Los felices años 20

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1.- Los felices años 20

La denominación de felices años veinte o años locos corresponde al periodo de prosperidad económica que tuvo Estados Unidos desde 1922 hasta 1929, como parte del periodo expansivo de un ciclo económico. Esta prosperidad benefició a toda la sociedad e hizo que la economía siguiera creciendo a un ritmo que no se había registrado antes, generando una burbuja especulativa. Pero esta prosperidad duraría un corto periodo que finalizaría el 24 de Octubre de 1929, conocido como el Jueves Negro, y con la llegada del Crac del 29 que culminaría finalmente con el advenimiento de la Gran Depresión.

Europa logro salir de la crisis. Las monedas y los precios se estabilizaron. La producción aumentó. En 1929 Francia era el primer productor mundial de mineral de hierro y el segundo productor de automóviles, detrás de Estados Unidos.

El desarrollo de Alemania se veía obstaculizado por los 132.000 millones de marcos oro que debía a los vencedores como reparaciones de guerra. No obstante, este país consiguió un escalonamiento de los pagos (hasta 1988) gracias a los americanos, que deseaban colocar en él sus capitales.

En los años 20, los norteamericanos invirtieron en empresas alemanas más de mil millones de dólares. En casi toda Europa renació la vida, los negocios, aumentó la prosperidad y se hicieron fortunas: fueron "los años locos", en los que Europa vivió con despreocupación.

Una observación detenida hubiera descubierto algunos motivos de inquietud. Las tensiones políticas subsistían: en 1923, Francia ocupó el Ruhr para exigir que Alemania pagase las reparaciones de guerra.

En este país y en Italia, nazismo y fascismo causaban cada día mayor preocupación por su nacionalismo beligerante. En 1923, Miguel Primo de Rivera instauró en España una dictadura militar, y en 1926 los militares dieron un golpe de Estado en Portugal. En el Próximo Oriente y en el resto de Asia, los pueblos colonizados trataban de liberarse de la tutela europea.

Gran Bretaña tuvo dificultades para salir del marasmo económico; sus instalaciones productivas eran viejas, y el paro crecía sin cesar. Y, aunque la industria se desarrollaba, no ocurría lo mismo con la agricultura: en Estados Unidos, los precios agrícolas permanecieron bajos, los agricultores se endeudaron y, en diez años, más de dos millones de ellos tuvieron que abandonar sus tierras.

1.1.- Alzas vertiginosas

Las monedas no se habían estabilizado por completo, y los problemas se complicaron: las divisas ya no se hallaban garantizadas sólo por las reservas de oro, sino también por algunas monedas fuertes, como la libra esterlina y, después, el dólar. Por último, el mercado bursátil, en el que se negociaban las acciones de las industrias, vivía bajo el signo de un optimismo desaforado. En la bolsa de Nueva York, el precio medio de los valores subió un 25 % en 1928 y un 35 % en los primeros meses de 1929.

Algunas acciones habían experimentado alzas vertiginosas (en 1929, las de General Motors valían cincuenta veces más de su valor inicial). El mercado al alza, engendró una especulación que aumentó desmesuradamente el volumen de las transacciones bursátiles: en marzo de 1928 se negociaban al día medio millón de acciones y, en junio de 1929, se alcanzaban los cinco millones. Los financieros se lanzaron a operaciones complejas y aventuradas, valiéndose del crédito depositado en ellos.
Estallaron numerosos escándalos financieros, que testimoniaban la corrupción de los negociantes y el compromiso de ciertos medios políticos.

2.- LA CRISIS EN EEUU

La depresión comienza en los EE.UU. alcanzando una gran profundidad. La producción industrial desciende en un 50%, la de bienes de consumo en un 75% y la inversión en un 55%.

Se producen quiebras en cadena de los bancos. Los precios agrícolas se hunden. Se congelan las amortizaciones de préstamos y de hipotecas sobre fincas, que aumentan la cadena de quiebras bancarias y despoja de sus propiedades a muchos campesinos que se ven avocados aun éxodo masivo por el país en busca de trabajos temporales para sobrevivir. En lo que se refiere a las cifras de paro, en octubre de 1929 se llega a 4,5 millones, en 1932 a 10 millones y en 1933 a más de 13 millones, el 27% de la población activa.

