes humanas positivas, las cuales son aceptadas si no contradicen la ley natural y rechazadas si entran en contradicción con ella. El hombre sabe que posee estas leyes porque proceden de la luz de la razón: Dios nos crea con esas tendencias intrínsecas y nos damos cuenta de ellas gracias a la razón. El Estado vela por el cumplimiento de la ley positiva, y dicha ley debe velar por el cumplimiento del orden natural y la justicia.

La política tomista

Para Tomás de Aquino, la sociedad es el estado natural de la vida humana: el hombre es un ser social nacido para vivir en comunidad. No obstante, al asignar al hombre un fin trascendente, se debe reconocer también un papel fundamental a la Iglesia. El Estado tiene la obligación de procurar el bien común y legislar en estricta concordancia con la ley natural.

En la concepción tomista de la ley encontramos una jerarquía:

  • Ley divina: Ordenación que procede de Dios, creador del cosmos, de los seres y de las leyes que los rigen. Se manifiesta tanto en las leyes de la naturaleza (cosmos) como en la propia ley natural del ser humano. Existe una distinción esencial entre los hombres y el resto de los animales, pues todas las cosas tienden al fin que les es propio según su naturaleza.
  • Ley natural: La participación de la ley divina en la criatura racional. Los seres humanos deben cumplirla porque proviene directamente de Dios. Santo Tomás defiende que la ley natural nunca puede contradecir a la ley que promulga el ser humano cuando esta es justa.
  • Ley positiva: La ley creada por el ser humano.

La verdadera y plena felicidad consiste en la contemplación de Dios, meta que se alcanza en la vida después de la muerte.

Las tres leyes o inclinaciones naturales

Según Santo Tomás, la razón humana descubre tres inclinaciones fundamentales inscritas en la naturaleza:

  1. Conservación del propio ser: El hombre tiende de forma natural a proteger y preservar su propia vida.
  2. Conservación de la especie: Existe una tendencia biológica y social a procrear y educar a los descendientes.
  3. Búsqueda de la verdad: Hay una inclinación racional a conocer la verdad sobre Dios y a vivir en sociedad.

El hedonismo de Epicuro

Lo que se debe evitar (Los cuatro miedos o tetrafármaco)

  • El miedo a los dioses: Es absurdo, puesto que las divinidades no intervienen en los asuntos humanos ni actúan motivadas por la ira o la cólera. Los dioses deberían concebirse como un modelo supremo de virtud, excelencia y paz que se debe imitar, viviendo en mutua armonía.
  • El miedo a la muerte: Es irracional e infundado. Suele producirse por dos motivos erróneos: el temor a supuestos tormentos tras el fallecimiento o la angustia de dejar de existir para siempre. La muerte no constituye un mal real; simplemente es la privación de la sensibilidad. Al no ser un mal en el instante en que acontece («cuando nosotros estamos, ella no está; y cuando ella está, nosotros no estamos»), ningún daño real puede infligir mientras nos encontremos con vida y solo la presentimos.
  • El miedo al dolor: Es infundado, pues la experiencia del dolor resulta soportable: si el dolor es muy intenso, su duración será breve; si el dolor es prolongado, su intensidad suele ser leve y tolerable.
  • El miedo al fracaso: Quien supedita su felicidad a factores externos yerra en su discernimiento y queda a merced de circunstancias fuera de su control. Gozando de la debida autonomía propia del sabio (autarquía), es posible preservar un estado de ánimo equilibrado, sereno y gozoso con recursos sumamente modestos.

Lo que se debe perseguir

La filosofía epicúrea exige aprender a clasificar rigurosamente los deseos y placeres:

  • Deseos naturales y necesarios: Aquellos indispensables para la subsistencia y el bienestar corporal básico.
  • Deseos naturales y no necesarios: Variaciones de los anteriores que deben disfrutarse con moderación sin crear dependencia.
  • Deseos ni naturales ni necesarios: Ambiciones vanas como la gloria, el poder o la riqueza excesiva, que deben erradicarse por generar desasosiego.

Asimismo, conviene discernir con claridad entre aquellos placeres auténticamente beneficiosos y aquellos placeres efímeros que generan dependencia e insatisfacción posterior. Epicuro exalta con fervor la amistad entre los seres humanos como una de las virtudes cardinales y uno de los mayores placeres de la existencia.

En resumen, la máxima del estilo de vida epicúreo se articula en torno a tres pilares: gozar, saber y compartir; esto es, gozar el placer vital de existir, saber discernir aquello que es verdaderamente valioso y compartir los frutos de la vida en armoniosa amistad.