2.1.- Los problemas agrícolas

La agricultura americana tenía problemas estructurales especialmente en los 2 sectores: en las pequeñas explotaciones productoras de trigo y en el cultivo del algodón. Los productores de trigo tuvieron que hacer frente a la caída del consumo interior y a la competencia internacional al mismo tiempo. La caída del consumo interior se debió al mayor bienestar de la población, que le permitía sustituir el pan por otros alimentos. El incremento de la población 16% no pudo compensar la caída de casi una 1/3 parte del consumo per cápita, de modo que la demanda interior se redujo  un 25%. En el exterior la recuperación de Europa y los precios más competitivos de las otras potencias exportadoras de trigo comportaron una disminución importante de las exportaciones. El resultado fue que en pocos años, el precio de compra del trigo al productor se redujo a la mitad.

La situación era peor en el sur, en las zonas de monocultivo del algodón sobre todo para los agricultores negros, que trabajaban explotaciones pequeñas y técnicamente atrasadas, arrendadas a corto plazo, y que resultaban poco competitivas en comparación con las grandes explotaciones que habían introducido variedades más productivas.

Los principales problemas de la agricultura americana de los 20 estaban provocados por el desfase de la oferta y la demanda. La guerra había representado una oportunidad importante para la agricultura estadounidense: la demanda europea había hecho subir rápidamente los precios, hecho que animó a los agricultores a ampliar y modernizar sus explotaciones con inversiones a menudo financiadas a crédito. Sin embargo, las respuestas de la producción agrícola al inversión fue lenta y los resultados de las nuevas inversiones llegaron en muchos casos en el mal momento.

Al final de la guerra la producción continuaba creciendo descendía rápidamente. No obstante, los precios continuaban siendo superiores a los de 1913 y aunque los términos de intercambio habían descendido, la mejora de la productividad permitía un ligero aumento de la renta agraria. El problema estaba en las explotaciones endeudadas y a menudo hipotecadas, que con la caída de precios no lograba cubrir con sus ingresos los gastos de explotación y los financieros. La caída de los precios agrarios fue el aumento más utilizado por los agricultores en su petición de ayuda y condicionó la política arancelaria de EEUU.

2.2.- Producción industrial, salarios y beneficios

El cambio tecnológico desempeño un papel crucial en el crecimiento de la producción y en la productividad industrial en EEUU tras la guerra. Entre 1920-1929 La producción creció un 50% mientras que el empleo disminuyo un 6%.

El aumento de la productividad tenía un aumento leve en los salarios. En 1929 la masa salarial solo era un 7% superior a la de 1920. A pesar de ello el sentimiento generalizado era de mejora salarial a causa del incremento del salario real, de la disminución, del número de horas trabajadas y del aumento del trabajo femenino, que hacía que muchas familias ingresaron 2 salarios.

El aumento de la productividad tampoco se reflejaba en los precios de venta, que bajaron poco, de modo que se produjo una gran acumulación de beneficios que incrementó aún más el reparto tradicionalmente desigual de la renta en EEUU.

En estas condiciones la producción pronto empezó a crecer más deprisa, se produjo un exceso relativo de la capitalización en muchos sectores industriales, agravados por la atonía de las exportaciones a Europa, donde la pérdida de valor de las monedas, las barreras arancelarias y la recuperación económica hacían que los productos estadounidenses resultaran innecesarios o demasiados caros.

Los sectores más afectados fueron los sectores relacionados con los bienes de consumo duradero, cuya demanda es sumamente elástica.

2.3.- La fiebre bursátil

La revolución de los consumidores vino acompañada por un aumento de las inversiones bursátiles. A partir de 1925, los beneficios empresariales tendieron a invertirse no en sectores productivos, sino en los circuitos de crédito y en las bolsas.

Inicialmente este auge bursátil fue resultado de la buena situación de las empresas y sus favorables perspectivas de futuro, pero el alza de las cotizaciones dio paso a una burbuja especulativa: el aumento del valor de las acciones se producía sobre todo por el convencimiento entre los inversores de que cuanto antes compraran mayor sería la ganancia que obtendrían, resultado no del dividendo a recibir, sino de la diferencia ente el precio de compra y el de venta (plusvalía bursátil). Este fenómeno forma parte de un mecanismo de psicología colectiva: ante la confianza de que las cotizaciones seguirían subiendo, ningún inversor quería ser el último en comprar, lo cual generó una gran demanda de valores bursátiles que hacían aumentar todavía más su cotización en el mercado. El interés por la bolsa llegó a los pequeños inversores, muchos de los cuales pidieron préstamos para comprar acciones. En un primer momento pensaron que podían devolverlos vendiendo parte de las acciones, que a su vez eran adquiridas por otros pequeños inversores también a crédito. Mientras el precio de las acciones mantuvo su tendencia al alza, la euforia continuó y los préstamos pudieron devolverse sin problemas, aunque las cotizaciones dejaron de tener relación con los beneficios y con la posible evolución en el futuro de las empresas. El problema se inició en 1929 cuando el valor de las acciones empezó a descender.

2.4.- ¿Por qué quebró la Bolsa de Nueva York?

La primera manifestación de la crisis se inició cuando, ante en convencimiento de que las cotizaciones no podían seguir subiendo, algunos inversores empezaron a poner sus acciones a la venta con la esperanza de obtener aún buenos beneficios. Frente a la masiva oferta de títulos, las cotizaciones comenzaron a bajar, provocando un efecto en cadena que hizo incrementar todavía más el número de acciones a la venta. La desmesurada oferta comportó el desplome del valor de las acciones, lo cual provocó el llamado "jueves negro" (24 de octubre de 1929). Ese día, el pánico se apoderó de los inversores y 13 millones de títulos fueron puestos a la venta sin que encontrasen compradores. Fue el crac de la Bolsa de Nueva York. A partir de entonces, el deseo de comprar lo antes posible para ganar más dio paso al de vender cuanto antes para perder los menos posible.

La caída en picado del valor de las acciones arruinó a muchos inversores. La exigencias de los bancos de cancelar los préstamos para lo compra de acciones para la compra de acciones comportó otra oleada de ventas, que dio lugar a un "martes negro" (29 de octubre de 1929). El camino hacia la depresión había comenzado.

2.5 El Jueves Negro

El Jueves Negro tuvo lugar el 24 de Octubre de 1929, día en el que dio comienzo la caída en la Bolsa de Nueva York y con ella el Crac del 29 y la Gran Depresión.

A principios de octubre de 1929, en Wall Street, ciertos indicios comenzaron a inquietar a los corredores de la gran bolsa de valores neoyorquina. Los precios al por mayor del hierro, del acero y del cobre, así como los beneficios de la industria del automóvil, bajaban.

Presagiando la tormenta, algunos especuladores astutos trataron de vender sus títulos mientras las cotizaciones aún iban en alza. El movimiento ya estaba en marcha, y las ventas se multiplicaron, entonces los grandes bancos de la época tomaron la  decisión comprar para detener la baja, pero no pudieron hacer frente a los 16 millones de acciones volcadas sobre el mercado el martes 29 de octubre. Las autoridades no comprendieron la situación y en noviembre, el presidente Hoover aún decía: " Compren ahora, la prosperidad está a la vuelta de la esquina"

El desconcierto fue general: casi trece millones de títulos fueron puestos a la venta a cualquier precio, la caída de las cotizaciones se aceleró; el 13 de noviembre, las acciones industriales habían bajado de 469 puntos a 220.

3.- ¿Por qué se produce el Crac de 1929?

Con excepción de la Unión Soviética, todos los países se vieron afectados por la crisis bursátil y financiera. Esta crisis sólo era la expresión de una situación económica muy grave pues desde 1928 las compras habían disminuido y los mercados se hallaban saturados.
Este imprevisible descenso de las actividades industriales fue la causa de la caída de la bolsa. Y el crack bursátil aumentó las dificultades económicas a partir de entonces.
Para 1928, la minería del carbón, la industria textil y los astilleros no habían recuperado su nivel de actividad de 1920, y persistía el paro (dos millones de desocupados). Las tierras hipotecadas por miles de agricultores cayeron en manos de grandes sociedades.

Ello no impedía que la euforia fuera extraordinaria. En todo boom hay un elemento especulativo, comenzando por el siglo XVII. En el crack posterior, muchas personas se arruinaron.

El capital ficticio, como llamaba Marx a la riqueza de papel generada por la especulación, ha jugado un papel similar en cada boom en la historia del capitalismo.

La última semana de octubre de 1.929 se produjo la hecatombe. Hubo sobre todo dos jornadas de auténtico pánico financiero: el día 24, cuando casi 13 millones de títulos fueron vendidos, y especialmente el 29, en que se negociaron 16,5 millones de títulos. Muchas familias estadounidenses vieron cómo de un soplo se desvanecían todas las ganancias que habían acumulado en los 18 meses anteriores.

Se cumplía así el principio de que lo que sube baja. Pero como otro principio dice que lo peor puede empeorar, aún quedaba más, y la caída de la Bolsa neoyorquina persistió hasta el 8 de junio de 1.932, en que tocó fondo. Ese día, el índice de Wall Street marcaba una octava parte de la que había sido su máxima cotización.

El martes 29 de octubre fue el día más devastador en la historia de la Bolsa de Nueva York y, posiblemente, el más devastador en la historia de todos los mercados. Todo lo peor de todos los días anteriores se dio apretada en él", escribe John Kenneth Galbraith en su libro El crac del 29.

El mecanismo que desencadenó la caída, con un efecto de bola de nieve, fue que, durante los días de euforia especulativa, los inversores habían comprado acciones mediante préstamos que estaban garantizados por esas acciones que adquirían. Cuando el valor de éstas comenzó a bajar, los prestamistas vendieron los títulos depositados en garantía para recuperar al menos una parte de las cantidades prestadas, lo que no iba a hacer más que acelerar la caída.

La mañana del jueves 24 de octubre de 1.929, una multitud se arremolinaba en Wall Street, donde el mercado era un tumulto de vendedores: los precios no hacían más que bajar y, a las once de la mañana, el pánico invadió la Bolsa. La policía avisada de que algo raro estaba ocurriendo, acudió para mantener el orden. Pero el aspecto de aquellas personas no era el de unos agitadores, sino que sus rostros denotaban una especie de horrorizada incredulidad ante el desplome bursátil.

Para evitar incidentes entre los inversores y los curiosos que se habían acercado a Wall Street, a las 12:30 se ordenó desalojar las dependencias de la Bolsa reservadas al público. Uno de los que debieron salir a la calle era Winston Churchill, ex-ministro de hacienda británico, que estaba en América de visita y dando conferencias. Churchill se admiró del orden y la calma que, dada la gravísima situación, mantenían los especuladores.

Ante el desplome, al mediodía, los cinco banqueros más importantes del país decidieron sostener el mercado y dieron órdenes de compra. Dijeron que las bases de la Bolsa eran firmes y que la depreciación se debía a correcciones técnicas. Su actitud tranquilizó los ánimos y contuvo los precios. Pero la calma duró poco, pues el lunes siguiente, día 28, la situación empeoró. Y el 29, martes negro, las pérdidas equivalían a las ganancias de más de año y medio. Ese día, los banqueros se reunieron dos veces, pero su intención ya no era sostener el mercado, pues estaban vendiendo. Habían aceptado que algo iba mal en la economía y que los problemas no eran técnicos.

3.1.- CONSECUENCIAS DEL CRAC DE 1929 (GRAN DEPRESIÓN)

Los bancos restringieron el crédito, y se exigió a los industriales y los agricultores que pagaran sus deudas.

Se multiplicaron las quiebras: en Estados Unidos, hubo más de 28.000 quiebras comerciales e industriales en 1931 y 5.000 bancarias en tres años.

El crack de 1929 inició la pavorosa crisis conocida como "gran depresión". Como nadie podía comprar, se produjo una baja general de los precios, y los productos se acumularon en las fábricas; consecuentemente, como los patronos no vendían, los salarios bajaron, la producción se redujo y el paro aumentó, con lo que aún se podía comprar menos.

La producción industrial del mundo se redujo en un 38 % entre 1929 y 1932, y el volumen del comercio internacional descendió en un tercio. Era un círculo vicioso. Se destruía los productos por falta de compradores: automóviles nuevos eran desguazados; en Brasil, se utilizaba café para hacer funcionar las locomotoras; en Dinamarca y Argentina se sacrificaban las reses.

El desarrollo de la crisis industrial estaba ligado con la crisis agrícola crónica que padecía el mundo desde 1918. En la agricultura, la crisis afectó tanto a las pequeñas y medianas explotaciones como a las grandes. Millones de campesinos, expulsados de sus tierras por los acreedores, y numerosos peones agrícolas que no encontraban trabajo pasaron a engrosar las ya prietas filas de los desempleados de las ciudades. En las tierras que les habían sido confiscadas nació una gran agricultura mecanizada.


La crisis provocó las mayores arbitrariedades: mientras millones de seres humanos morían de hambre en el mundo, los productores  destruían los artículos cuyo precio de venta se hundía. La leche o el café eran tirados a las alcantarillas o al mar. La distribución gratuita de estos productos hubiera hecho bajar todavía más los precios, por consiguiente, se prefería destruirlos sistemáticamente.

La producción de cereales, la ganadería y la economía lechera se vieron afectadas. Al bajar el nivel de vida de los asalariados, descendieron bruscamente las ventas de los agricultores. Los precios al por mayor se hundieron: en Nueva York, el bushel (unos 35 litros) de trigo bajó de 148 a 44,5 céntimos de dólar.

El desempleo alcanzó proporciones nunca vistas: diez millones de parados censados oficialmente en el mundo en 1929.

En Estados Unidos, el 25% de la población laboral estaba en paro. Al llegar la crisis, los vendedores reclamaron lo que se les debía, y los deudores, a menudo parados, no pudieran pagar, por lo que se sucedían los embargos. Los parados se vieron obligados con frecuencia a mendigar su comida en organizaciones de caridad.

Gráfico Tasa de Paro de las Principales Potencias.

En la vida política internacional se recrudecen los nacionalismos. La vuelta al proteccionismo, al nacionalismo, como el fascismo italiano o el nazismo alemán. Comprobada la imposibilidad de instaurar una era de entendimiento cada potencia se desentenderá del resto. Aquí comienza, en gran medida, el camino hacia la guerra.

En orden de política interior se produce un descrédito de la democracia parlamentaria. Al demostrarse la necesidad de la intervención estatal se refuerzan los gobiernos autoritarios y los poderes ejecutivos toman las riendas por encima de los otros dos poderes del Estado.

La crisis repercute también en la demografía, que se detiene, hasta se produce una regresión. En países totalitarios, temerosos de la repercusión que un descenso de la natalidad puede tener en su potencial militar, estimulan los nacimientos.

Los movimientos de población también son afectados. Se detiene la concentración urbana. Se paraliza la emigración internacional.

Sin embargo, hay algunos sectores que se benefician, el descenso de precios aumenta la capacidad adquisitiva de aquellos que mantienen sus ingresos.

En casi todos los países se fortalecen los sindicatos y los partidos políticos obreros.
También en el orden intelectual se produce una crisis de valores.

4.- Los caminos de la recuperación económica

4.1.-  La propuesta Keynesiana

Frente a quienes insistían en ajustar a la baja los salarios como única solución para que la producción aumentara, Keynes detectó que esta medida era errónea, y defendió que la crisis no era pasajera y que la recuperación  no surgiría espontáneamente si los gobiernos no actuaban en su favor.

En su diagnostico de la crisis de 1929, argumentó que el principal problema de la economía era la falta de demanda ante la caída de la inversión. Sin demanda, los empresarios no tenían incentivos para aumentar por igual  la producción y el empleo. Por tanto, ante el derrumbe de la inversión privada, proponía que el Estado incrementase el gasto público, fundamentalmente en actividades como obras publicas.

El gasto del Estado generaría déficit público, pero eso no constituiría un problema, ya que si el Estado gastaba, aumentaba la demanda no sólo por elimporte de los gastos efectuados, sino también, porque ese gasto inicial, transformado en salarios y bienes, creaba nueva demanda sobre otros sectores (multiplicador keynesiano). Así, al ampliarse la producción total, el estado podría incrementar los ingresos por impuestos, y reducir,  o incluso anular a medio plazo, el déficit público inicial.

Ante la necesidad de potenciar el consumo, defendió la mejora de las condiciones salariales para aumentar la capacidad  adquisitiva de la clase obrera. Refutando teorías económicas que estaban en vigor desde hacía más de un siglo, argumentó que la prosperidad dependía sobre todo de la inversión y el consumo, y no del ahorro, que podía resultar nefasto. Por ello, afirmo que el papel de los capitalistas era invertir, y el de los trabajadores, consumir.

4.2. – El New Deal de Roosevelt

El intento de recuperación asociado a las teorías de Keynes es el denominado New Deal, un plan económico para superar la crisis y paliar sus efectos sociales puesto en práctica por el presidente estadounidense Roosevelt tras su victoria electoral en el año 1932. Sin embargo, el programa del nuevo dirigente era muy contradictoria, ya que proponía aumentar la intervención del Estado y. al mismo tiempo, reducir el déficit público recortando gastos.

Las medidas más importantes del New Deal no implicaron un gran incremento del gasto público, sino que trataron de lucha contra el descenso de los precios, creando organismos para regular la producción y los precios.

Con el objetivo de impedir una crisis especulativa y bancaria, Roosevelt estableció un rígido control estatal sobre los bancos para asegurar su solidez financiera, al mismo tiempo que creó un seguro federal para garantizar las cuentas de los pequeños inversores en caso de quiebra bancaria. También se formó una comisión de valores y cambio, encargada de supervisar las emisiones de acciones y velar por el buen funcionamiento del mercado bursátil. Finalmente, y para favoreces las exportaciones, se impulsó una política monetaria, que devaluó el dólar en más de un 40% en el año 1934.

En la mejora de las condiciones de los trabajadores la nueva ley de relaciones laborales desempeñó un  papel fundamental, ya que reconocía la libertad de sindicación en las empresas y el derecho a la negociación colectiva de los salarios. De forma paralela, el gobierno estableció un salario mínimo y un máximo de horas de trabajo semanales. Además se aprobó la ley de creación de la seguridad Social, por la cual el gobierno federal de implicaba en la previsión de las prestaciones básicas de desempleo y de asistencia a las perdonas mayores sin recursos. Ambas iniciativas pretendían asegurar unos ingresos mínimos a los trabajadores para potenciar un aumento del consumo entre los sectores de la población más afectados por la recesión.

Una buena parte de los empresarios no fue favorable a las propuestas de Roosevelt y criticó el intervencionismo del Estado. La desconfianza empresarial provocó el retraimiento de los empresarios y comportó que las inversiones privadas fueses más escasas de lo esperado.

Hoy todavía se discute cuáles fueron exactamente los efectos positivos del New Deal sobre la recuperación económica. Sin embargo, podemos afirmar que la política de Roosevelt contribuyó a la estabilización de la economía aunque sin llegar a una nueva etapa de crecimiento.

5.- Europa

5.1. Los países escandinavos

La recuperación de la economía de Suecia y Dinamarca fue más rápida que en la mayoría de los países, al poner en práctica medidas de fomento de la demanda mucho más intensas.

El elemento clave fue otorgar al presupuesto del Estado un papel activo en la lucha contra la recesión económica, convirtiéndolo en un instrumento anti crisis. Así, cuando los empresarios invertían menos, provocando un aumento del paro, el Estado aumentaba su inversión para compensar el efecto negativo de la menor inversión  privada.

En la puesta en práctica de estos programas fue decisiva la fuerza de los partidos social demócratas que venían propugnando medidas para mejorar la situación de los trabajadores. De este modo, se inició en estos países la construcción del Estado del bienestar que, después, se difundiría y consolidaría en el conjunto de la Europa desarrollada.

5.2.- La política armamentística de Alemania

Alemania fue un ejemplo de recuperación económica de un Estado totalitario que propicio un fuerte intervencionismo e impulsó una política de rearme para estimular el crecimiento de la industria pesada. También desempeñó un papel importante la expansión de las obras públicas y el desarrollo de una política de restricción de las importaciones que fomentase la demanda interior. Hitler pretendía conseguir la autarquía económica.

Estas medidas permitieron un crecimiento considerable de la producción industrial y un notable descenso del paro, pero comportaron una brutal represión sobre los dirigentes sindicales y partidos de izquierda.

5.3. - El Reino Unido y Francia

A partir de 1932 los gobiernos de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido se esforzaron en poner fin a la guerra comercial y estabilizar el sistema monetario, con el objetico de activar el comercio internacional.

A pesar de la profundidad de la crisis, el Reino Unido no adoptó políticas similares al New Deal americano y propuso algunas de las medidas tradicionales anti crisis: devaluó la libra para favorecer las exportaciones y recurrió al proteccionismo. Estableció acuerdos comerciales preferenciales con sus colonias, que incrementaron sus exportaciones.

En Francia las primeras medidas comparables a las americanas no llegaron hasta el año 1936, cuando el triunfo del Frente Popular impulso una serie de planes sociales: reducción de la jornada laboral, aumento de los salarios, establecimiento de convenios colectivos y vacaciones remuneradas. Al mismo tiempo, inició una política de obras públicas importante.

6.- Diferencias y similitudes de la Gran Depresión y la crisis financiera actual.

Muchas son las similitudes y diferencias que existen entre ambas crisis. La Gran Depresión duró más de 15 años, con unos índices de pobreza altísimos (desempleo, deflación...), mientras que la duración de la crisis actual aún está por descubrir y los índices de pobreza no son tan elevados: 9% parados en la actualidad... Posiblemente, la Gran Depresión fuese una crisis mucho más global, acentuada por el capitalismo radical que se practicaba en la época, sin cobertura social ni médica y con los sindicatos muy debilitados. En la actualidad, no es que el sistema estadounidense haya mejorado radicalmente en temas de cobertura social y médica, pero existen muchas más medidas sociales que antes y el sistema capitalista ha evolucionado para defender mejor los derechos de los trabajadores.

En ambas situaciones, las causas de la crisis han sido similares: la libertad absoluta a la que ha estado sometida el mercado y la mala praxis de algunos especuladores. Tanto en 1929 como en 2008, se había creado una burbuja especulativa que irremediablemente acabaría explotando. Aunque la causa principal de la Gran Depresión no fue solamente el crac bursátil, este fue un elemento más que unido a la mala gestión de la política monetaria con sus políticas radicalmente liberal llevaron  a EEUU a una recesión económica sin precedentes en la historia. Aunque la globalización en los años 20 no llegaba a los niveles de hoy en día la crisis del 29 también influyó de manera global en el mundo, siendo una de las primeras grandes recesiones económicas a nivel mundial. La crisis actual está mucho más vinculada al mundo bursátil, pues a través de la especulación inmobiliaria y de una serie de trucos financieros mágicos, las empresas de todo el mundo se vieron afectadas con una serie de activos tóxicos que, irremediablemente, desearían caer en picado. En el mundo globalizado que vivimos, la recesión económica no solamente se centró en EEUU, sino que se esparció por todo el mundo. En septiembre de 2008, cuando los acontecimientos nombrados ocurrieron en EEUU, en la de 2008 ocurrió en varios lugares: El Banco de Inglaterra rescató bancos al borde de la quiebra, etc.

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